El anuncio de una inversión de 400 millones de dólares de Louis Dreyfus Company (LDC) para construir una nueva planta de procesamiento de girasol y soja en Bahía Blanca, es una noticia de alto impacto, mucho más que una noticia empresarial. Es una señal potente sobre el momento que atraviesa la Argentina y sobre el lugar que puede volver a ocupar en el mapa mundial de la agroindustria. Y encima, en un lugar emblemático, que sintetiza el ensamble entre la Vaca Viva y la Vaca Muerta.
Recuerdo haber estado en la inauguración del puerto de LDC en Bahía Blanca, hace unos veinte años. Allí, los directivos deslizaron que la intención era construir una planta de crushing. Pero se ve que el país no había generado las condiciones necesarias para desencadenar el proceso…
La nueva planta, que se integrará al complejo portuario y logístico que LDC ya posee en Bahía Blanca, tendrá capacidad para procesar 4.000 toneladas diarias de girasol o soja. Cuando entre en funcionamiento estará entre las mayores plantas de crushing de girasol del mundo y operará utilizando biomasa renovable proveniente de las propias cáscaras de girasol, reduciendo costos energéticos y las emisiones.
Tremendo: en la convergencia del gasoducto, el mensaje subraya la supremacía conceptual de la bioenergía. Que al gas lo usen como insumo de la petroquímica y no lo quemen como fuente de energía.
Nadie desembolsa 400 millones de dólares para aprovechar una oportunidad pasajera. Es una apuesta a la competitividad futura de la Argentina. El dato concreto es la gran cosecha de girasol del último año, basada en la genética y el manejo. Y la consolidación de la demanda asiática, en particular la India, una aspiradora de aceite vegetal y en particular de girasol.
La Unión Europea (UE) oficializó en las últimas horas la exclusión de Brasil de la lista de proveedores de carnes y miel por no haber entregado la información solicitada sobre la utilización de antimicrobianos en la producción ganadera.
De esta manera, el bloque europeo, a pesar del acuerdo de libre comercio firmado con el Mercosur, decidió avanzar con las sanciones hacia el gigante sudamericano, lo que podría implicarle un golpe de US$ 1.800 millones al país vecino.
Lo hizo a través del Reglamento de Ejecución 2026/1189, publicado a finales de la semana pasada, en el cual se derogan y modifican algunas normativas anteriores, entre ellas, cuáles son los países habilitados para exportar al bloque que no utilizan “determinados medicamentos antimicrobianos”.
El texto publicado detalló que “Brasil figura actualmente con una «X» para los bovinos, los equinos, las aves de corral, la acuicultura, la miel y las tripas. Sin embargo, la Comisión no ha recibido información que garantice que Brasil aplicó las medidas necesarias para garantizar el cumplimiento para el 3 de septiembre de 2026 de los requisitos establecidos en el artículo 3 del Reglamento Delegado (UE) 2023/905 para estas categorías. Procede, por tanto, suprimir la marca «X» para los bovinos, los equinos, las aves de corral, la acuicultura, la miel y las tripas del anexo en el presente Reglamento”.
De esta manera, el bloque europeo ratificó el borrador que dio a conocer a mediados de mayo y afectará un negocio que representa US$ 1.800 millones para Brasil de no poder modificar esta decisión.
Prácticamente, no hay ninguna voz dentro de la cadena de las carnes en Argentina que no diga que el negocio atraviesa uno de los vientos de cola más importantes de la historia para nuestro país.
Una demanda incesante, con una oferta no tan grande, ha llevado a que los precios que pagan los principales países importadores se disparen, al punto que recientemente alcanzaron un récord de casi U$S 7.000 la tonelada para los cortes vendidos desde Argentina.
En esa línea se inscribe la opinión de Georges Breitschmitt, presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA).
Recientemente llegado de China, donde el IPCVA acompañó a frigoríficos locales a consolidar negocios con el gigante asiático -principal cliente de la carne argentina-, Breitschmitt compartió con Infocampo una visión optimista sobre el presente y el futuro de la ganadería argentina.
Según el directivo, la actividad atraviesa una etapa de crecimiento que debe ser capitalizada con políticas de incentivo a la producción.
En este contexto, adelantó que el IPCVA tiene el foco puesto en la apertura de los mercados de Japón e Indonesia, y la consolidación de Estados Unidos, que está teniendo un “crecimiento impresionante”, de la mano del acuerdo de libre comercio firmado por la Casa Blanca con la Casa Rosada.