“En 48 años viviendo en el campo nunca vi algo así”. Lo dice Martín Rikesi, uno de los productores afectados por el fuerte temporal de granizo que anoche arrasó sus cultivos. En cuestión de minutos, la piedra y el viento dejaron en el suelo todo lo que tenía sembrado. Las 80 hectáreas agrícolas de su establecimiento quedaron completamente destruidas. El maíz, que estaba a menos de una semana de comenzar la cosecha y que venía con un rendimiento estimado muy superior al promedio, terminó volcado y quebrado.
El temporal impactó en una franja ubicada entre Tortugas y Arteaga, sobre la ruta 9, en el extremo oeste del sur santafesino, muy cerca del límite con Córdoba, y también alcanzó localidades del sudeste cordobés. En esa zona, productores estiman distintos grados de daño sobre más de 2000 hectáreas, con pérdidas totales en varios lotes y reportes de animales lastimados.
Rikesi relata que la tormenta se desató en pocos minutos. Primero el viento, después la piedra. Cuando intentó reaccionar, ya la tenía encima de su campo. “Fue todo muy rápido”, contó. La descarga fue tan intensa que en pocos minutos el paisaje cambió por completo.
Como se dijo, el maíz de primera estaba prácticamente listo para cosecharse. Faltaba apenas una semana. Ya lo habían probado y venía muy bien, con rindes estimados de entre 100 y 120 quintales, cuando en la zona lo habitual es de 80 a 90. Pero la piedra no dio margen. “El maíz que estaba para cosechar no quedó nada, está todo en el piso”, describe. Las plantas, que superaban los dos metros, quedaron quebradas, acostadas y deshilachadas, como si alguien las hubiera aplastado desde arriba.
El girasol vuelve a marcar el pulso positivo dentro de una campaña gruesa atravesada por incertidumbres climáticas y recortes en otros cultivos. Un reciente informe oficial de la Dirección de Estimaciones Agrícolas confirmó lo que el mercado y las estimaciones privadas venían anticipando: la oleaginosa atraviesa una etapa de expansión y mejora productiva.
La superficie implantada para la campaña 2025/26 fue ajustada a 3,1 millones de hectáreas, lo que representa un crecimiento cercano al 30% interanual. De esta forma, la primera proyección oficial de producción se ubicó en 7,2 millones de toneladas. De concretarse, implicaría un salto del 28,6% respecto al ciclo previo.
Si bien se trata a todas luces de una campaña que será histórica para el cultivo, la estimación oficial está muy por encima de lo que reportan los privados.
Desde la cadena girasolera proyectan una cosecha récord de 6,2 millones de toneladas, exactamente un millón de toneladas menos que los datos del gobierno.
Según especialistas de la Asociación Argentina de Girasol (ASAGIR), el cultivo atraviesa una etapa de reposicionamiento estructural impulsada por su estabilidad productiva, su menor requerimiento hídrico respecto de otras oleaginosas y una ecuación económica que volvió a cerrar para el productor.
La principal procesadora de pollos del país, Granja Tres Arroyos, atraviesa una profunda crisis financiera que ya impacta de lleno en más de 200 productores integrados de Entre Ríos. En el último trimestre relevado, la empresa acumuló 224 cheques rechazados por un total superior a los $7000 millones en un contexto de tensión comercial, atrasos previsionales y fuerte incertidumbre en la cadena. Fuentes de la empresa indicaron que al igual que otras compañías del sector avícola “se encuentra afrontando una situación financiera delicada y que por eso ingresó en un Proceso Preventivo de Crisis y hoy está abocada a normalizar la situación en todos sus frentes”.
La situación golpea especialmente a los productores integrados de la provincia. “Hay mucha preocupación e incertidumbre por parte de los productores integrados en la provincia de Entre Ríos”, advirtió Ricardo Unrein, de la Cámara Argentina de Productores Integrados de Pollos (Capit) e integrante de la comisión de avicultura de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).
Para Unrien, la empresa viene con problemas económicos de toda la vida pero fue ayudada por los diferentes gobiernos justicialistas: “Hasta que llegaron gobiernos de un palo distinto que dijeron que así no se podía seguir, que tenían que trabajar bien sino les iba a ir mal y es lo que sucedió. Esto se veía venir internamente”.
