En los últimos tiempos se advierte una tendencia creciente a asegurar la trazabilidad y salubridad de los alimentos para los consumidores. En distintos países aparecen reglamentaciones y barreras que impiden el ingreso de determinados productos a mercados que abastecen el consumo humano y la nutrición animal. Exigencias de no deforestación y de ausencia de residuos de hormonas o productos antimicrobianos en carnes o granos son requeridos por los servicios de protección de los consumidores de muchos países. Un ejemplo de estas reglamentaciones es el reciente cierre de importaciones de carne brasileña a la Union Europea.
Nuestro país no corre un riesgo parecido al de Brasil porque el Senasa monitorea las partidas de carne que se exportan para detectar potenciales elementos objetables por parte de los compradores. No obstante, un reciente trabajo reveló la presencia de residuos de productos antimicrobianos en los suelos de feedlots comerciales de bovinos para carne de distintas regiones, donde se encontraron residuos de monensina, tetraciclina y otros antibióticos.
El informe indica que las concentraciones de antimicrobianos detectadas en los suelos fueron heterogéneas, pero, en términos generales, compatibles con las observadas en sistemas ganaderos intensivos de otros países. Sin embargo, también alerta que la detección relativamente frecuente de antimicrobianos de importancia crítica para la medicina humana en los suelos de feedlots argentinos contrasta con las tendencias observadas en programas europeos de vigilancia, donde políticas más estrictas de uso responsable han reducido la exposición ambiental. También advierte que los focos de contaminación pueden generar resistencia a los antimicrobianos en las bacterias del suelo, condición que luego puede trasladarse de manera cruzada a otros animales y a los seres humanos.
En un establecimiento de la Cuenca del Salado, una de las principales regiones de producción ganadera del país, la implementación de una iniciativa de institutos de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, y el IICA, mostró resultados sorprendentes.
Según informaron especialistas del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), con estrategias de mitigación se evitó la emisión de 7.400 toneladas de dióxido de carbono (CO₂) y aumentó la producción por vientre un 40%.
Los logros se obtuvieron a partir de la puesta en marcha del proyecto GANASUR que se desarrolla sobre la estructura cooperativa del Programa Cooperativo para el Desarrollo Tecnológico Agroalimentario y Agroindustrial del Cono Sur (PROCISUR),. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.
En el caso de Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Tal como explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, allí, "la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.
“Para los países del Consejo Agropecuario del Sur (CAS) aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”, sostuvo el técnico.
“No hay que encandilarse con las luces de Buenos Aires. La verdadera representación se construye en el territorio, con productores y sociedades rurales que trabajan todos los días”, expresó este fin de semana José Colombatto, al hablar en la Exposición Rural de Chajarí, en Entre Ríos. La frase del actual vicepresidente primero y uno de los más firmes candidatos a convertirse en líder de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) en 2027 blanqueó el malestar que existe en ciertos sectores de esa entidad ante el avance de la Sociedad Rural Argentina (SRA) sobre las famosas “300 rurales de base”. Ya hay al menos 60 de ellas que lucen una doble camiseta.
Los recelos de los dirigentes de CRA ante la avanzada de SRA sobre su estructura de sociedades rurales de base no es nueva, pero ha recrudecido en estos días en Entre Ríos por dos motivos. El más notorio es que, ni bien ganó la dura interna contra Marcos Pereda para ser reelegido por un nuevo mandato en la entidad de Palermo, Nicolás Pino envió una carta a las rurales entrerrianas agrupadas para ofrecerles un canal directo para gestionar a través de la propia SRA. “Tanto los recientemente designados directores de Acción Gremial como el equipo operativo del área se encuentran a disposición para acompañarlos, atender sus consultar y colaborar en las distintas iniciativas que lleven adelante”, decía la carta, que parece insulsa e ingenua, pero no lo es tanto.
La segunda “mojada de oreja” que habría molestado a los directivos de la Farer, la federación entrerriana que integra CRA, fue la decisión de Pino de realizar este martes 6 una nueva reunión de Comisión Directiva Ampliada y encuentro de socios de su entidad nada menos que en Gualeguaychú, el pago chico del actual presidente de esa entidad, Sergio Dalcol, y del mismísimo Colombatto.