Es una excelente alternativa para tambos y feedlots. Permite anticipar la cosecha, reducir pérdidas por vuelco y liberar antes el lote. Pero tiene una limitación comercial: deja de ser un grano estándar y exportable. Su mercado se restringe a consumidores capaces de manejar un producto húmedo, perecedero y costoso de transportar.
La otra línea es abaratar el secado. Hay que revisar secadoras portátiles en el campo, módulos de servicio para contratistas, aireación con baja temperatura y, sobre todo, fuentes térmicas económicas y renovables. Una es la biomasa de los marlos, el 20% de la mazorca. Quizá haya llegado el momento de volver a mirar, con tecnología moderna, una práctica antigua: cosechar la espiga completa. Se colocaba en trojas y allí se secaba. Después, se desgranaba. El grano para las gallinas o los cerdos, el marlo para la Carelli, que estaba en el centro del rancho, enorme pava con agua caliente todo el día y calefacción para el ambiente.
Las compañías semilleras lo hacen desde hace décadas. Recogen las mazorcas, las colocan en celdas ventiladas, las secan con aire forzado y recién después desgranan. Para el maíz comercial implicaría un cambio fuerte en la logística: cosechar en espigas, transporte de mayor volumen, trojas o celdas angostas y un sistema posterior de desgrane. Es un cambio importante, que no se puede recomendar masivamente sin ensayos técnicos y económicos. Pero merece ser evaluado.
La espiga ofrece una ventaja decisiva: los marlos podrían alimentar el propio quemador o caldera de la planta de secado, reemplazando gas o gasoil. La compañía Seed Energy, con plantas en Pergamino y Venado Tuerto, recibe los marlos de los semilleros y los convierte en electricidad renovable, que sube a la red pública.
Y, si se alcanzara escala, abrirían otros destinos: abrasivos vegetales, absorbentes, camas animales y, más adelante, insumos químicos como furfural y sus derivados.
El secado natural o con biomasa también podría generar un maíz de menor huella de carbono, mejor conservación y menos daño térmico, atributos eventualmente valorizables por industrias alimentarias o compradores con exigencias ambientales.
No se trata de volver románticamente a la troja, sino de reinventarla. La humedad de este año no fue solamente un contratiempo: dejó al descubierto que la Argentina produce maíz con tecnología del siglo XXI, pero todavía lo seca con una infraestructura cara, escasa y demasiado dependiente del clima.
Rural – Clarín – Héctor Huergo


