La semana cerró con pérdidas generalizadas para los precios de los granos en Chicago. El hecho bajista destacado lo aportó el miércoles el USDA al revelar un volumen de existencias de maíz estadounidense muy superior al previsto por los operadores, en un hecho que contagió el sentimiento bajista a la soja, por vía de la harina, y al trigo. Las buenas condiciones ambientales que se auguran para la nueva semana sobre el Medio Oeste de EE.UU. aportaron a las bajas por el beneficio que supondrán para el avance de la cosecha de los granos gruesos. En el mercado argentino las bajas también fueron generales, pero el trigo pudo sostener su nivel de precios algo mejor que sus “socios”.
Las exportaciones argentinas de trigo cerraron septiembre con un registro récord para esta altura del año y consolidaron un ritmo de embarques que permite superar los 16 millones de toneladas acumuladas en el ciclo 2025/2026.
De acuerdo con un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), durante septiembre se enviaron al exterior más de 1,05 millones de toneladas de trigo, un volumen que representa un crecimiento del 23% interanual y más que duplica el promedio de las últimas cinco campañas.
Con este desempeño, las exportaciones acumuladas de la campaña alcanzaron más de 16,2 millones de toneladas, el mayor volumen registrado hasta el momento para esta etapa del ciclo.
La campaña todavía tiene dos meses por delante y la BCR estima exportaciones totales por unos 18 millones de toneladas para el ciclo 2025/2026. De concretarse esa proyección, a fines de septiembre ya se había alcanzado más del 90% del objetivo.
El desafío estará ahora en colocar los aproximadamente 1,8 millones de toneladas restantes. El volumen es apenas inferior al remanente registrado el año pasado, pero representa el segundo mayor saldo para esta altura de los últimos 20 años.
La particularidad es que octubre y noviembre suelen concentrar menos de un millón de toneladas de embarques en conjunto, por lo que el ritmo exportador necesario para completar la proyección aparece por encima del comportamiento habitual para el cierre de campaña.
Los trigos están entrando a la etapa de encañazón en la zona núcleo con muy buen desarrollo. Sin embargo, en las próximas semanas enfrentan una etapa clave: el riesgo de ataques de fusariosis, la enfermedad de más difícil control en los cereales de invierno, que desarrolla si se enfrenta tiempo húmedo durante la floración. Los ataques de Fusarium aparecen ante condiciones de más de 80% de humedad ambiente, días nublados y temperaturas superiores a 24 grados centígrados. Es una afección que no se ve al principio, que se desarrolla en plena floración del trigo cuando las anteras están visibles.
“Las esporas del hongo, llegadas por aire, se depositan sobre las anteras, donde germinan y colonizan la flor. El desarrollo da blanqueamiento de espigas y aparición de masas rosadas sobre las estructuras florales”, indica un informe de Aapresid.
La infección puede generar fuertes caídas en los rendimientos y deterioro importante de la calidad del grano. Hay herramientas para conocer anticipadamente la posibilidad de ataques: los mapas de riesgo elaborados por el instituto de Clima y Agua del INTA permiten tomar la decisión de realizar uno o dos tratamientos con fungicidas protectores.
Es importante remarcar que el hongo causante de la enfermedad siempre está presente en la rotación al atacar también al maíz y a otros cultivos. Por otro lado, debido a las características del patógeno, no es posible el control después de la aparición de los síntomas. Por tal motivo, hay que hacer monitoreos, y si se detectan condiciones climáticas predisponentes para los ataques, se deberían hacer tratamientos preventivos con fungicidas.
Con los altos precios del trigo, es rentable gastar aproximadamente 16 dólares por hectárea entre producto y aplicación, para defender los cultivos”, aconseja un asesor agrícola que trabaja en Rufino.
El anuncio por parte del ministro de Economía, Luis Caputo, de la apertura del mercado japonés a la carne argentina para todo el territorio nacional, es decir que comprende la zona libre de aftosa con vacunación, representa un avance histórico para la cadena de ganados y carnes del país.
