En el corazón del Chaco, donde la lluvia se mide en gotas y cada decisión cuenta, un productor decidió ir por otro camino. Terrazas que cuidan el suelo, colmenas que revelan el equilibrio del ambiente y un modelo de trabajo que piensa más allá del rinde inmediato. La historia de Juan Carlos “Teddy” Cotella es la de alguien que entendió que producir también puede ser una forma de cuidar.
Los números hablan de un sistema sólido: 25 años como productor, 8500 hectáreas en producción agrícola, de las cuales 4194 están certificadas bajo rotaciones de soja (1019 ha) y maíz (3175 ha), además de trigo, garbanzo, colza, girasol y cultivos de cobertura. A eso se suman 550 hectáreas de reserva natural y 150 colmenas. Pero, detrás de cada cifra, hay una historia que empezó mucho antes.
Ingeniero agrónomo de formación, Cotella transitó primero el mundo corporativo del agro. En 1989 se instaló en Salta para trabajar en una empresa del sector, donde permaneció hasta 1997. Sin embargo, hacia 2001, entre la crisis económica y decisiones empresariales que chocaban con sus valores, resolvió cambiar de rumbo. “Fue el momento de repensar mi vida personal y profesional”, recuerda.
En el presente año la región CREA Sudoeste llevó a cabo un ensayo pionero sobre remolacha forrajera para evaluar el potencial y la viabilidad económica de ese recurso en los sistemas ganaderos de la zona.
En dos ambientes contrastantes de las localidades de Ventania y Gral. Lamadrid se sembró la variedad de remolacha azucarera Josina Smart KWS con una densidad de siembra objetivo de 105.000 a 110.000 plantas/ha y una distancia entre hileras de 0,52 metro.
En el sitio de Ventania el crecimiento fue importante y sostenido durante la primavera y comienzos del verano gracias a las buenas precipitaciones ocurridas en el mes de noviembre (146 milímetros). Pero la falta de recarga hídrica en enero y febrero, junto a la elevada demanda atmosférica, limitaron el crecimiento hasta el otoño. Por otro lado, esas condiciones favorecieron la aparición de isocas y arañuela, lo que generó algunas mermas adicionales en la biomasa aérea del cultivo.
El segundo pico se registró hacia fines del otoño, luego de las precipitaciones de marzo y la ocurrencia de temperaturas moderadas, que permitieron la recomposición de la biomasa aérea de la remolacha.
El té de especialidad, también conocido como gourmet o artesanal, es aún un camino incipiente para algunos establecimientos tealeros de Misiones. Combinado con el turismo rural, esta actividad abre un nuevo horizonte. La posibilidad de ser anfitriones en sus chacras transforma una visita en una experiencia única, tanto para los apasionados del mundo de las infusiones como para quienes se acercan motivados por la curiosidad en torno a esta producción regional.
Desde Leandro N. Alem, un municipio de la zona centro misionera, Akasha Tea logró consolidarse como un referente en la producción de té de especialidad argentino y en el desarrollo del turismo rural asociado a esta infusión. Su creadora, Adriana Yañez, dialogó con Bichos de Campo sobre el origen del proyecto, el delicado proceso de elaboración de sus tés, el auge de los blends, los desafíos de cada nueva zafra y el posicionamiento que comienza a ganar el té argentino en este segmento.
En una provincia históricamente ligada a la producción tealera, donde durante décadas predominó un modelo industrial orientado principalmente a la exportación a granel, el crecimiento del té gourmet abrió una nueva oportunidad para los pequeños productores. En ese camino, Yañez fue precursora con Akasha Tea, un emprendimiento nacido en 2009 y que hoy es sinónimo de calidad e innovación en el universo del té argentino.
Las exportaciones de productos lácteos crecieron 19% en valor totalizando ingresos por u$s1.353 millones en los primeros diez meses del año, según informó la Dirección Nacional de Lechería de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca.
