La cooperativa AFA realizará este jueves 27 de agosto el 5º Congreso Nacional de Productores AFA 4.0, un encuentro que tendrá lugar en el City Center Rosario y reunirá a más de 1200 jóvenes de entre 18 y 40 años vinculados a la actividad rural. Este año el lema es "La ciencia de producir, el arte de adaptarnos", y el acceso es por invitación.
"En un contexto donde muchos dicen que los jóvenes no participan o no se quieren involucrar, nosotros pensamos este evento hace 5 años exclusivamente para ellos. Estamos convencidos de que cuando a la juventud se la convoca, se le dan herramientas y se hacen este tipo de eventos pensados y desarrollados para ellos, la convocatoria crece año a año", aseguró Darío Marinozzi, presidente de la cooperativa.
En diálogo con La Capital, el dirigente le contó que la agenda de temas, entre los que se destacan inteligencia artificial, contexto económico, recambio generacional y nuevos modelos de liderazgo, surgió "de un mix": de lo que pidieron los propios jóvenes que participaron el año pasado y la lectura de la cooperativa sobre lo que demandan las nuevas generaciones.
Además, adelantó que harán tres anuncios ese día: "En esta quinta edición vamos a estar presentando tres puntos importantes pensando sobre todo en esta generación". Si bien evitó dar precisiones, anticipó que "son tres proyectos pensados para esta generación: alguno con beneficio directo y los otros son propuestas muy positivas que creo que van a aprovechar muy bien". Uno de los proyectos, adelantó, apunta a lo que es educación y formación.
Don Benjamín es una de las empresas ganaderas de mayor trayectoria en materia de genética bovina, que hoy trabaja sobre una estructura de 7 estancias y 14 establecimientos. En total maneja unas 25.000 cabezas, con rodeos de Angus Negro y Colorado, Polled Hereford, Braford y Wagyu, además de su núcleo de pedigree.
Pero dentro de ese esquema hay una apuesta que la empresa inició hace 25 años y que hoy empieza a tomar una dimensión comercial diferente: el Wagyu. Don Benjamín fue uno de los pioneros en el desarrollo de la raza en Argentina y comenzó a trabajar con ella en 2001, a partir de la incorporación de embriones y luego mediante semen, avanzando durante los años siguientes en el proceso de absorción sobre Angus.
Ahora, la empresa se prepara para hace su primer remate de reproductores de la raza, que realizará bajo el martillo de Alfredo Mondino durante el mes de octubre. Y, entretanto, señalaron a Bichos de Campo cómo se estructura su planteo.
“Los primeros nacimientos de Wagyu se produjeron acá en Santo Tomás de la Sierra”, explicó Esteban Marín, administrador general de Estancias Don Benjamín. Hoy la empresa cuenta con unas 2.500 madres, de las cuales la mayor parte son animales 7/8, 15/16 y 31/32, con más de 97% de sangre de esa raza. Los reproductores utilizados son de pedigree y el objetivo, destacan, es seguir elevando el grado de pureza.
La apuesta tiene una explicación concreta: producir una carne de altísimo valor, caracterizada fundamentalmente por su capacidad para generar grasa intramuscular. “La raza tiene una calidad y un valor muy superior y distinto del resto”, señaló Marín. De hecho, en la escala japonesa de marmoleo, que va de 1 a 12, en Don Benjamín están obteniendo animales que se ubican normalmente entre 7, 8 y 9, aunque algunos individuos ya llegaron a 10 y 11.
“Con cualquier británico que hayamos probado nunca pasamos de 3, 4 y nunca vimos uno que esté por arriba de 5″, comparó.
La diferencia, sin embargo, no está en una alimentación exótica sino en el tiempo. El ternero Wagyu recibe un manejo similar al de las razas británicas, aunque con una terminación mucho más prolongada: se desteta entre los 5 y 7 meses, con unos 180 a 200 kilos, y luego atraviesa una recría sobre verdeos y pasturas. Alrededor de los 18 a 20 meses ingresa al feedlot, donde permanece entre 350 y 400 días.
Ese largo período es clave para que el animal pueda expresar su potencial genético. “El secreto es el tiempo”, resumió Marín, quien asegura que la dieta tampoco responde a una fórmula rígida y suelen trabajar con los ingredientes disponibles en cada región, buscando que la ganancia de peso sea sostenida y, especialmente, que la grasa no se coloree.
“Tratamos de mantener un ritmo de ganancia sostenida en el tiempo, sin altibajos, para favorecer que los adipocitos se desarrollen en forma uniforme”, explicó.
El resultado son animales de dimensiones poco habituales para la ganadería argentina. Si bien normalmente comercializan novillos terminados de 800 a 850 kilos, entre diciembre y abril llegaron a sacar animales de 900 kilos y registraron incluso un caso extremo: “La primera tanda grande que tuvimos, de 1.000 partos, llegamos a testear un ternero que nació con 18 kilos y lo vendimos con 950”, recordó Marín.
