Menos rinde, menos margen y más desafíos. Eso es lo que revela un estudio reciente del INTA Pergamino sobre qué ocurre cuando se produce sin fitosanitarios. El trabajo permite dimensionar el impacto de las restricciones al uso de agroquímicos, que en este partido rigen desde 2019 por una medida judicial.
En una parte de la experimental del instituto, alcanzada por esa resolución, los técnicos compararon cultivos manejados sin fitosanitarios ni fertilización con planteos convencionales. El resultado, medido a partir de los promedios de seis campañas agrícolas, mostró que la soja de primera rindió en promedio apenas el 41% respecto al sistema tradicional, la soja de segunda cayó en promedio al 24% y el trigo al 60%. Aunque se redujeron los costos en insumos, los márgenes también se achicaron considerablemente.
“Los menores gastos que puede tener un sistema de exclusión no alcanzan a compensar la disminución en el rendimiento. Por eso el margen bruto obtenido es menor”, explicó Andrés Llovet, técnico del INTA Pergamino.
La semana pasada el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) publicó la resolución 460, mediante la cual se flexibiliza la barrera sanitaria que separa a la Patagonia del resto del país, y que limita el comercio de carne y de hacienda producidas en la zona libre de aftosa con vacunación a esa región que goza del status de libre sin vacunación.
Eso significa que desde el viernes pueden entrar a la Patagonia cortes con hueso -como tira de asado, costillares o falda- procedentes de la región central y norte de Argentina.
Los productores patagónicos vienen defendiendo sus intereses y rápidamente reaccionaron a la desregulación que determinó el organismo conducido por Pablo Cortese, quien responde a Federico Sturzenegger, ministro que se jacta abiertamente de llevar adelante medidas que en nombre de la libertad muchas veces terminan afectado a la producción.
Los ganaderos del sur no se quedaron cruzados de brazos ante esto que consideran muy perjudicial, y ya presentaron un nuevo recurso administrativo ante Senasa para que quede sin efecto la resolución 460.
El gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, viajó a Brasil con el propósito de buscar nuevos inversores interesados en desarrollar los yacimientos de potasio presentes en la provincia cuyana.
Brasil es el cuarto mayor consumidor mundial de fertilizantes e importa alrededor del 85% de su consumo total, incluyendo el 95% de cloruro de potasio, un insumo esencial para cultivos como la soja, el maíz y la caña de azúcar.
En ese marco, Cornejo se reunió este lunes con el ministro de Agricultura y Ganadería de Brasil, Carlos Fávaro, para crear vínculos entre ambos países que permitan desarrollar la producción y exportación de potasio mendocino.
Actualmente, Brasil importa aproximadamente 12 millones de toneladas de fertilizantes potásicos al año, principalmente de Canadá, Rusia y Bielorrusia. La proximidad geográfica del país con Argentina representa una ventaja competitiva, ya que reduce significativamente los costos logísticos.
En las últimas dos décadas y media, la producción de maní en Córdoba experimentó un salto histórico: los rindes pasaron de 2.000 a más de 4.000 kilos por hectárea en caja.
En tiempos en los que se cuestiona el rol del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), vale decir que este avance no fue producto del azar, sino precisamente del resultado tangible de una articulación virtuosa entre el sector público y el privado, liderada por el INTA y empresas como Aceitera General Deheza (AGD).
Con un modelo de innovación basado en redes, el INTA promueve la interacción entre actores públicos y privados para dar respuesta a necesidades concretas del sector productivo. La clave: orientar la investigación hacia problemas reales y acelerar la llegada de tecnología al campo.
“Trabajamos con un modelo interactivo de innovación que nos permite vincularnos con empresas chicas, medianas y grandes”, señaló Juan Cruz Molina Hafford, director del Centro Regional Córdoba del INTA.
En 1962, Roque Luis Cassini (76) se recibió de abogado y comenzó a ejercer la profesión en una oficina de 10 metros cuadrados. Con esfuerzo, sacrificio y mucho trabajo, durante años, creció hasta tener un estudio de 45 abogados y 100 personas.
Con las utilidades generadas y crédito bancario fue comprando campos y hoy gerencia 8500 hectáreas en el oeste de Buenos Aires, en las que produce 16.000 toneladas de granos y 1,850 millones kilos de carne.
Actualmente, Cassini es el dueño de La Cassina, un campo de 5400 hectáreas en el partido de Guaminí, cercano a la laguna de Cochicó. Es la zona donde anteriormente se hacía invernada de novillos y que fue transformada en agrícola gracias a la soja y a la siembra directa. Actualmente desarrolla un planteo mixto combinando la agricultura con la cabaña y la recría e invernada de terneros.
En la zona los suelos son arenosos profundos, aptos para agricultura, reciben un promedio de 930 mm de lluvia anual distribuidos en forma pareja durante primavera, verano y otoño. El campo madre, La Cassina, tiene 5400 hectáreas, pero el productor gerencia otras fracciones, con las que suma 8500 hectáreas entre propias y arrendadas.