En la noche de ayer el presidente Donald Trump habilitó de manera temporaria un nuevo cupo de importación de carne vacuna magra libre de aranceles con el propósito de intentar reducir el precio interno de ese alimento básico.
La nueva cuota de emergencia solo se aplicará durante 90 días, contados a partir del 1 de septiembre de 2026, y tendrá un volumen total de 300.000 toneladas, las cuales estarán disponibles a razón de 100.000 por mes.
Cuando la semana pasada se hizo el anuncio de la medida que se instrumentó hoy, aparecieron amplias sonrisas en los rostros de muchos integrantes de la comunidad cárnica argentina, pues todo indicaba que el país podría participar de la iniciativa.
Sin embargo, con la “letra chica” de la resolución llegó una sorpresa desagradable, ya que se indica que la nueva cuota solo estará disponible para “otras regiones o áreas”.
En el sistema arancelario de Estados Unidos (HTSUS por sus siglas en inglés), la categoría “otros países o áreas” hace referencia a cualquier país exportador que no disponga de una cuota individual propia asignada de forma exclusiva.
Eso implica que la Argentina, como tampoco Uruguay, Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido, pueden acceder a la nueva cuota temporaria, la cual parece estar diseñada específicamente para Brasil.
La confianza de los productores agropecuarios registró una leve caída en la medición julio-agosto del Ag Barometer Austral, que elabora el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, al ubicarse en 147 puntos, un 2,7% por debajo de los 151 puntos de mayo-junio.
No obstante, a pesar de esta disminución, el indicador continúa en niveles históricamente elevados y se mantiene cerca del máximo de 158 puntos alcanzado en noviembre de 2025. En términos interanuales, registra un crecimiento del 15,7%, al pasar de 127 a 147 puntos.
“La moderada caída del índice refleja una mayor cautela sobre la situación presente, pero no implica un cambio en las expectativas de fondo. El productor mantiene confianza en el futuro y, al mismo tiempo, administra con mucho cuidado sus recursos y selecciona dónde y cuándo invertir”, resumió Carlos Steiger, director del Ag Barometer Austral e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
De manera puntual, el Índice de Condiciones Presentes cayó un 4%, de 125 a 120 puntos, principalmente por el deterioro del 10% en la Situación Financiera Actual, que pasó de 123 a 111 puntos.
En contraste, las Expectativas de Inversión en Activos Fijos aumentaron un 1,5%, de 126 a 128 puntos, alcanzando su máximo histórico.
A su vez, el 64% de los productores considera que es un buen momento para realizar inversiones importantes, aunque solo el 61% de ese grupo prevé concretarlas rápidamente: esto implica que aproximadamente el 39% del total de los productores planea efectivizar inversiones en el corto plazo.
Hace apenas unos meses, cuando Bichos de Campo contó que el Programa de Ganadería Regenerativa Sudamericana (SARA) había logrado emitir sus primeros créditos de carbono verificados, quedaba pendiente una pregunta bastante concreta: ¿cuánto de todo ese nuevo mercado terminaría efectivamente en el bolsillo de los productores?
Ahora apareció una primera respuesta. Ruuts, la plataforma que impulsa aquella iniciativa junto con Ovis 21 y Anthesis, informó que en el primer ciclo de comercialización ya se vendieron, cobraron y repartieron 1,2 millones de dólares provenientes de la venta de esos créditos. Para los productores involucrados, esa primera etapa representó un ingreso promedio de 27 dólares por hectárea.
La noticia se conoce meses después de que SARA alcanzara la primera emisión de créditos de carbono verificados (VCUs) por la entidad auditora Verra, bajo la metodología VM0042. En aquel momento se habían certificado más de 200.000 toneladas de carbono capturadas a partir de cambios en el manejo ganadero, pero todavía no había datos concretos sobre su comercialización ni sobre cuánto recibirían los productores.
La novedad es que una parte de los más de 200 mil créditos verificados (209.244 para ser exactos) ya encontró comprador y comenzó a generar ingresos. El resto, según informó Ruuts, permanece disponible para su comercialización.
“Los créditos de carbono son el catalizador de un cambio que venimos impulsando hace más de 17 años en la producción ganadera Sudamericana. La ganadería regenerativa tiene tantos atributos que tarde o temprano se volverá la norma, pero creemos que este hito va a transformar un crecimiento orgánico en uno exponencial porque la humanidad así lo necesita y está dispuesto a pagarlo”, afirmó Pablo F. Borrelli, CEO de Ruuts.