Un cereal que alimenta una cadena industrial
El maíz es el cultivo dominante en Iowa desde hace más de 150 años. El Estado lidera en producción de maíz, cerdos, huevos, etanol y granos solubles de destilería secos (DDGS), un subproducto de la industria del etanol utilizado como fuente de proteína para la alimentación animal.
También está entre los tres principales productores de soja de Estados Unidos y ocupa el cuarto lugar en producción de carne vacuna.
La integración entre agricultura y ganadería es otro componente del modelo. Los residuos de la producción animal aportan nutrientes que pueden regresar al suelo y contribuir a sostener la productividad de los lotes.
El etanol es quizá la expresión más evidente de esta integración. Iowa cuenta con 42 plantas de etanol de maíz y dos de etanol celulósico, con una capacidad superior a 4.100 millones de galones anuales.
Esa industria utiliza más de 33 millones de toneladas de maíz y genera casi el 30% de todo el etanol producido en Estados Unidos. Además, actualmente alrededor del 52% del maíz de Iowa es procesado en plantas de etanol.
La política también acompañó este proceso. Desde 1978, los productores impulsan iniciativas para ampliar el uso del etanol.
En 1990, la asociación de productores de maíz promovió cambios en la legislación ambiental para favorecer su utilización, y en 2005 participó del lobby que permitió la aprobación del Renewable Fuels Standard (Estándar de Combustibles Renovables), que estableció metas para la incorporación de etanol en los combustibles estadounidenses.
Productores organizados y con capacidad de "lobby"
La estructura productiva también tiene una particularidad. Iowa cuenta con unas 86.900 explotaciones agropecuarias y más del 97% son propiedad de familias agricultoras.
Esos productores cuentan con una organización específica para defender los intereses del cereal. La Iowa Corn Growers Association (ICGA, Asociación de Productores de Maíz de Iowa) reúne a más de siete mil productores y tiene un directorio integrado por 12 agricultores elegidos por sus pares. La entidad representa al sector y realiza lobby tanto a nivel estatal como federal.
En paralelo funciona la Iowa Corn Promotion Board (Junta de Promoción del Maíz de Iowa), que administra fondos provenientes del checkoff y los destina a investigación, desarrollo de mercados, educación y nuevos usos para el maíz.
La organización tiene así una doble estrategia: defender las condiciones de producción y, al mismo tiempo, crear demanda para el cereal.
Un laboratorio a cielo abierto
Ese ecosistema productivo también explica por qué Iowa se convirtió en un lugar estratégico para la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías agrícolas.
La empresa alemana Bayer tiene una fuerte presencia vinculada al maíz y a la innovación en el Estado, focalizada en tres ciudades: Huxley, Ankeny y Urbandale. Allí, la compañía desarrolla ensayos y tecnologías vinculadas con semillas, genética, agricultura digital y nuevas formas de producción. Esas experiencias fueron recorridas por un enviado especial de La Voz, invitado por la empresa.
Uno de los ejemplos es el desarrollo de maíces de porte reducido, una innovación que busca mejorar la estabilidad del cultivo frente a eventos climáticos, permitir mayores densidades y facilitar el manejo.
Bayer ha utilizado ensayos en Iowa para evaluar esta tecnología que llegará comercialmente al país con la nueva campaña de maíz que arranca este mes.
Ankeny se centra en soluciones genéticas de vanguardia que ayudan a impulsar la cartera de innovación de semillas de la empresa. El sitio genera más de 25 mil millones de puntos de datos cada año y utiliza laboratorios de procesamiento y análisis de semillas altamente automatizados para respaldar una toma de decisiones rápida y precisa.
Más del 90% de los productos se mejoran mediante cribado genético, lo que ayuda a ofrecer soluciones más sólidas y específicas a los agricultores.
El Centro de Semillas en Urbandale, por su parte, está diseñado para ofrecer eficiencia y precisión, combinando escala, automatización y precisión para respaldar el desarrollo de productos.
Su sistema completamente autónomo permite una mayor precisión y consistencia en todo el proceso de manipulación de semillas.
Más allá del centro de semillas, las pruebas de campo conectan estas innovaciones con las condiciones del mundo real, lo que valida un rendimiento fiable de los productos en diversos entornos y recopilando más de cinco mil millones de puntos de datos para orientar el avance de los productos.
La comparación con Córdoba no debería plantearse en los 20 millones de toneladas frente a los 70 millones de Iowa. La verdadera diferencia está en lo que sucede antes y después de que el grano sale del lote.
Iowa convirtió el maíz en una plataforma para producir carne, energía, alimentos, conocimiento y tecnología. Córdoba tiene una enorme capacidad productiva y condiciones para seguir expandiendo el cereal, pero todavía tiene por delante el desafío de construir una cadena de agregado de valor con una escala y una integración semejantes.
El desafío está en entender que el verdadero negocio del maíz no termina en la tonelada cosechada.
Agrovoz – La Voz del Interior – Alejandro Rollán