No alcanza con desarrollar una buena variedad. Para que una genética exprese todo su potencial también hace falta conocer cómo manejarla en el lote. Ese fue el desafío que asumieron especialistas del INTA Corrientes y del INTA Concepción del Uruguay, quienes lograron definir una estrategia de fertilización para Angirú INTA CL, un cultivar de arroz que viene ganando superficie gracias a su alto rendimiento y a la calidad industrial de sus granos.
El trabajo aporta una herramienta concreta para los productores en un contexto de márgenes ajustados, donde aprovechar mejor cada insumo puede marcar la diferencia.
Los ensayos demostraron que un manejo adecuado del nitrógeno permite superar los 11.000 kilos por hectárea, mejorar la eficiencia del fertilizante y reducir riesgos productivos.
El nitrógeno es uno de los nutrientes que mayor impacto tiene sobre el rendimiento del arroz. Sin embargo, aplicar más fertilizante no siempre significa cosechar más.
Los ensayos permitieron identificar que una dosis de 250 kilogramos de urea por hectárea, equivalente a unos 115 kilogramos de nitrógeno, ofrece el mejor equilibrio entre productividad y eficiencia. Con ese manejo, los investigadores obtuvieron rendimientos superiores a las 11 toneladas por hectárea y una eficiencia de 17 kilos de grano por cada kilo de nitrógeno aplicado.
La semana dejó importantes mejoras para los precios del maíz y de la soja en Chicago, donde influyeron la combinación de temperaturas elevadas y lluvias insuficientes mientras las plantas definen su potencial de rinde en los campos de Estados Unidos. La incertidumbre por la suerte de los cultivos en la UE y de la disponibilidad de la oferta de Ucrania favorecieron al forrajero, mientras que la expectativa de mayores compras chinas apuntaló a la oleaginosa. El trigo, que viene con valores muy firmes, terminó la semana con altibajos, entre una toma de ganancias de los especuladores y la continuidad de las hostilidades en la zona del Mar Negro. En el mercado argentino mejoraron los precios de la soja y del maíz, en tanto que el trigo padeció bajas en la plaza de futuros.
Los altos precios del girasol están impulsando las siembras en todo el mundo. Las últimas proyecciones de producción mundial 2026/2027 del USDA pronostican una cosecha de 62,6 millones de toneladas, 13,4% superior a la de la campaña anterior. La molienda acompañaría este crecimiento, para alcanzar los 55,8 millones de toneladas, con un aumento del 11,6% interanual.
“Los stocks finales globales se ubicarían en 3,9 millones de toneladas, aún en niveles bajos en términos históricos; la relación stock/demanda total se mantiene ajustada en 6,1%, lo que continúa dando soporte a los precios internacionales del aceite”, se indica en un reciente informe de la Asociación Argentina de Girasol (Asagir).
El principal oferente mundial sigue siendo Rusia, con una producción estimada de 20,7 millones de toneladas (+11,4% interanual), seguido por Ucrania, con 13 millones (+18,2% interanual), y la Unión Europea, con 9,8 millones (+13,2%). En la Argentina la Bolsa de Cereales de Buenos Aires estima un área por sembrar de 3 millones de hectáreas, frente a los 2,8 y a los 2,2 millones de hectáreas de los dos ciclos previos. Según Asagir, esa superficie podría generar una producción de 8 millones de toneladas, récord de los últimos años, muy superior a los 6,6 millones del ciclo previo.
La proyección para el ciclo agrícola 2026/27 del girasol arranca con cifras históricas en la Argentina. De acuerdo con el primer informe de precampaña publicado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), la intención de siembra alcanzará los 3 millones de hectáreas, lo que supone un nuevo récord absoluto para el cultivo en el país.
El cálculo representa una suba del 5,3% en comparación con la campaña anterior (2,85 millones de hectáreas) y se ubica un 33,3% por encima del promedio de los últimos cinco años (2,25 millones de hectáreas).
Vale destacar que el cultivo viene de lograr una campaña muy relevante, tanto en términos productivos como económicos, lo que fundamenta también la continuidad de la expansión.
