“Falta que los beneficios de la macroeconomía lleguen a la microeconomía”, expresó Mario Raitieri, productor de papa en el sudeste bonaerense. En concreto hizo referencia a los problemas de infraestructura, el tipo de cambio y al cuello de botella del financiamiento.
Marcelo Federici, de la cooperativa Fecovita, expuso el dilema que enfrenta la vitivinicultura, que arrastra una crisis por la caída de ventas en el mercado interno y, al mismo tiempo, una baja de las exportaciones.
Según el semáforo de Coninagro, la producción de vinos y mostos es la que registra mayor cantidad de tiempo con indicadores en rojo, con un 73%, desde que comenzó a elaborarse el índice, hace ocho años. Federici explicó que las ventas de vinos en el mercado interno están en baja porque el poder de compra de los salarios se redujo debido al incremento por encima de la inflación general de rubros como los servicios (desde medicina prepaga hasta la luz y el gas, por ejemplo). Sin descuidar el abastecimiento al mercado local, planteó que con urgencia el país debe acelerar la firma de tratados de libre comercio para mejorar el acceso de los productos argentinos. Puso como ejemplo el acceso al mercado de Sudáfrica. “Para los vinos argentinos hay un arancel del 20%, mientras que Chile ofrece su vino a precios un 40% más bajos que los nuestros”, señaló.
Otros casos expuestos fueron los de los cítricos dulces, que, según el último informe de Coninagro, enfrentan una caída interanual en el consumo interno del 10% y del 34% de las exportaciones. Nicolás Carlino, de Corrientes, expresó que la actividad necesita previsibilidad y que tiene propuestas concretas para mejorar.
En el caso de la yerba mate, que Coninagro identifica como otra de las actividades de mayor lapso en situación de crisis, 28 meses, los cooperativistas advierten que los precios ofrecidos a los productores por la materia prima están por debajo de los costos de producción.
Este escenario, para los sectores con dificultades, plantea una situación de descapitalización y el riesgo de que los productores abandonen la actividad. Frente a eso, el presidente de Coninagro, Lucas Magnano, consideró que el modelo asociativo de las cooperativas les permite a los productores amortiguar las crisis en mejores condiciones que aquellos que no están adheridos a este tipo de empresas. No fue casual que en el acto por la celebración del 70 aniversario de la entidad haya dicho: “Detrás de cada productor hay mucho más que una actividad económica. Hay trabajo. Hay arraigo. Hay familias. Hay producción. Y, fundamentalmente, hay futuro”.
Por supuesto que son bienvenidos los datos de incremento de exportaciones y cifras récord, pero la lupa de la agroindustria también debería enfocarse hacia las actividades que enfrentan dificultades. Los cooperativistas reconocen que no hay una solución única ni hacen responsable al actual gobierno de los problemas que enfrentan, pero es evidente que hay un problema por solucionar para que no haya un agro de dos velocidades.
Campo – La Nación – Cristian Mira