Como hecho saliente de la semana de los granos en el mercado estadounidense quedó la mejora de los precios del trigo en Chicago y en Kansas, en tanto que para la soja y para el maíz el cierre dejó ligeras bajas. Sin embargo, la que pasó fue otra semana alterada por los cimbronazos que la Casa Blanca genera en la geopolítica en función de las amenazas constantes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que influyeron sobre el rumbo del petróleo, los principales indicadores bursátiles y las monedas. Todo eso en un maremágnum de aranceles que ya cuesta resolver y, otra vez, con el gobierno estadounidense cerrado desde las 0 de este sábado y –posiblemente– hasta que el lunes el oficialismo intente obtener una votación positiva en la Cámara de Representantes al paquete de financiamiento que encuentra la mayor traba en la política migratoria de la Administración Trump. En el mercado argentino, donde la falta de humedad en zonas productoras de granos gruesos concentra la atención, la soja no logró levantar la cabeza, mientras que los cereales se negociaron con valores sostenidos.
La campaña gruesa avanza bajo un escenario climático dispar y con crecientes señales de alerta sobre el estado de los cultivos. El estrés hídrico y los recientes golpes de calor comienzan a abrir la puerta a pérdidas de rendimiento en maíz de primera y soja, con especial preocupación por los planteos de segunda y tardíos, que hoy concentran el mayor riesgo productivo en el sur de Santa Fe.
“La situación es muy distinta según la zona y depende directamente de las lluvias que recibió cada región”, explicó el ingeniero agrónomo Diego Buschittari, coordinador del Departamento Técnico de Agricultores Federados Argentinos (AFA).
En líneas generales, el maíz de primera, que venía mostrando un potencial elevado, sufrió el impacto combinado de las altas temperaturas y la falta de agua durante la etapa final de llenado de granos. En este contexto, ya se proyectan pérdidas de rendimiento del orden del 10%, un ajuste significativo para un cultivo que se perfilaba como uno de los pilares de la campaña.
La disparidad climática se vuelve evidente al comparar regiones. Hacia el norte de la provincia, en la franja comprendida entre las rutas 9 y 19, a la altura de localidades como Cañada Rosquín y Las Rosas, las lluvias fueron más generosas y permitieron sostener un buen estado general de los cultivos, en particular de las siembras de primera. Allí, si bien los planteos de segunda muestran algunos síntomas de estrés, la situación se mantiene dentro de parámetros considerados normales.
La región núcleo cerró el mes con un promedio de lluvias inferior a los 40 milímetros, muy por debajo de los 110 mm habituales para este período, según el último informe de la Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). El marcado déficit hídrico impacta con mayor fuerza en el noreste bonaerense, donde ya se observa un recorte significativo en el potencial de rinde.
En este contexto, la soja de segunda aún conserva margen de recuperación si se concretan nuevas precipitaciones, mientras que casi la mitad del maíz tardío y de segunda se encuentra en estado regular, presionado por el calor extremo y la persistente sequía.
Desde la Bolsa rosarina anticiparon la probabilidad de lluvias para el martes, aunque se trataría de chaparrones aislados e intermitentes. Las precipitaciones, en tanto, tenderían a generalizarse recién a partir del miércoles. “Hacia mediados de la primera semana de febrero aparece un frente con chances de romper el bloqueo y generar lluvias en el centro de la región núcleo”, precisó el consultor Alfredo Elorriaga.
Enero dejó un balance claramente negativo en materia de lluvias. Durante el mes cayó apenas el 35% de lo normal en la región núcleo y, en algunos sectores, incluso menos. “Mientras que en un enero promedio se registran entre 100 y 120 mm, de acuerdo con los valores medios de los últimos 30 años, este año los acumulados apenas alcanzaron los 38 mm”, señalaron desde la BCR.
La sequía que en las últimas semanas se instaló en varias de las principales regionales agrícolas del país, con un impacto marcado en el potencial de rendimiento de la soja y del maíz, ya representa una pérdida de divisas por casi US$3500 millones. Esto por una caída proyectada de 8 millones de toneladas en la producción de maíz y de 5,2 millones de toneladas en soja, respecto de cálculos previos, lo que afectará la exportación. Así lo señaló un relevamiento de Néstor Roulet, productor, consultor y exsecretario de Agregado de Valor del gobierno de Mauricio Macri, que realizó una proyección considerando rindes posibles con el actual escenario climático versus, dijo, los que obtuvo de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) a diciembre último.
