Todo lo que reluce hoy en el campo es el trigo, que ilusiona al Gobierno de Javier Milei con traer al país unos USD 3.000 millones, consecuencia de una cosecha en ciernes que estaría entre las mejores de las últimas décadas.
La lluvia terminó de regar, en plena floración, los campos sembrados de trigo en una superficie récord de casi 7 millones de hectáreas, la mayor parte en la región centro, que abarca el norte de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, sur de Santiago del Estero y San Luis, y es responsable del 66% de la producción nacional.
La primera estimación de la Guía Estratégica para el Agro (GEA-BCR) indica que la producción nacional de trigo ascendería a 23 millones de toneladas en la campaña 2025/26.
Este volumen de cosecha no sólo marcaría un incremento interanual del 14%, sino que igualaría el récord productivo registrado en el ciclo 2021/22.
Estas perspectivas activaron las calculadoras en el Ministerio de Economía, a cuyo frente está Luis Caputo.
La estimación inicial de cereal a despachar al exterior se ubica en 15 millones de toneladas, que a un promedio de USD 190 daría unos USD 3.000 millones, un 10% del total que obtendría el país por la venta en el exterior del volumen de producción de granos, se cree rondará los 142,6 millones de toneladas.
Por Héctor Tristán.
El 14 de octubre pasado, con la publicación de la resolución general 5771/2025, la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) ha dado un paso significativo para el sector agropecuario. La misma modifica el Sistema de Información Simplificado Agrícola (SISA).
La norma, que entrará en vigor a partir del 1° de noviembre próximo, introduce cambios importantes que apuntan a flexibilizar algunos parámetros de calificación fiscal y a actualizar los plazos de presentación de información, lo que representa un respiro para miles de productores y operadores. Estos ajustes reflejan la experiencia acumulada desde la implementación del SISA y la necesidad de adaptarlo a las nuevas realidades del campo, marcadas por la incorporación de tecnología y los efectos del cambio climático.
Uno de los puntos centrales de la resolución es la redefinición del sistema de “scoring” del SISA, que clasifica a los contribuyentes en tres categorías de riesgo: Estado 1 (bajo), Estado 2 (mediano) y Estado 3 (alto). El objetivo es alinear este mecanismo con el Sistema de Perfil de Riesgo (SIPER) de la ARCA, haciendo el proceso más coherente y predecible.
¿Qué tan competitiva es Argentina para producir granos? Esa es la pregunta que se hace un informe del Ieral de Fundación Mediterránea, que actualizó los datos de un relevamiento comparativos de costos de insumos, servicios y equipos.
El trabajo contrasta variables de Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Estados Unidos, con los precios de un total de 13 bienes, servicios y “fierros”, clasificados en seis grupos: fertilizantes, herbicidas, fungicidas, transporte de carga, combustible y maquinaria.
“En términos generales, los resultados muestran que Argentina es más cara en dólares que los otros países en la mayoría de los 13 productos relevados”, concluye el estudio.
En concreto, el país es más costoso en casi 70% de los casos con respecto a Brasil, Uruguay y Paraguay (en los tres casos es más cara en 11 de los 13 productos); y en el 54% de los productos y servicios en comparación con Estados Unidos.
Productores de las zonas rurales afectadas por las inundaciones en el oeste bonaerense llevaron su reclamo a la Legislatura provincial. En una reunión, realizada en el Salón Antonio Cafiero del Senado, presentaron una serie de propuestas para aliviar la situación del sector y avanzar en soluciones estructurales frente a la emergencia. Entre los planteos destacaron la necesidad de conformar una mesa de trabajo que reúna a representantes de la Nación, la provincia, los municipios, las entidades rurales y los propios productores. Según anticiparon, sobre esta iniciativa podría haber novedades en las próximas semanas.
“Vinimos a la Legislatura porque creemos que la parte legislativa es indispensable; es un órgano que, además, sirve de contralor al Ejecutivo”, explicó la productora Carolina Donegani. “No vamos solamente con quejas, vamos con propuestas”, agregó.
