Las exportaciones del complejo agroindustrial argentino alcanzarán en 2025 un total de USD 31.564 millones, un nivel apenas superior al del año pasado, pero con variaciones relevantes en la composición de productos y en los volúmenes despachados, estimó un informe la Bolsa de Comercio de Rosario.
Entre enero y agosto de este año, precisa el informe, se registraron ventas al exterior por USD 21.410 millones, prácticamente en línea con los USD 21.449 millones contabilizados en igual período de 2024. Para el tramo restante, que comprende de septiembre a diciembre, se proyectan envíos por USD 10.154 millones, lo que representa el valor más elevado desde el último cuatrimestre de 2022 y el tercero más alto de la última década.
De esta manera, el aporte del campo en los últimos cuatro meses de 2025 será decisivo para cerrar el año con un saldo de exportaciones apenas superior al de 2024. La particularidad es que este incremento se produce en un escenario de recuperación de volúmenes, pero de precios internacionales más bajos, lo que limita el crecimiento en términos de valor.
Un diluvio llegó con la tormenta de Santa Rosa a varias de las principales zonas agrícolas de la región pampeana, según describieron diversos productores y técnicos a LA NACION. El sudeste cordobés tuvo registros muy por encima de los 100 milímetros en 24 horas, incluso por encima de los 300 mm, como en Cruz Alta. También hubo precipitaciones importantes en partidos inundados del centro oeste bonaerense, como en Carlos Casares y Bolívar.
El temporal tiene distintos impactos: por un lado, la siembra de maíz, que estaba próxima a iniciarse, tendrá demoras hasta que los campos vuelvan a estar con condiciones de piso para el ingreso de las sembradoras, siempre que escurra el agua. Es, no obstante, un panorama positivo, según los técnicos, porque más allá de las dificultades del momento queda una buena reserva de humedad para la campaña. En cuanto al trigo, hay advertencias de que, si no hay una rápida salida de agua en los próximos días, podrían darse en los campos anegados muertes de planta por anoxia (falta de oxígeno en las raíces).
El mayor drama está, como se dijo, en los lugares que ya venían inundados. “Pasó de ser un desastre a una catástrofe”, ilustró Mario Reymundo, presidente de la Sociedad Rural de Carlos Casares, una región del centro oeste bonaerense donde se perdieron siembras y cosechas en el último tiempo, además de presentarse una situación crítica para los tambos. Allí cayeron 76,7 mm que agravaron el panorama en los campos, caminos e infraestructura en general. En los últimos doce meses llovieron 1500 mm, por encima de los 950 mm que suelen ser de una media.
Las tormentas intensas registradas este fin de semana provocaron un agravamiento de las inundaciones registradas en las regiones oeste y centro de la provincia de Buenos Aires.
En ese marco, este domingo se reunieron los integrantes del Consejo Asesor del Plan Maestro del Salado para intentar coordinar acciones en el marco de la emergencia hídrica presente en territorio bonaerense.
El Consejo Asesor del Plan Maestro del Salado, conformado por representantes de Coninagro, Sociedad Rural (SRA), Carbap y la Unión Industrial (UIA), se reunió de manera virtual para coordinar acciones orientadas a reclamar la reactivación inmediata de las obras del Plan Maestro del Salado, que se encuentran paralizadas en el denominado tramo IV.2, que se ubica entre la localidad de Ernestina, partido de 25 de Mayo, y el puente de la ruta nacional 205, entre Roque Pérez y Lobos.
Los reclamos estarán destinados al gobierno nacional, responsable de los contratos de obra correspondientes en ese tramo del Salado, por medio de notas o pedidos de audiencias con el ministro de Economía, Luis Caputo, el Secretario de Coordinación de Infraestructura, Martín Maccarone, y el Subsecretario de Recursos Hídricos, Bartolomé Heredia.
“¿Es rentable hacer maíz?”. El panel final del 4° Congreso Internacional del Maíz (CIM) que se realizó en Rosario reunió a economistas, referentes de la industria semillera y del sistema financiero para dar una respuesta con datos duros y perspectivas.
Sebastián Senesi, director Programa Agronegocios y Alimentos en FAUBA, dejó planteada la inquietud desde el inicio de la charla: “Estuve en varias charlas de este congreso y pareciera que es rentable hacer maíz, pero lo que quiero saber es qué recursos necesitamos, desde el conocimiento hasta las herramientas tecnológicas”.