El informe técnico destaca un mapa productivo con comportamiento heterogéneo según la región:
- Núcleos del Sur (Buenos Aires y La Pampa): se consolidan como el gran motor de expansión, con incrementos proyectados de entre el 5% y el 15%. Las dificultades para concretar la siembra de fina por temas de transitabilidad están dejando lotes libres donde el girasol es visto como el “cultivo más seguro”;
- Norte (NEA): mantiene una tendencia alcista gracias a las buenas reservas hídricas en el perfil;
Los embarques agroindustriales argentinos alcanzaron un nuevo máximo histórico durante el primer semestre de 2026.
Entre enero y junio se despacharon 52,8 millones de toneladas de granos, subproductos y aceites, un volumen que superó en un 9% al registrado en igual período del año pasado y quedó 20% por encima del promedio de los últimos cinco años, de acuerdo con un informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) a partir de datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y la agencia marítima NABSA.
El volumen exportado también superó en 2,4 millones de toneladas el récord anterior para un primer semestre, establecido en 2022, reflejando el fuerte dinamismo de la actividad agroexportadora durante la primera mitad del año.
El principal motor del crecimiento fueron los embarques de granos, que alcanzaron 35,8 millones de toneladas, el mayor registro para un primer semestre desde que existen estadísticas comparables. La cifra representa un incremento del 19% respecto de 2025 y del 34% frente al promedio del último quinquenio.
El trigo encabezó el crecimiento con casi 10 millones de toneladas exportadas, un salto interanual del 46%, seguido por el maíz, que alcanzó 19,1 millones de toneladas, un 7% más que el año anterior.
El tren está en marcha y no conviene detenerlo. Como pocas veces ocurrió antes, la Exposición Rural de Palermo refleja a la ganadería vacuna, corazón de la tradicional muestra, como una actividad en la que los planetas se están alineando y el logro del potencial productivo frente a la realidad actual no parece tan lejano.
La normalización de la economía y el levantamiento de las restricciones para la actividad que encaró el presidente Javier Milei desde diciembre de 2023 coinciden con un momento en el que la demanda global de carnes está en ascenso y se presentan problemas productivos en regiones importantes del mundo, como América del Norte.
En cada diálogo que se podía escuchar en Palermo tanto en las pistas como en las conferencias con los expertos se coincidía en que la ganadería ya está en un círculo virtuoso que podría extenderse de no ponerle palos en la rueda como ha ocurrido en otros momentos de la historia argentina.
Los números de las relaciones insumo/producto, más allá de la volatilidad, muestran que el momento es favorable para invertir en mejoras en la infraestructura del campo, pasturas y genética. Claro que los especialistas apuntan que todavía existen frenos, como la elevada presión impositiva más a nivel municipal y provincial que nacional y el alto costo del financiamiento. Sobre este aspecto, los observadores del negocio sostienen que a medida que baje el riesgo país y se afirme la fortaleza del peso, el crédito tendrá mayor fluidez. No obstante, destacan que ya hay avances con los préstamos en dólares o los créditos a valor producto que lanzó la Secretaría de Agricultura con el BICE.
Aunque el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, fue a la Exposición Rural durante la semana y desalentó expectativas de medidas del Gobierno favorables al campo, los productores que recorren la feria y varios funcionarios de menor rango mantienen la expectativa de que el presidente Javier Milei sorprenda “con algo” en el acto central del domingo.
“Ya se hicieron en su momento”, sintetizó Luis Caputo, en alusión al cronograma de baja de retenciones para granos anunciado a fines de mayo, y que contempla una planificación de reducción progresiva hasta 2028, desde enero próximo.
El ministro de Economía estuvo el jueves acompañado por colaboradores de su cartera, en la visita más relevante del Gobierno, que también sumó al canciller Pablo Quirno y al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. La base operativa oficial en Palermo estuvo en el stand de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, a cargo de Sergio Iraeta, que articuló con responsables de otras dependencias clave como INTA, SENASA, contiguos al Banco Nación y al Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE).
La polémica que desató Sturzenegger con su proyecto de que los aportes al Instituto de Promoción a la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) sean voluntarios recogió adhesiones minoritarias y rechazos mayoritarios. Los intérpretes más equilibrados suponen que de cualquier modo se trata de poner en valor al instituto y, en cualquier caso, controlar el destino de sus recursos.