Según describió a LA NACION, la actividad en las granjas se redujo drásticamente. “Solo están bajando pollitos bebé dos días a la semana nomás, cuando antes bajaban todos los días por la intensa actividad que tuvo desde siempre Granja Tres Arroyos”, señaló.
Sin haber comenzado aún las tareas de cosecha en la provincia y con una marcada disparidad en las lluvias entre el norte y el sur provincial, la campaña de granos gruesos (maíz, soja, girasol, maní y sorgo) muestra resultados contrastantes.
El primer cálculo de producción cordobesa de granos gruesos realizado por el Departamento de Información Agronómica (DIA) de la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA) proyecta para la soja, el maní y el sorgo una caída respecto del promedio histórico, mientras que para el maíz y el girasol el aumento interanual de superficie permitiría sostener o incrementar levemente el volumen producido frente al ciclo previo.
En ese escenario, la cosecha 2025/2026 de soja, maíz, sorgo, maní y girasol en la provincia sería de 31,244 millones de toneladas, tres millones de toneladas menos que en el ciclo anterior.
No obstante, si al volumen de granos estivales se le suma la cosecha récord que aportó el trigo, la producción agrícola cordobesa ascendería a 37,31 millones de toneladas, 551 mil toneladas más (1,5% más) que, en la campaña anterior, cuando la recolección aportó 36,759 millones de toneladas, según los datos de la BCCBA.
Los productores cordobeses invirtieron en sembrar los seis cultivos (soja, maíz, trigo, maní, girasol y sorgo) en 9,033 millones de hectáreas, 3% más que en el ciclo anterior, cuando implantaron 8,769 millones de hectáreas.
El año 2025 había cerrado con un dato alentador: en Alcorta se registraron 1.474 milímetros acumulados, superando por primera vez en una década los 1.400 mm anuales. La distribución fue adecuada hasta diciembre, permitiendo un buen desarrollo inicial de los cultivos.
Sin embargo, enero de 2026 marcó un quiebre. Con apenas 23 mm registrados en Alcorta y temperaturas elevadas durante el período crítico, el déficit hídrico impactó de lleno en el llenado de grano de maíz y soja de primera.
El informe señala diferencias marcadas entre localidades. Las zonas más afectadas son Alcorta, Juncal, Máximo Paz y el sudeste provincial. En contraste, Bigand, Bombal, sectores de Chabás, Carreras y Labordeboy recibieron lluvias localizadas de entre 30 y 52 mm que amortiguaron parcialmente el impacto.
Antes de las precipitaciones del fin de semana de Carnaval, la región se encontraba en situación de estrés hídrico generalizado, con pérdidas estimadas no inferiores al 20%, especialmente agravadas en la franja este del sur santafesino.
Durante la reciente presentación de lo que será la edición especial de Expoagro en San Nicolás en este 2026, la cual tendrá como condimento especial los 20 años de celebración de la feria agropecuaria más grande del país, una problemática afloró entre las presentaciones festivas: el ‘envejecimiento’ del parque de maquinaria agrícola en la Argentina.
Sobre eso, uno de los disertantes fue el presidente de FACMA, la Federación Argentina de Contratistas de Maquinaria Agrícola, Luis “Fredy” Simone.
Expoagro, denominada la “Capital Nacional de los Agronegocios”, es una cita ineludible para el agro en tiempos en los que la campaña gruesa avanza a paso firme en todo el país, y muchos contratistas y productores acuden a San Nicolás con la esperanza de ‘volverse’ con un ‘fierro’ nuevo. O al menos con una negociación avanzada, parte en la cual entra en juego el siempre fundamental factor crediticio.
En ese marco, por parte de FACMA, el lamento fue la antigüedad del parque de maquinarias en el país. Luego, en diálogo con Infocampo, Simone amplió su mirada al respecto y destacó también la necesidad de implementar cambios legislativos sobre la materia.
El acuerdo comercial entre la Argentina y los Estados Unidos para aumentar las exportaciones de carne vacuna abre una oportunidad para la ganadería local, pero también plantea una condición: la posibilidad de aprovecharla no dependerá tanto del frigorífico como del sistema de cría. El acceso a mercados exigentes no se define en el puerto, sino varios años antes, en el momento en que nace el ternero.