El economista David Miazzo abrió el panel con un análisis del contexto actual. “Se conjugaron tres ruidos en la economía: el desarme de las LEFIs, menor oferta de dólares y movimientos políticos, con escándalos y elecciones a la vuelta de la esquina”, advirtió.
Explicó que el mercado está buscando un nuevo equilibrio entre tipo de cambio y tasa de interés: “La economía tiene más pesos de los que quisiera. Esos pesos buscan colocación: van a bienes y presionan la inflación, o van al dólar y presionan el tipo de cambio. Por eso la alternativa que hoy se plantea es la tasa”.
Cuidar el suelo es una necesidad económica y productiva. Durante el 4° Congreso Internacional del Maíz que se realizó en Rosario se habló sobre repensar la sustentabilidad de la agricultura: ¿Cuánto hacemos por nuestro suelo?
El panel moderado por Ignacio Mántaras, secretario de Agricultura y Ganadería de la provincia de Santa Fe, reunió análisis técnicos, datos productivos y experiencias de políticas públicas aplicadas a la conservación de suelos. El doctor Mario Pérez Bidegain, investigador de INIA Uruguay, abrió el debate con un mensaje contundente: “Nuestro suelo es un recurso natural no renovable, hay que cuidarlo”.
Explicó que en la década del ’50 Uruguay vivió una fuerte expansión agrícola que dejó profundas secuelas de erosión hídrica, lo que llevó a impulsar ciencia y tecnología orientadas exclusivamente a la conservación del suelo. “En ese momento, la relación entre cultivos de invierno y verano era de 2 a 1. Hoy, con la soja a la cabeza, los cultivos de verano pasaron a dominar el sistema productivo”, relató.
Recordó que las investigaciones de la segunda mitad del siglo XX ya demostraban que, en sistemas de cultivo continuo con siembra directa, la tasa de pérdida de suelo podía reducirse a niveles similares a los previos a la expansión agrícola. “Los mejores suelos de Uruguay son similares a los del oeste de Entre Ríos y ya contábamos con la tecnología para cuidarlos”, enfatizó.
La cantidad de tambos activos en Santa Fe continúa disminuyendo y genera preocupación en el sector lácteo. Según un informe elaborado por el Centro de Estudios y Servicios (CES) de la Bolsa de Comercio de Santa Fe (Bcsf), la provincia contabiliza 3.345 establecimientos activos, con una caída del 1,2% interanual y la pérdida de 125 tambos en comparación con 2023.
El fenómeno se replica a nivel nacional, donde se registran 9.702 tambos en total, un 1,8% menos que el año pasado. Sin embargo, Santa Fe sigue siendo un actor central en la actividad: concentra el 34,5% de los tambos del país y se ubica como la segunda provincia con mayor número de bovinos destinados a la producción láctea, con 908.885 cabezas, detrás de Córdoba, que contabiliza 917.187.
“La reducción en el número de tambos responde a factores coyunturales y estructurales, como los efectos de la sequía, la concentración de unidades productivas y la lenta recuperación de pasturas destinadas a la alimentación del rodeo”, destaca el documento del CES-BCSF.
Los departamentos Castellanos, Las Colonias, San Cristóbal y San Martín reúnen el 81,4% del stock bovino en tambos y el 78% de los establecimientos de la provincia. Solo estas cuatro zonas concentran uno de cada cuatro bovinos lecheros del país, lo que refuerza la relevancia nacional de la región.
La lechería argentina se prepara para cerrar 2025 con niveles históricos de producción. Así lo aseguró en Chacra Agro Continental Ércole Felippa, presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL), quien adelantó que el sector alcanzará entre 11.400 y 11.500 millones de litros, superando los registros de los últimos años.
“Este año no solo recuperamos lo perdido en 2024, sino que vamos a superar la producción de 2023 y ubicarnos en niveles récord”, señaló Felippa. El dirigente recordó que la actividad venía de dos campañas consecutivas afectadas por la sequía, políticas intervencionistas y controles de precios que desalentaron la inversión.
Entre los factores que impulsaron la recuperación mencionó la eliminación definitiva de las retenciones a las exportaciones lácteas y la decisión oficial de “no intervenir en el mercado, porque esas distorsiones terminan acobardando al productor”. A ello se sumó un escenario internacional favorable en materia de granos, con precios relativos del maíz y la soja que redujeron costos y mejoraron la rentabilidad.