No solo porque representa el acceso a uno de los principales importadores de cortes vacunos a nivel global, por US$3100 millones anuales, sino porque se rompe con el antiguo aislamiento que tenía la Argentina al pertenecer al grupo de “países aftósicos”.
El criterio de desarrollar planes de vacunación de largo plazo con cobertura nacional y contar con un servicio sanitario que otorgue garantías de trazabilidad, como el Senasa, demuestra que, al final, los resultados se obtienen. Más allá de todas las cuestiones por mejorar, si se compara lo que representa la decisión del gobierno de Japón con lo que ocurrió hace 26 años cuando el país decidió ocultar la reaparición de la fiebre aftosa, el contraste es enorme.
Hace 20 años comenzaron las negociaciones con Japón para lograr la apertura y en los dos últimos años se aceleraron en el contexto de un gobierno que estaba dispuesto a dejar atrás los años de cuotas y prohibiciones para exportar. Fue el entonces secretario de Bioeconomía, Fernando Vilella, quien en julio de 2024 se reunió con Yoshimasa Hayashi, secretario de jefe de Gabinete del gobierno japonés, a quien le explicó que no había motivos para retrasar la apertura. Antes, la Argentina estaba cumpliendo una serie de pasos exigidos por las autoridades niponas para tomar la decisión final. A los pocos días, de regreso a Buenos Aires, a Vilella le pidieron la renuncia. Hayashi, en cambio, hoy es ministro de Asuntos Internos en el gobierno japonés. La vida pública tiene sus vaivenes.
Más allá de estas situaciones, queda por resolver la cuestión del negocio. Los especialistas explican que la Argentina tiene aranceles más elevados para ingresar que los principales proveedores de Japón, Estados Unidos y Australia. Es parte del déficit histórico del país que durante décadas ha tenido gobiernos refractarios a la firma de acuerdos de libre comercio.
La habilitación de Japón para que pueda ingresar carne argentina proveniente de todo el territorio nacional se hizo realidad, tal como anticipó Clarín Rural en este mismo espacio, y fue la novedad agroindustrial de la semana, por su importancia estratégica y porque las negociaciones llevaban 20 años.
El ministro de Economía, Luis Caputo, lo destacó especialmente. “Después de 20 años, Japón abre su mercado a la carne bovina argentina”, celebró en redes sociales, protagonizando el anuncio oficial como estratégico para el país.
Y e canciller Pablo Quirno ponderó que el entendimiento abre al producto local “un mercado de alta exigencia”. Japón es uno de los mayores importadores mundiales de carne vacuna. En promedio, adquiere alrededor de 500.000 toneladas anuales entre carne fresca y congelada, por un valor que supera los US$3100 millones.
Los detalles finales fueron abrochados por una comitiva público-privada integrada por Agustín Tejeda, subsecretario de Mercados e Inserción Internacional, María “Pilu” Giraudo, presidenta del SENASA, y Georges Breitschmitt, titular del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA).
Breitschmitt felicitó al gobierno nacional por este gran logro, y destacó que “se trata de un mercado de alto valor que presenta oportunidades para distintos productos de la industria frigorífica argentina, especialmente para la lengua bovina, uno de los productos más apreciados por los consumidores japoneses”.
La carne argentina libre de aftosa con vacunación fue habilitada para ingresar a Japón. En Tokio, habló el presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuan Argnentina (IPCVA), integrante de la comitiva público-privada que cerró los últimos detalles de una negociación que duró 20 años.La carne argentina libre de aftosa con vacunación fue habilitada para ingresar a Japón. En Tokio, habló el presidente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuan Argnentina (IPCVA), integrante de la comitiva público-privada que cerró los últimos detalles de una negociación que duró 20 años.
La próxima campaña de maíz se presentaba con muchos interrogantes. La variabilidad climática, la necesidad de ajustar costos y la búsqueda de mayor eficiencia obligaban a afinar cada decisión, desde la elección del híbrido hasta la estrategia de manejo.
En ese contexto, el Congreso Internacional de Maíz, que se realizó el 30 de septiembre y el 1° de octubre en el Centro de Convenciones Córdoba, volvió a reunir a productores, asesores, investigadores y empresas para analizar los principales desafíos del cultivo. Allí, SUPRA Semillas compartió experiencias y presentó materiales desarrollados para responder a distintos ambientes y objetivos productivos.