El encuentro se realizó con la participación de las Comisiones de Asuntos Agrarios de ambas cámaras. Estuvieron la diputada Sabrina Sabat (Unión y Libertad), el senador Alejandro Cellillo (UCR – Somos Buenos Aires), y los legisladores Luciano Bugallo (Coalición Cívica), Silvina Vaccarezza, Nerina Neumann (UCR – Cambio Federal) y Jorge Schiavone (PRO), entre otros.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó –tal como había adelantado Bichos de Campo– que está gestionando una ampliación del cupo de importación de carne bovina para la Argentina y, tal como es usual en esta época, se desató una avalancha de operaciones políticas y opiniones infundadas que dejan atrás lo auténticamente relevante en la cuestión, que es, precisamente, la información.
El presidente Javier Milei quería anunciar la ampliación del cupo de exportación de carne vacuna durante la última Expo Rural de Palermo, pero no pudo ser por un problema –Trump mediante– de índole arancelario.
El cupo actual concedido por EE.UU. a la Argentina comprende 20.000 toneladas anuales con un arancel preferencial de apenas 40 u$s/tonelada (menos del 1% considerando el valor FOB promedio de exportación a ese destino). Por fuera de la cuota el arancel es del 26,4%, lo que implica que se encuentra ahora en un total de 36,4% al sumarle los diez puntos adicionales aplicados este año por Trump de manera discrecional.
El problema es que la nueva cuota –que sería por 60.000 a 80.000 toneladas anuales– quedaría, tal como pretenden los funcionarios estadounidenses, con un arancel “preferencial” del 10%, que, si bien es bajo comparado con la situación presente en otras naciones, para un país como la Argentina, que aplica un derecho de exportación del 5% sobre los cortes de novillos (los de vaca están exentos), representa una cifra elevada.
“Nos resulta escaso", resume Mariano Grimaldi, gerente comercial del frigorífico Logros, una de las más de 40 plantas nacionales que envían carne vacuna a Estados Unidos. En ese país, el mercado para la proteína nacional es muy amplio, dada la demanda que se genera por la calidad y sus precios. La Argentina tiene un cupo de 20.000 toneladas con aranceles del 10%. Adicionales a esa cuota paga un 26,4% que se suma al 10% fijado en agosto pasado cuando Donald Trump desató la guerra comercial con varios países. Ayer el presidente norteamericano señaló que su país podría comprar más carne vacuna argentina para intentar contener los precios internos. En el sector ganadero aguardan una ampliación de la cuota.
El frigorífico Logros exporta por año 400 toneladas de las 20.000 toneladas totales que tiene la Argentina en el cupo. Estas toneladas se reparten de acuerdo con la planta y su capacidad de abastecimiento. El empresario contó que, por el aumento de la demanda, han recibido muchos más pedidos de carne desde EE.UU.
“Somos proveedores de las cadenas más importantes de parrillas y catering de comidas elaboradas en Estados Unidos. Nuestro foco está en la calidad, la fidelización y la atención personalizada. Al ser una empresa familiar, conocemos a cada cliente, los cuidamos y los acompañamos de cerca”, observó. El cupo actual, sin embargo, resulta limitado.
Dentro de 20 días, aproximadamente, comenzará la cosecha de ajo en la región de Cuyo, donde se concentra el grueso de las 15.000 hectáreas que hay sembradas a nivel país. Con precios que ya estaban a la baja y costos elevados, este año se le suma una preocupación mucho mayor a esta economía regional: los cambios en las reglas de juego por parte del principal comprador.
Un 65% del ajo argentino se exporta anualmente a Brasil, un mercado que está protegido por medidas “antidumping”, que establecen mayores barreras para el ingreso de ese producto desde otros países. Pero, recientemente, el gobierno de Lula Da Silva decidió dar un viraje a esa política comercial y, en vez de renovar el acuerdo con Argentina, se volcó por estrechar las manos con China.