La empresa faena actualmente unos 500 novillos Wagyu por año y trabaja sobre todo el ciclo productivo. De hecho, su negocio no termina en el frigorífico, ya que Don Benjamín también es titular de Kobe Beef Argentina, la empresa que procesa y comercializa la carne con marca propia.
La estrategia apunta a un mercado de nicho, tanto local como internacional. Antes de la pandemia, aproximadamente 70% de la producción se exportaba y 30% se destinaba al mercado argentino. Actualmente la proporción se acercó al 50% para cada destino: la carne llega a España, Italia, Francia, Alemania, Suiza, Angola y Perú, principalmente a restaurantes y cadenas hoteleras vinculadas con el turismo de alta gama; y, en el mercado interno, se comercializa con la marca propia en unas 10 a 12 carnicerías boutique de Buenos Aires.
Los valores, desde ya, reflejan el diferencial del producto: Marín mencionó precios de alrededor de 70 dólares por kilo para el ojo de bife y de 50 a 60 dólares para la entraña, que pueden superar ampliamente a los de los cortes vacunos tradicionales.
La empresa también está dando un nuevo paso en genética. Este año realizará su primer remate de reproductores Wagyu, con unos 50 toros y 50 vaquillonas, previsto para octubre. Después de años de comercializar principalmente semen y embriones, Don Benjamín decidió comenzar a ofrecer animales en pie para ampliar la base productiva de la raza.
“El que tiene que entrar en esto tiene que pensar una escala a largo plazo para ir armando bien todos los pasos”, advirtió Marín. La apuesta, en definitiva, es transformar una genética diferencial en un negocio ganadero completo: desde la cría y la recría hasta un engorde de más de un año, la faena y la comercialización de una carne premium bajo una marca propia.
Bichos de Campo – Nicolas Razzetti
La ganadería y el bosque nativo no necesariamente tienen que avanzar por caminos separados. Con planificación y manejo, ambos pueden convivir dentro de un mismo establecimiento, y esa es la idea que impulsa una iniciativa que ya se pone en práctica en distintas regiones del país.
Especialistas del INTA trabajan en la elaboración de 40 planes de Manejo de Bosques con Ganadería Integrada (MBGI) en establecimientos de 12 provincias. La propuesta busca fortalecer la producción ganadera sin perder de vista la conservación de la biodiversidad y los servicios que brindan estos ecosistemas.
La iniciativa surge de una Carta Acuerdo entre el INTA y la FAO, con la búsqueda de reducir la deforestación y la degradación de los bosques nativos mediante un manejo sostenible.
El enfoque MBGI organiza el aprovechamiento ganadero y forestal dentro de un mismo establecimiento según las características de cada ambiente. Entre sus beneficios se encuentran una mayor fijación de carbono, la conservación de la biodiversidad y una mejor capacidad de respuesta frente a períodos de sequía.
También permite avanzar hacia sistemas compatibles con requisitos ambientales de mercados internacionales. Para Pablo Peri, coordinador del Programa Forestal Nacional del INTA, la iniciativa permite llevar a los establecimientos más de dos décadas de conocimientos y soluciones tecnológicas generadas por el organismo.
La genética Angus marcó un nuevo hito en el mercado argentino. Durante el remate de Cabaña Santa Rosa, de la familia Bellocq, realizado en Tres Arroyos, se concretó la venta del 50% de la propiedad del toro “Álvaro” en $ 300 millones, un valor que constituye un récord para la ganadería nacional.
Álvaro es un reproductor de genética propia de Cabaña Santa Rosa, hijo de “Mateo” y de una vaca perteneciente a la nueva generación del plantel de donantes de la cabaña.
Su destacada performance en las principales pistas de la raza durante 2026 contribuyó a posicionarlo como uno de los toros Angus más valorizados del año: fue Gran Campeón Macho Colorado en la última Exposición Angus de Otoño y obtuvo el premio de 3° Mejor Toro en la última Exposición Rural de Palermo.
De esta manera, logró dos de los principales reconocimientos en las dos exposiciones nacionales más importantes de la raza realizadas en lo que va del año.
La operación que tuvo como consignataria a Campos y Ganados, de Oscar Subarroca, con el martillo de Manolo Lanusse, representa un valor de aproximadamente US$ 200.000 por el 50% del reproductor, lo que permite dimensionar la magnitud alcanzada por la transacción.
Como referencia, durante 2025 Select De Bernardi había adquirido el toro Brangus “Mafioso” en US$ 180.000 también el 50%, en otra de las operaciones de mayor valor registradas en la genética bovina argentina. En el caso de Álvaro, los US$ 200.000 corresponden exclusivamente al 50% de la propiedad.