“Hoy no alcanza con buscar potencial de rendimiento. Cada ambiente tiene desafíos distintos y la clave pasa por elegir la genética adecuada para cada situación y acompañarla con decisiones de manejo que permitan expresar ese potencial”, señaló Justo MacLoughlin, gerente de marca de SUPRA Semillas.
Con más de veinte años de mejoramiento genético de maíz en la Argentina, SUPRA trabaja en el desarrollo de híbridos adaptados a los principales ambientes productivos del país, buscando combinar rendimiento, estabilidad, sanidad y calidad tanto en planteos agrícolas como ganaderos y lecheros.
La propuesta que SUPRA llevó al Congreso reunió cinco híbridos para diferentes ambientes, fechas de siembra y objetivos productivos. S 3972 VIP3, de ciclo intermedio, combina potencial de rendimiento, estabilidad, comportamiento sanitario, resistencia al vuelco y rápida tasa de secado; S 4450 VIP3 aporta alto potencial y estabilidad, con aptitud para producción de grano y silo; S 7510 VIP3 amplía la propuesta para ajustar la elección de genética a distintos planteos productivos; S 11-762 VIP3 es una alternativa de ciclo corto y doble propósito, para producción de grano o silo; S 19-120 VIP3 está orientado a siembras tardías, con foco en estabilidad y sanidad.
Con una larga carrera dentro de la gremial de Federación Agraria Argentina (FAA) que comenzó como vocal suplente en Oncativo, su lugar de origen, José Luis Careggio llegó esta semana a la segunda silla de la organización a nivel nacional: se convirtió en el flamante vicepresidente primero de la institución surgida del Grito de Alcorta.
“Es la responsabilidad más grande que me ha tocado hasta ahora”, admitió el dirigente en diálogo con Tranquera Abierta.
La entidad seguirá presidida por Andrea Sarnari, la primera mujer en conducir a Federación Agraria a nivel nacional. En la asamblea realizada en Rosario, Sarnari y Careggio sumaron más del 90% de los votos y lograron así un fuerte respaldo en el nuevo período. “La verdad que vimos durante todo este tiempo un fuerte respaldo a la conducción. Casi todos los meses o cada dos meses tenemos reunión de consejo directivo donde nos reunimos los directores de todo el país y uno ve en esas reuniones que hay un acompañamiento, hay un apoyo en las políticas gremiales de la institución que lleva adelante Andrea y su equipo, porque es realmente un equipo de trabajo”, destacó el productor de Oncativo.
Ya sobre el contexto en el que se desempeñan hoy los pequeños y medianos productores que representa mayoritariamente Federación Agraria, Careggio explicó que “los títulos son muy lindos, pero la realidad del productor no se condice con los récords y las grandes cifras. Y creo que el que no está involucrado en el sector agropecuario cree que el productor la está pasando muy bien y en realidad hay una distancia muy grande respecto a esos títulos. Porque el productor tiene una presión impositiva que lo pone muy al límite de la continuidad”, alertó el flamante vicepresidente de FAA.
En Brasil, las cuentas del campo también están bajo presión. El costo del financiamiento, los márgenes ajustados y las dificultades para afrontar las deudas fueron parte del diagnóstico que productores, empresas y especialistas discutieron durante el Festival Global de Agronegocios (GAFFFF), que concluyó este viernes en São Paulo.
Lo que ocurre en el campo brasileño permite mirar desde otro contexto una cuestión que también atraviesa la producción argentina: cómo financiar una campaña y cuánto pesa ese costo en el resultado. Según la estimación publicada por la Bolsa de Comercio de Rosario en su último informativo semanal, el 70% de los u$s 14.747 millones que demandó sembrar la campaña 25/26, provino de financiamiento de terceros. Corredores, acopios, cooperativas, proveedores y otros actores del circuito comercial aportaron la mayor parte de ese financiamiento.
