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Sábado, 26 Septiembre 2026 07:19

Ganadería con retorno. Productores cordobeses cobraron por la venta de bonos de carbono

La ganadería regenerativa acaba de sumar un componente que puede cambiar la ecuación económica de los establecimientos: los productores comenzaron a cobrar por los créditos de carbono generados a partir del manejo que realizan en sus campos.

El hecho se produjo dentro del programa Sara (Programa de Ganadería Regenerativa Sudamericana), impulsado por Ruuts y por Anthesis, junto con Ovis 21 y la red de nodos, entre ellos Sinergia Regenera, el nodo referente en Córdoba.

La iniciativa alcanzó la primera emisión de créditos de carbono verificados (VCU) por Verra bajo la metodología VM0042 y se convirtió, según sus impulsores, en el primer programa de ganadería regenerativa a escala de Sudamérica en trasladar ingresos concretos por carbono a los productores que generan esos créditos.

En su primer ciclo de comercialización, Sara vendió, cobró y distribuyó U$S 1,2 millones provenientes de la comercialización de créditos de carbono. El programa ya cuenta con 209.244 créditos verificados y estima que, en esta primera etapa, el valor promedio generado para el productor fue de U$S 27 por hectárea.

Detrás de esos números, hay productores que llevan años modificando la forma de manejar sus establecimientos. El carbono aparece, entonces, no como el punto de partida del cambio, sino como una consecuencia económica de un proceso que comenzó en el suelo, en el pastoreo y en la planificación de cada campo.

Un modelo que pone el pasto en el centro

El programa se apoya en el manejo holístico, una herramienta de gestión que busca contemplar de manera conjunta el negocio ganadero, el ambiente y la calidad de vida de las personas. Es un manejo adaptativo, que se ajusta a las características y necesidades de cada establecimiento.

Para verificar que ese manejo efectivamente genera beneficios ambientales, Sara utiliza un sistema de medición, reporte y verificación (MRV) que combina monitoreo de campo, imágenes satelitales, modelización de carbono y mediciones de indicadores ecológicos como biodiversidad, cobertura del suelo, infiltración de agua y carbono almacenado.

Los testimonios de tres productores muestran que no existe una única receta. Hay establecimientos de cría sobre pastizales naturales, sistemas de cría y recría en ambientes serranos y planteos de ciclo completo en diferentes partes del centro–norte de Argentina. En el norte argentino.

Cría sobre pastizal natural

Kevin Tavera Busso es bioquímico de profesión, pero ganadero de vocación. Su establecimiento está ubicado a 11 kilómetros al sur de San Joaquín, en el sudeste de Córdoba. Allí realiza cría vacuna con reposición propia.

La transformación central de su sistema fue dejar atrás las pasturas implantadas y permitir que el campo expresara su pastizal natural. El cambio estuvo acompañado por la implementación del manejo holístico.

Tavera Busso realizó el curso en manejo holístico y comenzó con la implementación en 2023, el mismo año que ingresó al programa Sara y formó parte de la primera camada de productores. Desde entonces, destaca resultados que van más allá de la cantidad de kilos producidos.

“Principalmente en la parte económica, vimos una disminución considerable de los costos”, explica. La reducción está vinculada con una menor necesidad de movimientos de tractores, siembras, confección de rollos, fertilización y fumigación. Eso no sólo bajó los costos productivos, sino también los tiempos de trabajo.

El efecto, sostiene, también fue social: menos horas de trabajo y más tiempo para quienes viven y trabajan en el campo.

El otro resultado que destaca es la evolución del pastizal. Con el manejo regenerativo comenzaron a aparecer especies nativas, que actualmente constituyen la base del recurso forrajero. Eso, a su vez, permite reducir los costos vinculados con la implantación de pasturas.

Para Tavera Busso, el cobro de los bonos no fue el motivo inicial para ingresar al programa. El valor estuvo primero en las auditorías y en la información obtenida para saber cómo evolucionaba el planteo regenerativo y dónde era necesario ajustar.

El pago por carbono aparece como un reconocimiento a ese manejo y, aunque no forma parte central de su balance financiero, le permite seguir invirtiendo en mejoras en el campo.

