También dirá que prefiere ser modesto con la baja de los Derechos de Exportación (DEX) en vez de ser agresivo para que no le ocurra algo similar a lo que vivió el gobierno de Macri, que tuvo que volver a subirlas (aunque, también, con un sendero hacia la baja).
Sea que se considere o no el argumento del oficialismo, lo cierto es que es difícil concluir que el campo es el sector ganador del modelo si el principal producto no exhibe hasta ahora un crecimiento sólido. No se trata de ser pesimista, sino de no alejarse de la realidad.
Otro ejemplo reciente de por qué no es sencillo identificar al campo como sector estrella fue el último trabajo de Coninagro sobre economías regionales, en el que analiza 19 sectores del agro de acuerdo con parámetros como producción, mercado y evolución del negocio que transforma en la figura de un semáforo. Aunque incluye a sectores como granos y producción bovina, que habitualmente no se los toma como economías regionales, de 19 actividades del agro, sólo cuatro están en verde, seis están en amarillo y nueve, directamente, en rojo.
En verde están bovinos, ovinos, granos y miel; en amarillo, tabaco, peras y manzanas, aves, porcinos, papa y maní, y en rojo, yerba mate, arroz, vino y mosto, hortalizas, algodón, leche y mandioca, forestales y cítricos dulces. Estas dos últimas se sumaron al informe de agosto que toma datos de julio. Entre lo “amarillo” y lo “rojo” se trata de actividades de notable expansión territorial, ocupación de mano de obra y elaboración final. ¿Se puede decir que el “agro” es ganador si hay tantas actividades con dificultades?
“En la mayoría de estos sectores, el principal factor de deterioro se encuentra en el componente de negocio; los precios que reciben los productores se mantuvieron prácticamente estancados o crecieron por debajo de la inflación y, combinado con el aumento de los costos operativos, generando un deterioro de los márgenes en términos reales”, explica el trabajo de Coninagro.
Varios de los problemas que enfrentan estas actividades son los mismos que el Gobierno reconoce que se deben solucionar, como la elevada presión impositiva. Esta no solo alcanza al gobierno nacional sino a las provincias y a los municipios. En otros puntos, es menos enfático o ni siquiera los toma en cuenta, como las deficiencias de la infraestructura (rutas, transporte) que representan un costo extra. En un contexto global que parece favorable por el crecimiento de la demanda global de alimentos, pero al mismo tiempo es adverso para la apertura de mercados, por las tensiones geopolíticas, cada centímetro que se gane en competitividad debería ser aprovechado. Es mejor que apresurarse con los “boom” o “sectores estrella”.
Campo – La Nación – Cristian Mira