Según Cascone, el objetivo es donar estos campos al Estado: “Compramos estos dos campos que son estratégicos para ser donados a la Administración de Parques Nacionales, para que tenga, entre otras mejoras, su galpón de incendio, sus seccionales y senderos para visitación”, agregó Maximiliano Novarino, coordinador del Arco Norte de la organización.
El perfil del productor y el desafío del destete
La zona de los bañados y La Rinconada cuenta con aproximadamente 82 productores. El perfil es el de una ganadería de subsistencia, aunque con una característica particular: poseen rodeos considerables en superficies extensas.
Javier Bernasconi, técnico territorial de Aves Argentinas, describe esta realidad: “Son pequeños productores con muchos animales. Hay planteles que pisan los dos mil animales, pero el porcentaje de destete es muy bajo, están en el 30%”.
Los datos técnicos refuerzan esta observación. El indicador ternero/vaca medido en los últimos años ha sido de apenas 0,36 (36% de destete), lo que evidencia una baja eficiencia reproductiva.
El stock total de la zona se estima en unos 30 mil bovinos, acompañados por dos mil equinos y majadas menores de ovinos (3.500) y caprinos (dos mil). Además, la situación dominial es compleja, con muchos poseedores antiguos cuyos límites no siempre coinciden con los catastrales.
Ambientes y recursos forrajeros: la ciencia del pasto
El manejo ganadero en Ansenuza se divide según la fisonomía del terreno y su cercanía al agua. Novarino destaca que no imponen manuales rígidos: “Cada campo tiene su propio plan de manejo, dependiendo de si está en reserva provincial o nacional y de sus ambientes: monte, pastizal o bañados”.
Se distinguen tres zonas forrajeras principales:
–El pastizal de costa (praderas bajas), donde predomina el Distichlis spicata y la gramilla. Es una zona de alto volumen, pero deficiente en minerales debido a la salinidad. Su productividad varía drásticamente: de 12 mil kilos de materia seca (MS) por hectárea (HA) en épocas de inundación a 4 mil kilos MS/HA en años secos.
–El segundo es el espartillar, ubicado entre los matorrales y la costa, que ha sido manejado históricamente con fuego. Aunque tiene una alta productividad (8 mil kilos MS/HA), solo el 10% es aprovechable (solo los rebrotes tiernos tras la quema).
–El tercero, el matorral Halófito. Su oferta es más variada, incluyendo arbustos y jumes. La productividad es superior al espartillar, por su palatabilidad.
Manejo de la pastura
Históricamente, el fuego –una práctica prohibida en la provincia– se utilizaba como única herramienta para aprovechar el rebrote tierno del espartillar, pero este solo es palatable para el ganado durante los primeros dos meses posteriores a la quema.
De hecho, aunque la productividad del espartal es alta (8 mil kilos de MS/HA), con el uso tradicional del fuego solo el 10% de ese volumen es aprovechable por los animales.
Si bien en la práctica el uso reiterado del fuego favorece a las especies pirófitas (que resisten el fuego), como el esparto, pero elimina a otras 12 o 14 especies nativas (como Pappophorum, Setarias y Trichloris), que son de mejor calidad y más palatables, pero que no sobreviven a las quemas o son sobreconsumidas por el ganado al no tener descanso, sostienen los técnicos de la organización que trabajan sobre el territorio.
Al reemplazar el fuego por un manejo que incluye el rolado mecánico y la rotación de potreros, la oferta forrajera se ha quintuplicado Se pasó de una disponibilidad de 900 a 1.000 kilos de MS/HA a unos 5.500 a 6 mil kilos MS/HA en el primer año de implementación.
El manejo rotativo permite además dar "descanso al monte" y a los pastizales, permitiendo que el banco de semillas natural del suelo se exprese. Esto ha logrado la reaparición de 12 especies de pastos nativos que habían desaparecido debido al manejo anterior.
El nuevo modelo implementado por Aves Argentinas exige como condición "innegociable" la creación de picadas cortafuego, lo que ha permitido una eficiencia del 100% en la prevención de incendios ajenos en los campos trabajados durante los últimos dos años.
Para mejorar los números de la oferta forrajera, se ha introducido la grama rhodes, una pastura que se adapta bien a la salinidad y no compite agresivamente con las nativas. Javier Bernasconi resalta el impacto del cambio de manejo: “Pasamos de unos 900-1.000 kilos por hectárea a 5.500 a 6 mil kilos MS/HA en el primer año de implantación” con la recuperación del pastizal natural suplementado con grama.
Agua, el otro pilar del manejo regenerativo
Uno de los mayores avances ha sido la gestión del agua. Tradicionalmente, los animales bebían directamente de las represas o el río, contaminando el recurso y degradando los márgenes por pisoteo. Aves Argentinas ha financiado la instalación de molinos, tanques australianos y bebederos fuera de las represas.
Novarino comenta un logro tangible: “Dotamos a un campo de un molino para bombear agua fuera de la represa... y ahí vimos que había aves migratorias dentro de la lagunita porque estaba en perfectas condiciones el agua”. Además, la implementación de picadas cortafuego ha sido un "innegociable" que permitió un 100% de eficiencia en la prevención de incendios ajenos en los campos trabajados durante los últimos dos años.
El financiamiento para obras de infraestructura, como la instalación de molinos, tanques australianos y bebederos, se realiza a través de un esquema combinado que involucra tanto a la organización Aves Argentinas como a los propios productores locales.
La organización actúa como el brazo ejecutor en el territorio y gestiona fondos de donantes internacionales. El apoyo principal para el proyecto de ganadería regenerativa proviene de la Fundación Liz Claiborne & Art Ortenberg (LCAOF).
La conservación del aguará guazú, declarado Monumento Natural Provincial, es el eje que conecta la fauna silvestre con la producción. Aves Argentinas lidera el primer proyecto de monitoreo satelital de ejemplares silvestres en Córdoba. “Es la primera vez que se estudia a estos ejemplares silvestres... iniciamos el proceso desde cero, buscándolos, ubicándolos y, a partir de ahí, la captura y el monitoreo”, detalla Cascone.
La presencia de este cánido en los campos ganaderos es un indicador de la calidad del hábitat. El trabajo con los productores ha permitido derribar mitos, como la creencia de que el puma es el principal predador de ganado menor, cuando el verdadero problema suele ser el chancho cimarrón.
Hacia la "Producción de Naturaleza"
Lo que persigue Aves Argentinas es una transición hacia lo que denominan "Producción de Naturaleza". Esto implica que el productor no solo viva de la vaca, sino que el sistema conservado sea un activo para el turismo nacional e internacional.
Javier Bernasconi concluye con una visión de futuro para el productor: “Tiene que darse cuenta de que el turismo es un plus en la canasta de su actividad productiva... es una entrada muy importante para ellos, pero tienen que saber acompañar y realizar esa actividad”.
El objetivo final es crear una guía o un manual de manejo nacido de la experiencia en territorio, para que otros productores puedan replicar estos éxitos. En Ansenuza, el modelo regenerativo está demostrando que, con apoyo técnico y visión estratégica, el norte cordobés puede ser un faro de productividad sustentable, donde el rugido de la producción convive en armonía con el andar silencioso del aguará guazú.
La organización mantiene una búsqueda constante de fondos para poder ampliar el área de cobertura, sumar más productores y gestionar nuevos planes de manejo adaptados a las necesidades de cada campo.
Agrovoz – La Voz del Interior – Alejandro Rollán


