En las últimas campañas, el sorgo volvió a ganar espacio en los planteos agrícolas argentinos.
De acuerdo con un relevamiento realizado entre socios de distintas Regionales de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), la superficie nacional se ubica históricamente entre 700.000 y 800.000 hectáreas, con picos cercanos al millón en contextos puntuales, como ocurrió tras los problemas sanitarios que afectaron al maíz en la campaña 2023/24.
Si bien el cultivo continúa relegado frente a soja y maíz en ambientes de alto potencial, su presencia se consolida en zonas marginales y en planteos mixtos, donde la estabilidad productiva y la rusticidad se vuelven atributos centrales.
En este contexto, las Regionales de Aapresid, como espacio de intercambio técnico entre productores de punta y referentes locales, cumplen un rol clave en compartir experiencias, ajustar manejos y reducir la incertidumbre en torno a un cultivo que aún tiene margen para crecer.
Juan Pablo Caliccio, ingeniero agrónomo y productor de la Regional Del Campillo, en el sur de Córdoba, asesora productores desde hace 14 años y viene incorporando sorgo en sus planteos desde hace varias campañas.
“Salamaq” es el nombre de una feria agropecuaria que se realiza todos los años en España. Como su nombre lo insinúa, la misma se hace en el predio ferial de Salamanca, ciudad icónica de la tradición universitaria y eje de grandes debates.
A solo 15 minutos del centro de la ciudad construida principalmente en piedra de Villamayor, la Comuna posee un sitio ferial en la zona donde el campo empieza a mostrar lo suyo. Se trata de un predio bastante similar a las proporciones que puede tener el de la Sociedad Rural Argentina en Palermo, lugar que muchos productores argentinos conocen, o al menos les es familiar.
Justamente, alguien que pisa seguido los pabellones y la arena de Palermo se volvió habitué de los campos salmantinos y ya es referencia de la genética bovina argentina en suelo español: se trata de Ricardo Cantarelli, uno de los dueños de la primera cabaña criolla en suelo europeo.
“EuroArgen es una cabaña con filosofía argentina: si bien mi socio es español, me ayuda un ingeniero y un veterinario que son argentinos. Nosotros promovemos la argentinidad”, definió Cantarelli.
Nacido en Bahía Blanca, comenta y define a la ciudad del sur bonaerense como un sitio más que peculiar: cuna de ídolos deportivos y sinónimo del mejor básquet argentino, pero también fuera de ese ámbito. Un poco a modo de broma, pero sin dejar la seriedad, muestra orgullo de haber ido al mismo colegio público que uno de los nóbeles argentinos, César Milstein. El químico, también bahiense, recibió el premio Nobel de Medicina en 1984.
Se viene el momento de planificar la campaña argentina de granos finos 2026/2027 y la demanda de fertilizantes está virtualmente paralizada por relaciones de precios horribles.
Las recientes precipitaciones mejoraron la condición hídrica y promovieron un mejor humor entre los empresarios agrícolas, pero los precios del cereal siguen perdiendo competitividad en términos relativos.
“La variable dominante hoy no es el clima, sino la ecuación económica. Las relaciones insumo/producto, particularmente en trigo, se ubican en percentiles históricamente altos, lo que tensiona el margen esperado y reduce el incentivo a adelantar decisiones de compra”, señala el último informe de la consultora IF Ingeniería en Fertilizantes.
La cuestión es que los precios de los fertilizantes presentes en el mercado argentino no están reflejando la situación presente en el ámbito internacional porque, ante la escasa demanda, no existen margen para trasladar a los valores mayoristas los precios de reposición de los nutrientes.
“El precio local de la urea granulada aparece significativamente atrasado frente al costo teórico de reposición. Sin embargo, esa señal técnica no activa demanda inmediata. El productor observa la relación urea/trigo y percibe mayor probabilidad de mejora relativa vía baja del insumo, suba del grano o ajustes macroeconómicos”, señala el informe.
