A mediados del año pasado, cuando el Gobierno terminó de destrabar y facilitar la importación de maquinaria agrícola usada, el tema se convirtió en conversación obligada en ferias, exposiciones y charlas de pasillo como Agroactiva, muestra netamente fierrera que sucede cada año en Armstrong, polo metalmecánico por excelencia de Argentina. Allí, muchos industriales y comercializadores miraban el fenómeno con expectativa, otros con desconfianza. Entre los primeros estaba Franco Bosso, de Distribuidora Italia, un nombre conocido en ese entramado del sur santafesino, que combina la producción nacional de agropartes con la importación de equipos usados. Ocho meses después de aquel cimbronazo…