Cría y recría en las Sierras centrales

En las Sierras Centrales de San Luis, cerca de La Carolina, Lilian Brodtmann desarrolla un sistema diferente. Su campo se encuentra en un paisaje ondulado de pastizales naturales a 1.650 metros sobre el nivel del mar.

Allí hace cría y recría vacuna, pero no engorde. La razón es ambiental: el clima y la calidad forrajera del pastizal natural no son suficientes para completar esa etapa.

La hacienda come a campo y casi no recibe suplementación. Para mejorar el aprovechamiento del recurso natural, Brodtmann aplica un sistema de pastoreo rotativo basado en el Manejo Holístico.

Participa de Sara desde principios de 2022, cuando ingresó junto con la primera camada de establecimientos del programa.

Uno de los principales cambios que observó fue la forma en que el rodeo utiliza el pastizal. El manejo pastoril basado en tiempos de recuperación permite un consumo más homogéneo y evita tanto el sobrepastoreo como el subpastoreo. El resultado es una mejora en la calidad del pastizal natural y un aumento de las especies de mayor valor forrajero.

En este caso, el incentivo económico adquiere además una dimensión ambiental. Brodtmann sostiene que mejorar el pastizal significa mejorar también la salud del suelo y la capacidad de infiltración del agua de lluvia.

Su establecimiento, además de productor ganadero, funciona como reserva natural privada, por lo que el ingreso derivado de los créditos de carbono representa una herramienta para continuar financiando esa iniciativa.

Ciclo completo y más carne

Juan José Ventura es médico veterinario y maneja un establecimiento en Santiago del Estero, aunque él es cordobés y reside en Córdoba.

Su planteo es de ciclo completo: realiza cría, recría y engorde. El manejo holístico comenzó a formar parte de la planificación del establecimiento como una forma de abordar la ganadería regenerativa desde una mirada integral.

Ventura realizó el cambio de manejo y comenzó con el Sistema de Planificación Holística y medición Grass en 2019. Su sistema combina ganadería con algo de agricultura y tiene como una de sus principales bases forrajeras al Gatton Panic y al Buffel, pasturas subtropicales que durante décadas tuvieron una función en la ganadería del norte argentino.

Pero el objetivo actual es ampliar la biodiversidad. El productor explica que busca avanzar hacia pasturas polifíticas, con diferentes especies e incluso leguminosas, y que el pastoreo holístico rotativo permite que las plantas tengan tiempo para crecer y desarrollar su capacidad de capturar carbono.

Los resultados, asegura, fueron progresivos. En los años de sequía llegó a producir menos que antes de iniciar el proceso, pero la diferencia apareció en la resiliencia del sistema. Con una mejor utilización del pasto, la producción comenzó a recuperarse y a crecer.

El proceso también modificó la relación entre las personas y el establecimiento: capacitar al personal, comprender cómo funciona la fotosíntesis, conocer el comportamiento de las pasturas y entender por qué se rota el ganado forman parte del modelo.

Ventura resume la ecuación de manera sencilla: mejorar el ecosistema permite producir más carne y, al mismo tiempo, capturar carbono.

En su establecimiento, partieron de una línea de base de carbono y, después de cinco años, registraron un aumento que puede convertirse en créditos comercializables. Para el productor, el carbono funciona casi como un indicador adicional de la salud del campo: si mejoran la cobertura, la biodiversidad, la infiltración y la dinámica del suelo, también aumenta la capacidad de capturar carbono.

El incentivo que llega después del cambio

El primer pago por los créditos de carbono introduce una nueva dimensión en estos sistemas. Para los productores consultados, el dinero no reemplaza el resultado productivo ni es el principal motivo para regenerar, pero sí funciona como una retribución por un servicio ecosistémico que antes no tenía un mercado.

El programa ya colocó una parte de los créditos verificados y tiene el volumen restante disponible para nuevos compradores. Esa demanda es la que permite trasladar parte de los ingresos a los productores y, a la vez, generar un incentivo para sumar nuevas hectáreas. El objetivo planteado por Sara es alcanzar desembolsos de U$S 30 millones anuales para 2030.

Ahora, por primera vez, ese trabajo también tiene un retorno económico específico.

Agrovoz – La Voz del Interior – Alejandro Rollán

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