El área gubernamental reveló que los envíos al exterior de lácteos registraron una suba del 19% en valor y 14% en litros equivalentes, entre enero y octubre.
Con la suba del volumen exportado en el periodo analizado, la cifra alcanza 2.471 millones de litros de leche. A su vez octubre es el mes en el que más toneladas se exportaron desde diciembre de 2013, con 47.778 toneladas vendidas.
Además, la información oficial destacó que “la recuperación es considerablemente significativa en octubre, respecto al mismo mes del año anterior”, precisando que “se trata de un aumento del orden del 29% en litros equivalentes y 26% en valor”.
La exportación de aceites vegetales de Argentina alcanzó en los primeros once meses de 2025 el volumen más alto en lo que va del siglo y un país asiático se consolidó como principal destino, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
De enero a noviembre los embarques sumaron 7,12 millones de toneladas de aceites vegetales, récord histórico debido básicamente a las ventas de aceite de soja y de girasol.
La investigación de Franco Pennino, Matías Contardi y Emilce Terré señala que el crecimiento se debe a factores internos y externos: la reactivación productiva local, problemas de oferta en la región del Mar Negro y tendencias internacionales como el aumento de participación de los biocombustibles.
El desempeño sobresaliente de la industria aceitera argentina se refleja tanto en el volumen embarcado como en el aporte de divisas. Las ventas conjuntas de aceite de soja y girasol representaron en 2025 la segunda mayor participación del siglo en el total de exportaciones argentinas, con 10,4% del total, solo inferior al pico de 2021 (10,7%. Las exportaciones de aceite de girasol sumaron 1,43 millones de toneladas hasta noviembre, la cifra más elevada del siglo para igual periodo, y las de aceite de soja 5,69 millones de toneladas.
Con la mirada puesta en dar abastecimiento a los requerimientos del mercado de consumo y las energías renovables, desde la firma Nufarm buscaron darle mayor potencia a su mensaje para los productores agropecuarios argentinos.
¿La emisora? Nada menos que la Global General Manager de la firma, Rachel Palumbo, quien dejó por unos días Australia y recibió a Infocampo para un diálogo en uno de los tantos hoteles del centro porteño.
Palumbo asegura que “nunca se propuso” lograr una carrera en la agricultura, pero hoy lidera una de las firmas insignia en producción de semillas en cultivos como el girasol, sorgo, carinata y colza. Su familia, sin embargo, producía hortalizas y abastecía al comercio mayorista.
“Por eso siento que tengo una buena empatía y comprensión de lo que es ser una familia agrícola, lo cual es muy único”, remarcó.
“Creo que soy capaz de llevar esa perspectiva cada día a mi trabajo”, sostuvo. Licenciada en el área de los negocios, estudió también derecho. Además, sumó un máster en comunicación.
El carbono es mucho más que un gas de efecto invernadero: es el corazón del suelo productivo. La mitad de la materia orgánica del suelo está compuesta por carbono, y cada punto que logramos aumentar se traduce en menos CO2 en la atmósfera y mayor salud del suelo.
Pero a su vez, este elemento tiene impactos directos en la productividad: estudios en Argentina que reportan que por cada 1% de aumento en la MO los rindes de maíz pueden crecer hasta 12 qq/ha, mientras que, en soja, en la región centro de Santa Fe, los incrementos llegan a 3,3 a 4,3 qq/ha”, explica Florencia Moresco, coordinadora de la Red de Carbono de Aapresid.
En este contexto, Moresco subraya que “es posible incrementar la captura de carbono con 4 prácticas concretas y al alcance del productor”. La primera de ellas: la Siembra Directa (SD). “Esta práctica reduce la oxidación de la materia orgánica y favorece la formación de agregados biológicos estables y las investigaciones muestran que su uso continuo permite alcanzar incrementos de carbono orgánico del suelo (COS) de entre 0,3 y 1 tn C/ha/año en los primeros 20 cm del perfil”, explica.
