Como ya lo preveían los informes meteorológicos de las últimas semanas, las lluvias constantes no permiten que se alivie la situación en el centro bonaerense, sino que, por el contrario, han empeorado mucho más la situación de los vecinos y productores, que tienen hoy un cuadro más complejo que el de hace 6 meses atrás.
Quienes se llevan la peor parte son los municipios de Carlos Casares y 9 de Julio, los más comprometidos por las inundaciones que no dan respiro desde el mes de marzo. En esta última localidad, el fin de semana llovieron otros 60 milímetros y, ante la desesperación, avanzan con fuerza las autoevacuaciones en las zonas más complicadas.
Trabajadores que abandonan el puesto del campo a caballo. Una escuela rural que desaloja las aulas y se lleva los animales. Familias que dejan su casa de toda la vida para irse al pueblo. Productores en lancha que hacen lo imposible por ir a ver su ganado.
Si alguien describía este triste panorama hace un año, probablemente no le hubieran creído. Lo mismo sucedió hace ya 2 décadas, con la otra gran inundación que sacudió a la provincia, y que se repita la misma postal pone en tela de juicio cuánto se ha hecho desde lo estructural para evitarlo.
Hoy, ya no se trata únicamente de alcantarillas, caminos o accesos, porque el agua directamente amenaza con ingresar a las casas y cortar las vías de comunicación para conseguir alimentos y víveres. Por eso muchos toman la difícil decisión de irse por sus medios antes de que sea tarde.