En cuanto al mercado externo, Felippa subrayó que Brasil continúa siendo el principal destino de la leche en polvo argentina dado que su producción, pese a haber crecido en los últimos años, no alcanza para cubrir el consumo interno de casi 200 millones de habitantes.
Como fue fundada hace más de 130 años por los Salesianos de Don Bosco, la reconocida congregación religiosa vinculada a la educación, la escuela agrotécnica “Nuestra Señora de la Candelaria” suele ser conocida también como “La Misión”, en alusión a sus orígenes.
Ubicado sobre la Ruta 3, a las afueras de la ciudad fueguina de Río Grande, este colegio secundario se jacta de formar a decenas de técnicos agropecuarios, y, a la vez, de ser epicentro de los únicos dos tambos -de vaca y de oveja- que tiene Tierra del Fuego.
Allí, además de enseñar las tareas básicas y el proceso productivo a los alumnos, también han logrado distinguirse, hace ya varias décadas, por su línea de quesos. Hay uno en particular, que es el de oveja, que ya se ha hecho su fama porque es un producto poco común en las góndolas y porque cuenta con certificaciones de calidad que le dan mucho valor agregado al trabajo de esos jóvenes.
Quien contó parte de esa historia a Bichos de Campo fue Mauricio Pablo Hoyos, que es el administrador del colegio y el encargado, siempre que hay ferias y muestras en otros puntos del país, de llevar los quesos para darlos a conocer y venderlos.
Por Daniel Fenoglio.
En la producción porcina, la escala y la eficiencia son decisivas para sostener la competitividad. En la Argentina, los altos costos de inversión y financiamiento, sumados a las exigencias de bioseguridad, hacen necesario pensar en estrategias colectivas. El asociativismo aparece como una herramienta clave para que tanto pequeños como grandes productores logren un crecimiento sostenible.
No es un concepto nuevo: en otros países se consolidó la práctica de dividir las fases productivas entre distintos actores. Al igual que en la avicultura, donde una empresa produce pollitos y otros los engordan, la porcicultura comienza a adoptar este esquema. La especialización reduce la inversión inicial, mejora la eficiencia y distribuye riesgos. Un modelo frecuente es separar la producción de lechones del engorde: quien cuenta con cerdas reproductivas invierte en maternidad, mientras otros asumen la fase final. Así, cada uno se concentra en lo que mejor sabe hacer y un brote sanitario afecta solo una parte de la producción.
El asociativismo puede tomar diversas formas contractuales. Algunos acuerdos se hacen a “costo abierto”, repartiendo luego los resultados; otros fijan un pago por plaza o por animal engordado. Cada modalidad se ajusta a las características de los productores y al nivel de confianza entre ellos, pero todas persiguen el mismo objetivo: crecer colectivamente con menor inversión individual y mayor solidez para el conjunto del sector.
Una situación muy tensa está teniendo lugar en el sur de Santa Fe. Allí, a la vera de la Ruta Nacional 33, en la ciudad de Firmat, se desarrollan jornadas de protesta de los trabajadores de la histórica fábrica de cosechadoras nacional Vassalli, un emblema de la maquinaria agrícola argentina que hoy atraviesa otra de sus crisis más profundas.
Los 280 empleados reclaman el pago de salarios adeudados desde junio, aguinaldo incluido. “Estamos hablando de tres sueldos completos por trabajador. Mucha plata para un obrero que ya de por sí no llega a fin de mes cobrando en tiempo y forma”, explica Diego Romero, dirigente de la UOM Firmat.
La protesta lleva semanas, con cortes intermitentes sobre la Ruta 33 y presencia permanente en la puerta de la planta. “No hubo intención de la patronal de traer un salvataje para que la gente pueda sobrevivir. Realmente la situación es desesperante”, describe Romero.
Fundada en 1949, Vassalli es un símbolo de la industria nacional. Sin embargo, desde hace años sufre altibajos: la última gran crisis fue en 2018, cuando los trabajadores tomaron la planta durante 36 días para impedir su cierre. “Gracias a esa toma la mantuvimos abierta y hasta un año la condujimos nosotros, vendiendo máquinas y pagando a la gente. Estábamos mucho mejor que ahora”, recuerda Romero.