Por Jesús María Silveyra.
Trataré de explicar brevemente por qué razón el “recupero del IVA de exportación” es todavía una odisea para los exportadores en general y las pymes en particular, con los consiguientes perjuicios económicos generados por las demoras en obtener la conformidad de su devolución y el pago.
Perjuicios que, en muchos casos, eliminan el margen de rentabilidad de las exportaciones, sean estas de productos agropecuarios u otros bienes y servicios. Esto desalienta a los exportadores pequeños y medianos; provoca, sin quererlo, la concentración de las exportaciones en pocas manos y elimina la motivación para la búsqueda de negocios en el área de comercio exterior que posibiliten el crecimiento de las empresas.
La cuestión es muy fácil de visualizar y para ello voy a poner como ejemplo la exportación de granos. El exportador compra el grano pagando por ejemplo el 10,5% de IVA (5,5% que le abona al productor que se encuentra ubicado en la categoría 1 del SISA y el 5% que le retiene y abona directamente al Fisco). Posteriormente, al recibir el grano en el puerto abona fletes, gastos de entrega, almacenaje, elevación y distintos servicios que se efectúan al momento de realizar el embarque, con una tasa del 21% del IVA.
Esta suma de Impuesto al Valor Agregado que debe abonar, generalmente, es mucho más grande que el margen que deja el negocio en sí mismo, al que debe deducirse el costo financiero por pagar el impuesto, más la probable diferencia de cambio que existe desde el momento en que se pide el recupero del IVA hasta su cobro, pese al interés irrisorio que reconoce el Estado. Es bien claro que, cuanto más se demora en devolver el IVA al exportador, más onerosos resultan estos cargos financieros y cambiarios.
En medio de una campaña que volverá a poner a prueba la logística del principal nodo exportador del país, el gobierno de Santa Fe anunció un cambio en el sistema de ingreso de camiones a los puertos del Gran Rosario. La medida, presentada como una evolución del sistema Stop, pasará del cupo diario al cupo horario obligatorio, con control digital y sanciones para quienes no respeten la franja asignada. Transportistas, exportadores y acopiadores coinciden en que el esquema actual estaba desbordado y que hacía falta un cambio, aunque advierten que la verdadera prueba será cuando el sistema funcione en plena cosecha gruesa.
El nuevo sistema comenzará a regir el 16 de marzo en una etapa inicial sin sanciones y desde el 15 de abril habrá fiscalización plena. El objetivo oficial es ordenar el tránsito pesado en la región, reducir la congestión en rutas y accesos y dar mayor previsibilidad a la descarga en las terminales portuarias del cordón industrial. A diferencia del modelo actual, basado en cupos diarios, el nuevo mecanismo establece franjas horarias específicas. Cada terminal portuaria cargará en el sistema la cantidad de turnos disponibles según su capacidad de descarga y el transportista saldrá desde origen con un horario asignado, similar a un turno médico: día y hora exacta de presentación.
Además, habrá retenes ubicados aproximadamente a 30 kilómetros de las terminales. Solo podrán avanzar quienes tengan turno y con un máximo de dos horas de anticipación. Quien transgreda ese límite podrá ser fiscalizado y sancionado.
Según lo anunciado por la provincia, el control será digital, con interoperabilidad de sistemas y herramientas de inteligencia artificial para cruzar datos, detectar incumplimientos y vincularlos con la carta de porte.
La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de elevar hasta el 15% el arancel general bajo la Sección 122 de la Trade Act de 1974, que habilita a los mandatarios norteamericanos a imponer medidas comerciales transitorias, encendió una señal de alarma entre los sectores exportadores, que ahora enfrentan 150 días de incertidumbre hasta que el Congreso norteamericano defina si convalida, modifica o deja caer la medida. La preocupación no solo pasa por el impacto económico inmediato, sino por el cambio de cuadro jurídico tras el reciente fallo de la Corte Suprema estadounidense que limitó el uso de la ley de emergencia invocada originalmente por la Casa Blanca.
