ROSARIO.– En un contexto de alta incertidumbre global y con la Argentina atravesando un cambio de escenario económico, Fernando Marengo, economista jefe de la consultora Black TORO, ofreció una radiografía completa del presente y una mirada hacia el futuro del mercado de alimentos. Lo hizo durante el encuentro Experiencia IDEA Rosario, bajo el lema “Desafíos hoy, productividad y eficiencia, camino al Coloquio”.
En el panel “Productividad como rumbo, el desafío de dejar atrás la inflación”, Marengo abrió el debate y situó a la Argentina en el marco internacional. “El mundo va a crecer un poco menos, la tasa de interés va a ser alta en las economías desarrolladas, entonces va a haber menos flujo de capital”, explicó, antes de introducirse en el comportamiento de los precios de las materias primas.
El economista describió cómo la producción mundial de granos se triplicó desde la década del 70 hasta la actualidad, manteniendo prácticamente estable la superficie sembrada. “La respuesta es la productividad”, remarcó, en contraposición a las predicciones de escasez de alimentos que siglos atrás vaticinó Thomas Malthus.
Según detalló, la tendencia de precios de commodities agrícolas ajustados por inflación muestra una baja sostenida en productos como la soja, el maíz y el arroz. “El precio de la soja, a valores constantes, supo estar en 70 (índice) y hoy está en 40; esa caída es estructural”, explicó.
En el congreso de Aapresid, la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (Casafe) eafirmó su compromiso con una agricultura más productiva y sostenible, destacando el crecimiento sostenido del mercado de bioinsumos y su papel complementario a los productos de síntesis química. Federico Landgraf, director ejecutivo de la cámara, presentó un panorama global y local del sector, con énfasis en sus aplicaciones prácticas, desafíos y oportunidades de expansión en el agro nacional.
Durante su exposición, Landgraf presentó datos del estudio elaborado por Casafe junto con Pampas Group y Somera, que refleja que el uso de bioinsumos en Argentina registra un crecimiento interanual del 10,9 %. En cuanto a la composición del mercado, el principal destino de estos insumos es el tratamiento de semillas (51,2 %), seguido por los biofertilizantes (26,2 %) y los bioinsecticidas (10,1 %), siendo estos últimos los de mayor crecimiento anual (109 %), seguidos por los biofertilizantes (68,9 %), los biofungicidas (34 %) y los bioestimulantes (8,4 %).
A nivel global, el mercado de protección de cultivos de síntesis química crece a una tasa anual del 5 %, mientras que el de insumos biológicos avanza a un ritmo más acelerado, que alcanza el 13,8 %, proyectándose que alcance los USD 31.800 millones para 2029. Esta diferencia refleja un interés creciente en soluciones más sostenibles y complementarias en la producción agrícola.
A contramano de lo que sucede con la mayoría de los rubros, el consumo de carne vacuna recuperó terreno y superó los 50 kilos por habitante en promedio en los últimos doce meses a junio de 2025. Esto es un crecimiento del 5,6% respecto al mismo período del año anterior, según datos de la Secretaría de Agricultura.
En el mismo período, continuando con la información oficial, el consumo total de carnes (bovina, aviar y porcina) alcanzó 114,06 kilos por habitante, un 4,6% más que en 2024. En tanto, la carne porcina llegó a 17,92 kilos (7,7%) y la aviar a 45,90 kilos (2,4%).
Para Daniel Urcía, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (FIFRA) y vocal del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), la clave está en la fidelidad del consumidor argentino con la carne vacuna ya que se trata de un fenómeno cultural y de preferencias.
“Más allá de que pollo y cerdo se incorporaron a la dieta, la carne vacuna sigue siendo la preferida. Cuando hay una pequeña recuperación del poder adquisitivo, uno de los primeros gustos que la gente se da es en el alimento, y en Argentina ese alimento es la carne vacuna”, señaló.
El especialista explicó que este repunte está vinculado a la combinación de dos factores: la baja en el volumen exportado en los primeros meses del año (16% de caída entre enero-junio) y el sostenimiento de la faena, lo que dejó más oferta para el mercado interno.