Mientras se abren vías de diálogo desde Cancillería y la propia gobernación mendocina, los productores locales encienden las alarmas y auguran que la presente campaña puede ser de quebranto para las chacras más chicas y, en el mejor de los casos, permitirá “salir hechos” a los que aún tengan un poco de espalda.
En las llanuras sedimentarias de Córdoba y las provincias vecinas existe un mar invisible. A pocos metros de la superficie, las napas freáticas acumulan agua subterránea que cumplen un doble rol: actúan como reserva estratégica en tiempos de sequía, pero también pueden transformarse en amenaza cuando su nivel sube, al provocar anegamientos e inundaciones lentas.
Para anticiparse a esos cambios, investigadores del Conicet y de las universidades nacionales de Córdoba (UNC) y de San Luis (UNSL) desarrollaron el proyecto ReMAS, en el que también interviene la empresa tecnológica Omixom.
¿En qué consiste? Es una red de monitoreo de aguas subterráneas que mide, en tiempo real, cómo varía el nivel freático en distintas zonas rurales y urbanas de la provincia.
ReMAS nació cuando el sudeste productivo de Córdoba atravesaba dificultades con las napas. Juan Whitworth Hulse, biólogo e investigador de la UNSL y del Conicet, lo define como un proyecto de “ciencia ciudadana”.
El equipo visita escuelas rurales del sur y sudeste provincial para instalar instrumentos de medición llamados freatímetros, que permiten conocer a qué profundidad se encuentra el agua subterránea.
El movimiento de cargas en los puertos públicos de la provincia de Santa Fe mostró una expansión significativa durante 2025, impulsada por la recuperación del comercio exterior, la mayor integración intermodal y la eficiencia en la gestión operativa. Con incrementos superiores al 30% en algunos rubros, la provincia consolida su papel como uno de los principales corredores logísticos y exportadores del país.
El Puerto de Rosario fue el principal motor del incremento provincial. En los últimos doce meses movilizó más de 3 millones de toneladas, un 37% más que en el período anterior.
El movimiento de contenedores alcanzó 72.032 TEUs, lo que representa un crecimiento interanual del 48,5 %. Solo en septiembre, la Terminal Puerto Rosario (TPR) manipuló 101.398 toneladas, incluyendo 78.937 toneladas en contenedores y 8.843 TEUs, con un salto del 105 % respecto al mismo mes de 2024.
La actividad de los concesionarios muestra una tendencia ascendente mes a mes. En julio se registró una operatoria histórica, mientras que septiembre marcó el mejor desempeño del año en movimiento de contenedores.
A los 55 años, Pablo Campiti mira hacia atrás y reconoce que su vida fue una sucesión de desafíos y reinvenciones. Nacido en 1971 en San Lorenzo, provincia de Santa Fe, su historia combina esfuerzo, familia, pérdidas y un final inesperado: convertirse en pionero en la producción de huevos de gallinas libres de jaula con salida a campo, un sistema que apenas empieza a abrirse paso en la Argentina.
Su infancia, recuerda, transcurrió en una ciudad de ritmo medio, entre amigos, fútbol y travesuras. “Tuve una infancia normal, con actividades de club, bicicleta y esas aventuras de chicos”, dice a LA NACION. Pero a los 13 años tomó una decisión que marcó su destino: se fue a estudiar a un colegio agrotécnico en San Jerónimo Sur, a 50 kilómetros de su casa. “Fue mi primer contacto con el campo y me cautivó. Los profesores me hicieron enamorar del trabajo rural”, relata.
Vivir en un internado con 80 chicos lo obligó a madurar antes de tiempo. “Aprendí a administrarme la plata, los tiempos de estudio y de diversión. Fue una vida social muy intensa desde chico”, recuerda. Aquella experiencia lo llevó más tarde a ingresar en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Rosario, donde cursó hasta cuarto año. Pero la mudanza de la facultad a Zavalla y las dificultades económicas familiares lo obligaron a dejar la carrera.