Las tasas, los instrumentos y las políticas agropecuarias son diferentes para ambos países. Pero el debate brasileño permite observar cómo la combinación de alquiler y endeudamiento modifica las cuentas de un productor, y qué hacen las empresas para administrar ese riesgo.
Uno de los paneles abordó cómo el alquiler y el financiamiento pesan en las cuentas de los productores brasileños. Marcelo Pimenta, director de Serasa Experian, mostró un gráfico en el que se comparaba la evolución de los márgenes de dueños y arrendatarios, con y sin financiamiento, entre las campañas 2020/21 y 2024/25.
“Los márgenes de los productores en Brasil vienen cayendo de forma acentuada, sobre todo cuando dependen del financiamiento total de los costos, lo que evidencia mayor riesgo y volatilidad para quienes alquilan la tierra”, señaló el disertante.
El agua sobre la calzada, el arrastre de barro y piedras, y el deterioro de los pavimentos son algunos de los problemas que podrían profundizar un eventual fenómeno de El Niño en las rutas nacionales de Córdoba.
Frente a ese escenario, Vialidad Nacional comenzó a preparar su estructura antes de la llegada del período de mayores precipitaciones.
“El objetivo es anticipar los posibles efectos de las lluvias, minimizar los riesgos sobre la infraestructura y garantizar, en la medida de lo posible, la seguridad y la continuidad de la transitabilidad”, explicaron a La Voz desde el organismo.
Para definir las prioridades, el organismo realizó un relevamiento en sus 24 distritos. En Córdoba, ese trabajo permitió ubicar los puntos más vulnerables y establecer dónde deberán concentrarse las intervenciones.
En la provincia, ese diagnóstico sirvió para ordenar las intervenciones que se desarrollan sobre las rutas nacionales y establecer qué tareas deberán reforzarse frente al escenario climático previsto para el período 2026/2027.
También permitió identificar los lugares con antecedentes de anegamientos, erosión, socavación o dificultades para el escurrimiento del agua.
Mencionaron que “esos puntos quedaron incorporados a un esquema de seguimiento que se mantendrá durante los meses de mayores precipitaciones”.
A tan solo 200 metros de la chacra de la familia Ortega hay siete pozos de extracción de gas y petróleo. Es un paisaje al que los habitantes de Allen, en el Alto Valle de Río Negro, ya están acostumbrados. Pero frente al avance del paradigma petrolero, que desde hace años compite con la fruticultura por la tierra y, sobre todo, por la mano de obra, Julio Ortega decidió buscar una alternativa.
Hace casi dos décadas comenzó a producir maíz bajo riego para transformarlo en carne. En el camino incorporó servicios agrícolas para hacer más eficiente y rentable la operación y ahora avanza otro paso en la cadena: la comercialización directa de sus productos.
La chacra original fue levantada a puro esfuerzo por los abuelos de Ortega, que llegaron desde España expulsados por la guerra y la hambruna. Lo primero que hicieron fue emparejar el suelo con una rastra tirada por caballos para poder regarlo. Después llegaron los frutales: peras, manzanas, duraznos.
“Todo el valle es frutícola, pero la actividad viene decayendo desde hace varias décadas. Una de las principales razones es la falta de mano de obra, porque la fruticultura necesita mucha gente”, cuenta Ortega a Clarín Rural. En los últimos años, explica, la situación se agravó por la competencia del petróleo y por un cambio generacional. “Las chacras son en su mayoría chicas, de 10 o 12 hectáreas, y muchas quedaron abandonadas porque las nuevas generaciones se van a estudiar y no vuelven”.
La pregunta surge naturalmente: ¿cómo pueden competir las frutas o la ganadería con la poderosa industria de los hidrocarburos?
Para Ortega, ceder una finca para la extracción de petróleo y gas no representa necesariamente un negocio extraordinario para el propietario. El recurso del subsuelo no le pertenece y la compensación por permitir la actividad es, según describe, un alquiler que no siempre resulta significativo. A eso se suma una cuestión cultural y laboral. “Si querés trabajar con el petróleo te tenés que ir al desierto, a Vaca Muerta, Añelo. Es otra historia. En Allen no hay nada que hacer”, sostiene.