Para el ojo desprevenido de la mayoría de los visitantes a la Exposición Rural de Palermo, las juras de las razas bovinas son un espectáculo que se repite año tras año de manera casi idéntica. Pero para toda la gente que está metida en el día a día de las cabañas, lo que se ve en la pista es la expresión de una búsqueda diaria que está en constante evolución, y que en este preciso momento se encuentra reimaginando su futuro. ¿Cuál es el rumbo parsimonioso pero incesante de la selección genética en Argentina?
La respuesta empieza a delinearse en un contexto que cambió de manera significativa. La recuperación de la inversión ganadera, la incorporación de nuevas tecnologías y la apertura de mercados que premian la calidad de la carne están redefiniendo los objetivos de la selección genética. Ya no alcanza con producir un buen reproductor, el desafío es generar animales capaces de responder a sistemas productivos cada vez más eficientes y a consumidores que valoran atributos específicos de la res.
Para Roque Cassini, cabañero bonaerense de las razas Hereford, Angus, Braford y Brangus, el cambio de escenario es de una magnitud inédita. "En materia de genética estamos viviendo más que un momento de transición, una revolución", asegura. A su entender, ese proceso responde a dos factores: la creciente demanda internacional por carne de alta calidad y un profundo cambio de mentalidad dentro de la propia ganadería argentina. "Hasta hace un tiempo se priorizaba el mercado interno y la exportación no era el eje. Ahora eso cambió y la atención en la genética se transformó en un tema prioritario", resume.
La elaboración de reservas forrajeras se encamina a registrar uno de los mayores crecimientos de los últimos años. Ante el buen momento que atraviesa la ganadería, con valores de la hacienda en niveles históricamente elevados y perspectivas favorables para la actividad, desde la Cámara Argentina de Contratistas Forrajeros (CACF) estiman que este año la superficie destinada a producirlas aumentará entre 150.000 y 200.000 hectáreas respecto de la campaña pasada. Subiría de 2 millones de hectáreas a 2,2 millones de hectáreas, un incremento cercano al 10%.
Detrás de esa expansión también comenzó a acelerarse la inversión en tecnología: los contratistas volvieron a renovar picadoras y otros equipos de última generación tras varios años en los que las restricciones a las importaciones habían frenado la actualización del parque de maquinaria.
“La producción ganadera está en pleno auge y nosotros somos un eslabón muy importante. La base forrajera es fundamental para este sistema de alta producción. Antes eso ya venía pasando un poco con la lechería, pero ahora la ganadería de carne tiene un boom fabuloso y nosotros tenemos que aprovecharlo porque vamos de la mano”, afirmó Luciano Toldo, presidente de la CACF.
Según explicó el dirigente, la mayor demanda de reservas responde a la necesidad de sostener sistemas ganaderos cada vez más intensivos y eficientes. El maíz continúa siendo el cultivo predominante para este fin, con una participación de entre el 65% y el 70% de la superficie destinada a reservas, seguido por el sorgo, que representa entre el 20% y el 25%. El resto se distribuye entre alfalfa y distintos cultivos de invierno, como avena, cebada, trigo o vicia, cuya participación varía según la región.
Lo que hace poco más de una década comenzó como un desafío ambiental derivado del crecimiento de una granja porcina terminó convirtiéndose en uno de los proyectos de economía circular más importantes del interior productivo argentino.
La cooperativa Cotagro logró transformar los efluentes de su criadero de cerdos en electricidad renovable, desarrollar una empresa especializada en biogás, incorporar residuos industriales de más de 120 empresas de la región y dar un paso más: ingresar al mercado de bonos de carbono.
Detrás de ese proceso está 3C Biogás, una empresa que hoy abastece con energía limpia al sistema interconectado nacional y que busca consolidar una nueva fuente de ingresos mediante la comercialización de activos ambientales.
“Fue un camino largo, con muchas dificultades, pero hoy tenemos un modelo que demuestra que producción, sustentabilidad y negocios pueden ir de la mano”, resume Raúl Bossio, gerente general de Cotagro.