Estados Unidos no es un mercado deficitario de carne vacuna sino segmentado. Produce enormes volúmenes y, al mismo tiempo, importa de manera sistemática productos específicos que su propio sistema no genera con eficiencia. Ahí aparece la oportunidad para la Argentina, de no reemplazar la producción norteamericana, sino complementarla.
Las exportaciones argentinas a Estados Unidos han sido, hasta ahora, principalmente de recortes de carne magra que se mezcla con el producto local, con alto contenido de grasa, para fabricar hamburguesas con menor contenido de aquélla.
La ampliación de la cuota anunciada por el presidente Trump tiene su razón de ser en la baja oferta interna tras la reducción del stock ganadero del país del norte luego de varios años de sequía. Si las existencias vacunas de Estados Unidos tardan en recomponerse, puede pensarse en mayores importaciones a las ya anunciadas y habría que prepararse para ello.
El Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires oficializó la creación del “Comité Provincial de Promoción de la Actividad Ovina Bonaerense”, un espacio de carácter no permanente destinado a promover el desarrollo y la mejora integral del sector.
La medida, que lleva la firma del ministro Javier Leonel Rodríguez, fue establecida a través de la Resolución N° 47, publicada en el Boletín Oficial del distrito.
La resolución recuerda que la Ley N° 25.422, modificada por la Ley N° 27.646 y reglamentada por el Decreto N° 1.031/02, instituyó el régimen para la “Recuperación de la Ganadería Ovina”, al que la Provincia adhirió mediante la Ley N° 12.869.
Asimismo, se menciona la creación del “Fondo para la Recuperación de la Actividad Ovina (FRAO)”, como fondo fiduciario público orientado al desarrollo sostenido de la producción, transformación y comercialización del sector. No obstante, se señala que el Ministerio de Economía de la Nación, a través de la Resolución N° 650/24, revocó el contrato de fideicomiso oportunamente suscripto con el Banco de la Nación Argentina, y que posteriormente el Decreto N° 408/25 derogó la Ley N° 25.422.
Germán Guastella no es agrónomo sino contador. Pero percibe con claridad que la agricultura argentina tiene una gran cuenta pendiente con el suelo porque trabaja como gerente general de Pelayo, una empresa de General Pico, que distribuye insumos, multiplica semillas y siembra unas 70 mil hectáreas sobre campos alquilados en La Pampa y Buenos Aires.
En esa empresa de envergadura fue que comenzó un cambio de lógica muy interesante que vamos a intentar relatar con una sucesión de notas los próximos días en Bichos de Campo, con testimonios recogidos en un encuentro realizado la semana pasada en Catriló que organizaron firmas de esa región (la propia Pelayo y Gente de La Pampa) preocupadas por el visible deterioro de los suelos agrícolas.
Guastella explicó de qué se trata este intento de cambio y por qué nace.
“Este no es un lanzamiento. Queremos contar lo que venimos haciendo. No es snobismo. Es la búsqueda de trabajar sobre uno de los recursos clave de la producción primaria agrícola. Nosotros empezamos a escuchar, a percibir y a corroborar que ese recurso estaba teniendo un comportamiento que no era el adecuado”, comenzó en referencia a los suelos que Pelayo arrienda cada año en grandes cantidades.
Un equipo de investigación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) demostró que es posible obtener alfalfas mejor adaptadas a ambientes con limitantes, mediante selección fenotípica recurrente.
En concreto, el mejoramiento genético permitió el desarrollo de alfalfas más robustas y tolerantes a encharcamientos que limitan su rendimiento, lo que constituye un avance clave para sostener la producción forrajera en ambientes que tengan este tipo de problema ambiental.
“El rendimiento de la alfalfa se reduce de manera marcada cuando el suelo permanece saturado de agua, porque se afecta el desarrollo radicular”, explicó Maria Andrea Tomás, investigadora del Instituto de Investigación de la Cadena Láctea (INTA–Conicet).
Por ello, “mejorar la tolerancia a hipoxia mediante mejoramiento genético puede favorecer el cultivo en suelos con mal drenaje”, agregó.
En concreto, el estudio partió de materiales liberados por INTA, ampliamente utilizados, como Traful PV INTA y Limay PV INTA, y los sometieron a condiciones controladas que simulan el anegamiento.