Por Jorge Castro.
Prácticamente la totalidad de las calorías con que se nutría la población china provenían hasta 1980 de los vegetales, ante todo arroz, y no consumían proteínas cárnicas ni siquiera en pequeñas cantidades; y de pronto, en 30 años, explotó la producción y el consumo de carnes en la República Popular.
El Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) señala que la producción de carnes en China pasó de 10 millones de toneladas en 1970 a más de 60 millones de toneladas en 2000; y la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) advirtió que el porcentaje de calorías aportadas por el consumo de carnes era de 4% en la década del ´70, y creció a 19% en 2000; y de ahí se ha duplicado cada 3/5 años hasta alcanzar un pico de 88 millones de toneladas en 2014.
En este periodo de 30 años (1980/2014) se produjo un vuelco masivo de la población china al consumo de proteínas cárnicas; y de esa manera el mercado mundial agroalimentario se transformó irreversiblemente, convirtiendo a China en el nuevo eje del sistema agroalimentario mundial.
Esto derivó de manera casi inmediata en una cuadruplicación de la producción de soja en el mundo porque es el principal insumo para la alimentación animal; y esto, a su vez, transformó en sus raíces la geopolítica mundial porque la soja se produce en sólo 3 países, que son EE.UU., Brasil, y la Argentina.