La proclamación oficial menciona un 10%, pero el propio Trump anticipó el fin de semana que lo elevaría al 15%, el máximo permitido por la Sección 122 de la Trade Act, una herramienta que habilita aranceles por emergencia económica por un plazo acotado de 150 días. A diferencia del intento anterior, sustentado en la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) de 1977 —que quedó sin efecto tras el fallo judicial al recordar que “regulation is not taxation”—, la Sección 122 sí prevé explícitamente la posibilidad de imponer aranceles, aunque de manera transitoria y sujeta a negociación con el Congreso.
Fernando Landa, presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), dijo a LA NACION que “será una aplicación generalizada a todos los países de un arancel por la Sección 122″ por lo que indica la proclama de la administración Trump". El 15% es el máximo posible según esa ley y regirá por 150 días; luego deberá renegociar con el Congreso. Según detalló, “la lista inicial de excepciones incluye posiciones de carne bovina, yerba mate y té verde y negro, mientras que oro y petróleo, principales envíos argentinos a EE.UU., continúan excluidos".
No ocurre lo mismo con limones, miel, vinos y aceite de oliva, entre otros productos, que en principio quedarían alcanzados por el nuevo arancel, de acuerdo con Landa. En el caso de la carne bovina, algunas posiciones figuran entre las excepciones. Sin embargo, el interrogante gira en torno a cómo jugará el nuevo esquema frente a los acuerdos vigentes ya en la cuota de exportación.
El dato económico de la semana que alegró al Gobierno tuvo como base un logro del campo. Se trata del 4,4% de crecimiento de la economía argentina en 2025, difundido por el Indec a partir de su Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE). Según las autoridades económicas, la cosecha récord de trigo fue la gran impulsora de esa cifra.
“Se destacó Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con un salto del 32,2% interanual, impulsado por una cosecha histórica de trigo, tanto en volumen —el mayor de la serie— como en rendimiento promedio, 50% superior al de las últimas cinco campañas”, señaló la información oficial.
Enhorabuena por el reconocimiento al campo y su aporte al crecimiento del país, porque en ocasiones anteriores se decía que el campo no agregaba valor y que era una “actividad primaria”.
Claro que la estadística tiene sus bemoles. Como se sabe, los 27,5 millones de toneladas de la cosecha de trigo se lograron, en gran parte, por las condiciones climáticas favorables en la mayoría de las regiones agrícolas del país. Principalmente, la humedad de los suelos fue óptima en el momento de la siembra, especialmente en las zonas no eminentemente trigueras.
Aún así, con pocas señales, como la baja temporal de los Derechos de Exportación (DEX), que luego fue permanente, el campo respondió al incentivo e incrementó en 400.000 hectáreas el área sembrada con el cereal.
Por José Gandini y Agustín Bilbao.
La campaña 2025/2026 en la zona Mar y Sierras estuvo marcada por una combinación muy particular: un invierno muy llovedor que permitió recargar perfiles, dos heladas en octubre y un verano marcadamente seco. Entre junio y noviembre pasado se acumularon alrededor de 470 mm en la zona costera de Necochea. Sin embargo, luego diciembre aportó apenas 27 mm, enero 12 mm y febrero 39 mm, sumando 78 mm frente a un promedio histórico de 206 mm para esos meses. Es decir, una de las sequías estivales más fuertes de los últimos 40 años.
El impacto no fue uniforme. El invierno permitió recargar muy bien los suelos profundos y bien manejados, que luego hicieron uso de esas reservas durante el verano. En cambio, en suelos someros con presencia de tosca la capacidad de almacenaje es mucho menor y el estrés hídrico se manifestó con mayor intensidad, aun habiendo planteado estrategias defensivas como siembras tardías y esquemas variables buscando estabilidad y pisos de rendimiento.