Sin embargo, Moresco advierte sobre el impacto negativo de las labranzas ocasionales sobre esta tendencia: “cada vez que se interrumpe el ciclo continuo de SD, se pierden los beneficios que al sistema le llevó hasta 20 años consolidar”.
Una ternera de la raza Brangus se vendió en $105 millones por el 33% en el marco de la 5ta. edición del remate “Esencial – Genética de Excelencia”. La hembra, de Los Guasunchos, fue adquirida por la cabaña La Victoria, de Zeni. También hubo otros valores destacados, según informó la casa consignataria Colombo y Magliano.
La subasta se realizó el jueves pasado en la Sociedad Rural de Corrientes y puso a disposición de los compradores “el corazón de 9 importantes programas genéticos de las razas Braford y Brangus”. Participaron participan siete cabañas argentinas, una de Brasil y otra uruguaya, todas asesoradas por Diego Grané, coordinador de este evento que, dijeron, “cada año se consolida como el polo referente de genética premium en la región”.
“El remate contó con una destacada oferta de genética Braford y Brangus con 15 hembras superiores, 5 elecciones de terneras/os de la parición 2025 y un pool genético de 100 embriones de Cabaña Pilagá, Los Guasunchos, Santa Irene, de Ganagrin, El Impenetrable, San Vicente, La Victoria, de Zeni, Agromelú del Norte, Carcávio (Brasil) y Tres Cerros (Uruguay)”, se informó.
Por Esteban Bilbao.
Llega la cosecha de cebada y es una época contra reloj, con el clima y la biología para poder cosechar y guardar lo que pudimos generar con el trabajo de todo el año. Es un momento en el cual ya hicimos todo, casi todo, ya trabajamos e invertimos en el cuidado del cultivo de malezas, plagas y enfermedades y en alimentar/nutrir al mismo.
A fin de octubre sufrimos una helada importante en el sudeste de Buenos Aires y vemos las cebadas y trigos sembrados tempranos con 20 a 30% de pérdida, pero van desde un 4% de daño hasta un 80% de daño, por lo que en muchos casos estamos llegando a empatar el partido y con dos jugadores menos. Ahora nos tenemos que ocupar de no perder el partido en el alargue.
¿En qué no podemos fallar en el caso de la cebada? Antes que nada, dijimos que se acerca la cosecha, no que ya llegó. Debemos seguir monitoreando ya que las isocas desgranadoras (Faronta albilinea) y militar verdadera (Pseudaletia adultera) avanzan en esta época y pueden causar grandes pérdidas de rendimiento.
Otro tema a ajustar previamente es el de los seguros de granizo, incendio y viento, ya que en esta época suelen darse tormentas que generan mucho daño en los cultivos entregados, a lo que también se suman los accidentes durante la cosecha.
Un informe de la cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) confirmó la expansión en la región pampeana de cepas resistentes de Septoria glycines, agente causal de la mancha marrón de la soja, a fungicidas del grupo de las estrobilurinas. El hallazgo representa un cambio significativo en el manejo sanitario del cultivo, debido a la pérdida de eficacia de uno de los grupos químicos más utilizados en el país. El equipo de fitopatología de esa casa de estudios está integrado por los doctores Francisco Sautua, Cecilia Pérez-Piza y Marcelo Carmona.
Según indicaron, la enfermedad, reportada inicialmente en Japón y luego en Estados Unidos, causa en la Argentina pérdidas de rendimiento que oscilan entre el 8 y el 15%. Detallaron que sus síntomas característicos incluyen manchas foliares marrones, circulares u oblongas, que en ambientes cálidos y lluviosos pueden progresar a las hojas superiores.
“Si bien la investigación mundial sobre resistencia a fungicidas se ha centrado principalmente en Cercospora kikuchii, integrante del mismo complejo de enfermedades de fin de ciclo, la resistencia en S. glycines era hasta el momento un fenómeno prácticamente no documentado, con solo un caso reportado en Estados Unidos en 2023″, indicaron.