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Sábado, 03 Octubre 2026 11:30

Mercado exterior. Trump busca bajar el precio de la carne picada antes de las elecciones

Por Ignacio Iriarte.

En los últimos meses Estados Unidos se ha convertido -en términos de valor- en el primer importador mundial de carne vacuna, desplazando a China, con compras que superan los U$S 1.600 millones mensuales.

“¿No era que éramos los más grandes productores mundiales de carne vacuna?”, se preguntan los ganaderos norteamericanos, asombrados por el volumen que está alcanzando la importación de carne, que duplica en el 2026 el registro de 10 años atrás.

En EE.UU., el 45-50% de la carne vacuna que se consume es bajo la forma de picada, y el precio de este producto (el “ground beef”) es un indicador social cada vez más relevante.

De cara a las elecciones de noviembre próximo, el gobierno de Trump ha detectado, entre otros, dos puntos de malhumor social: el primero el alto precio de los combustibles (guerra de Irán) y el segundo el precio de la carne picada, que en los últimos años ha subido más que los otros cortes vacunos y que la inflación.

La picada es relativamente barata, versátil, tiene múltiples usos y es el caballito de batalla de la cadena de la carne vacuna en la competencia con el cerdo, el pollo y el pavo.

Trump, intentando interpretar ese malhumor social, a principios de año abrió una cuota adicional de importación de 80 mil toneladas anuales de “carne magra” para Argentina, cuyo efecto económico es irrelevante, pero que provocó en su momento la airada resistencia de los ganaderos estadounidenses, en su mayoría votantes del actual presidente.

“No se quejen: los precios del ganado son récord y nunca ustedes han estado tan bien como ahora, conmigo”, les recordó el presidente.

Ahora, contra reloj, y con un objetivo claramente electoral, Trump autoriza la importación de otras 300 mil toneladas (libre de aranceles) de “recortes magros”, cuota que deberá cumplirse en el trimestre septiembre-noviembre, con el objetivo manifiesto de hacer bajar lo más rápido posible -antes de las elecciones- el precio de la picada al mostrador.

El mercado descuenta que el nuevo cupo de 300 mil toneladas -que sería aprovechado casi exclusivamente por Brasil- no alcanzará a ser cubierto en su totalidad, porque los tiempos y la logística no dan para eso.

En la práctica se espera la importación de solo unas 60-70 mil toneladas mensuales -adicionales a todas las otras cuotas en vigencia-, volumen considerado insuficiente para hacer bajar el precio minorista de la picada.

Además, la oferta actual de carne importada magra ya es muy abundante, con semanas donde entran por los principales puertos a USA hasta un 25-27% más de carne que un año atrás.

“Puede que se acentúe la debilidad del precio de la carne picada a nivel mayorista e incluso el de la carne importada, pero no al mostrador, que es lo que le interesa al presidente”.

La industria de la carne de EE.UU. necesita unos 4,7 millones de toneladas anuales de carne magra, de las cuales 1 millón provienen de la faena local de vacas y toros, otro millón de cortes de novillos y vaquillonas, y otros 1,7 millones de toneladas se importan de Oceanía y Sudamérica.

La industria frigorífica norteamericana, produce unos 2 millones de toneladas de trimmings al año, conformados en un 50% por carne y un 50% por grasa, los denominados “fifty-fifty”.

Estos recortes “grasosos” de despostada, también llamados “fattys”, necesitan ser mezclados inevitablemente -en una proporción de 7 a 1- con carne muy magra (90-95CL) nacional o importada, para que el “blend” resultante (83% CL) se convierta en un producto aprobado para la alimentación humana.

Agrovoz – La Voz del Interior

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