Un factor que jugó parcialmente a favor fue la menor demanda atmosférica, ya que hubo pocos días de temperaturas extremas, reduciendo la evapotranspiración y permitiendo que muchos cultivos soportaran mejor la falta de lluvias.
En campañas con inviernos más secos, el girasol llegó a rendir entre 2,1 y 2,6 t/ha, pero este año, con mejores reservas iniciales, es posible sostener rindes cercanos al promedio histórico en esos ambientes.
Desde el punto de vista sanitario fue un año tranquilo. Se observó roya negra en la mayoría de los lotes, aunque de aparición tardía y sin impacto en rendimiento, y baja incidencia de phomopsis. El cancro, que en otros años puede alcanzar incidencias muy altas, este ciclo se ubicó en niveles bajos.
Por Ignacio Iriarte.
El comienzo del año para el mercado de la carne se vio tensionado por una demanda de faena más corta de lo habitual, con 150 mil toneladas menos que en 2025 y por los precios que siguen en aumento, los más altos de las últimas siete décadas.
En los años recientes, la faena diaria (faena mensual/días hábiles) tocó un mínimo de 50.800 cabezas por día en 2017 (año de recomposición del rodeo vacuno) y un máximo de 58.700 cabezas por día en 2023, año de liquidación a causa de la seca.
Durante 2025, con una faena de 13,6 millones de cabezas, el promedio diario fue de 55 mil cabezas; pero, a partir de septiembre último, este índice cayó sensiblemente, para promediar en el último cuatrimestre del año unas 54.700 cabezas diarias, un 7% menos que en igual período del año anterior.
En enero del 2026, la faena cae a sólo 48.300 cabezas/día, un 8% menos que en enero del año pasado, y esta tendencia fuertemente bajista se sostiene en el mes de febrero que está terminando.
En números absolutos la faena mensual, que fue de 13,9 millones de cabezas en 2024, cayó a 13,6 millones (2,5%) en el año 2025 y caería a 13,0 millones durante el corriente año.
La producción de carne, moderada en su caída por la mejora en el peso medio por animal faenado, podría caer menos que la faena, totalizando en el 2026 los tres millones de toneladas, unas 150 mil toneladas menos que en 2025.
El cambio de modelo en la siembra de granos comienza a tomar forma en la Argentina con el objetivo de mejorar el cuidado del suelo y ser sustentables a lo largo del tiempo. Uno de los impulsos viene desde La Pampa.
Una agronomía regional, con base en General Pico, que trabaja sobre una superficie arrendada de 73.000 hectáreas, fundamentalmente basado en el girasol, propone otro modelo de alquileres frente al desgaste que suele provocar el esquema de contratos anuales. La empresa, Pelayo Agronomía, impulsa una estrategia basada en ampliar los plazos de arrendamiento con los productores y realizar un seguimiento continuo del estado de los suelos, todo bajo la certificación que constaten el procedimiento.
“Los rendimientos de girasol están planchados hace 20 años. Esto tiene que ver con una degradación del suelo, como consecuencia del régimen de tenencia y uso de la tierra, y con el contexto político-económico (de las últimas décadas), describió Fernando Herzel, gerente de Producción de Pelayo.
Y advierte que se alcanzó “un nivel preocupante, porque una batería muy grande de tecnologías que funcionan (fitosanitarios, semillas, fertilizantes), el crecimiento genético que es real, en el campo no pueden expresar su potencial, porque el suelo está detonado”.
Esta situación lo llevó a invitar a propietarios de campos que alquila a producir en un esquema que propone contratos de arrendamiento de 3 años y certificación de las condiciones de suelo y del proceso de producción.
La Reserva, un campo familiar con más de 100 años de historia, ubicado a unos 15 km al sur de Catriló, es uno de los que se integró a esta iniciativa, que fue presentada a productores, técnicos y empresarios, días atrás.