En un escenario donde la agricultura enfrenta el desafío de producir más con menos, la articulación entre ciencia y tecnología nacional demuestra su potencial transformador. El convenio INTA–Crucianelli–Leaf Agrotronics llevó del laboratorio al campo una innovación que ya siembra más de 1,2 millones de hectáreas en todo el país: el sistema de corte línea a línea universal, un mecanismo que optimiza la siembra y marca un nuevo estándar en eficiencia agronómica.
“El desarrollo surge de una necesidad concreta detectada por nuestros ensayos de siembra: la superposición de semillas en cabeceras e irregularidades del terreno. Esa sobresiembra no solo implica desperdicio de insumos, sino también competencia entre plantas y pérdida de rendimiento. Era un problema silencioso, pero constante”, explicó Hernán Ferrari, investigador del INTA Concepción del Uruguay, Entre Ríos, y coordinador técnico del Convenio INTA–Crucianelli–Leaf Agrotronics.
El diagnóstico del INTA fue el punto de partida para una respuesta tecnológica de alto impacto. Crucianelli y Leaf Agrotronics diseñaron un sistema capaz de interrumpir la dosificación de semillas de manera independiente en cada línea, evitando solapamientos y mejorando la distribución espacial. “La precisión de corte línea a línea nos permite sembrar solo donde corresponde, optimizando cada metro del lote”, remarcó Ferrari.
Ya pasaron 6 meses desde que el Senasa dispuso, de forma definitiva, la apertura de la barrera sanitaria y permitió que los cortes con hueso plano también ingresen desde el norte a la Patagonia. La excusa era bajar los precios de la carne para los habitantes de aquella región. Pero cuando se pregunta qué efecto ha tenido, la respuesta es unánime: los precios bajaron sólo para el asado, pero el que ingresa es de tan baja calidad que es muy poco elegido y, encima, genera efectos negativos a nivel productivo.
A diferencia del diagnóstico que trazó Bichos de Campo en ocasiones anteriores, esta vez queda de manifiesto que el sector ya no tiene mucho más que hacer. Del lado del gobierno no se volvió a tocar el tema, los recursos presentados fueron “cajoneados” en la Justicia y, como no hubo finalmente un impacto en las exportaciones a Chile y la Unión Europea, la barrera sólo quedó en la agenda de los patagónicos.
Cabe recordar que esa medida sanitaria fue instaurada hace décadas cuando al sur del Río Colorado las provincias adquirieron el estatus de libre de Aftosa sin vacunación e impusieron controles para que no ingresara ni hacienda ni cortes de carne con hueso, que son vías por las cuales puede filtrarse ese virus en caso de haber un brote.
También cabe recordar que el país no tiene circulación de esta infección desde 2006, un dato que motivó a que este año el Senasa decidiera flexibilizar los controles. La idea de fondo era que el norte enviara allí su asado para aumentar la oferta y bajar los precios en la Patagonia. Pero al día de hoy, a 6 meses de que la medida haya quedado firme, aseguran que parte de ese efecto se diluye por el tipo de carne que ingresa. Lo que entra a bajo precio es el asado de vaca vieja, con mucha grasa y poca carne, que casi nadie comería.
Donde antes predominaba la frustración porque, cada tanto, las cosechas no tenían salida comercial, hoy empiezan a aparecer hileras de chía, parcelas de comino, ensayos de anís y sésamo, y montes jóvenes de higueras, almendros y pistacho. Detrás de ese cambio hay una iniciativa de Federación Agraria Argentina (FAA), a través de la Fundación de la Mesa de Enlace en Córdoba, que busca que los productores del noroeste provincial incorporen cultivos alternativos de alto valor, con respaldo técnico y estudios de mercado, para abrir nuevas oportunidades y lograr actividades más rentables en una zona históricamente difícil de producir.
La imagen contrasta con la postal clásica de Córdoba como provincia “rica” y agrícola, ligada al liderazgo en soja, maíz y maní. “Este proyecto nace por la necesidad de cambiar el paradigma de una Córdoba productiva y próspera asociada solo a esos cultivos, cuando el 30% del territorio está en una zona árida y tiene índices de desarrollo humano típicos de un país africano”, plantea Hugo Bustamante, productor de la zona y presidente de la filial Cruz del Eje de Federación Agraria.
El dirigente aclaró que en la zona no falta conocimiento ni condiciones para producir. En la cuenca del dique Cruz del Eje hay agua, suelos que responden y productores acostumbrados a trabajar. El verdadero cuello de botella aparece cuando la producción tiene que salir al mercado. Durante años, los horticultores de la zona sembraron lo de siempre —tomate, pimiento, berenjena, cebolla, zapallito— y se encontraron una y otra vez con la misma escena: al momento de cosechar, los galpones mayoristas ya estaban abastecidos con mercadería de otras regiones y los precios se derrumbaban. “Te queda la producción tirada en el campo y perdés todo el capital que invertiste”, resume.