Vale recordar que la zona agrícola núcleo, que abarca el norte bonaerense, el sudeste de Córdoba y el sur de Santa Fe, atraviesa un escenario de estrés hídrico marcado. Ayer, la BCR indicó que en enero en esa región llovió en torno del 35% de lo normal para el mes. Además, alertó que la mitad del área está en una condición de sequía y que hay sojas que ya reflejan una pérdida del 50% en el potencial de rendimiento.
Sería conveniente que algunos macroeconomistas urbanos dejen de referirse a una supuesta supercosecha gruesa 2025/2026 y a un récord histórico de ingreso de divisas para el país, y comprendan que nos encaminamos hacia una cosecha simplemente buena, con gran heterogeneidad. En muchas zonas, los rindes de maíz y de soja proyectados en los últimos días se ubican por debajo de los potenciales y los precios de venta no compensan la merma de producción que se producirá como consecuencia de la escasez de lluvias de fines de diciembre y enero.
Es sabido que, en la zona núcleo, la mayoría de los maíces de primera se encuentran próximos a completar su ciclo: ya tienen entre media y tres cuartos de línea de leche y están finalizando el llenado de grano, aunque con situaciones muy contrastantes.
“Al recorrer la zona núcleo se observan cultivos en buen estado, favorecidos por chaparrones oportunos o por sistemas productivos adaptados a las condiciones climáticas previstas para la campaña, con suficiente barbecho y baja densidad de siembra. Sin embargo, a pocos kilómetros, se ven lotes muy afectados por la sequía, con perspectivas de rindes mínimos”, sostiene un asesor de Rufino.
Al costado de la ruta 8 las secuelas de la sequía muestran su cara más aterradora. Lotes con pérdidas muy significativas van sucediéndose uno tras otro y a esta altura el potencial de rendimiento quedó ya en el baúl de los recuerdos. Nada de lo que los productores pensaron en un comienzo de la campaña se verá reflejado en el final.
Es que en el momento de la siembra las condiciones ambientales y de suelo eran casi óptimas. Había un buen nivel de agua en el perfil fruto de un invierno llovedor como pocos en la historia; pero de pronto, todo cambió. En diciembre comenzaron a pasar las tormentas sin dejar nada de lluvia y lo mismo ocurrió en enero, a pesar de varias alertas meteorológicas. Los pluviómetros apenas acumularon algunos centímetros de agua en medio de tórridas jornadas que aspiraban aceleradamente la humedad.
Tomando los registros del último mes, en Río Cuarto apenas se acumularon 47 milímetros, menos de la mitad de la media histórica para el primer mes del año. No fue muy distinto lo que ocurrió hacia el Este ya que en Reducción fueron 57 milímetros; en Alejandro Roca apenas 20 milímetros; en La Carlota superó apenas los 21 milímetros; en Canals alcanzó los 22 milímetros; y en Cavanagh, los 18 milímetros. En la misma zona, en Ucacha se registraron 36 milímetros y en Chazón, apenas 28. En Wenceslao Escalante el panorama fue aún peor: 15,8 milímetros en todo enero.
Los datos surgen de las estaciones que el Ministerio de Bioagroindustria de la Provincia tiene distribuidas en gran parte del territorio provincial y sirven como fuente de información valiosa para la producción.
El mercado europeo de biodiésel de soja, el único al que exporta la Argentina, vuelve a entrar en alerta máxima, por regulaciones con argumentos ambientales, que ponen restricciones al comercio.
En un documento publicado por la Comisión Europea se modifican los criterios relacionados con el riesgo de ILUC (cambio indirecto de uso del suelo) mediante la revisión de la expansión de los cultivos que se usan para producir biodiesel a nivel global.
Como resultado de ese estudio, que puso en consulta por un par de semanas, la CE concluye que la soja ingresa por primera vez a esa categoría de alto riesgo ILUC; es decir, al mismo nivel que el aceite de palma. Esto significa que la UE no importará más biodiesel de soja o aceite de soja para uso de biodiesel para siempre. El único aceite autorizado será el de colza, que es producido en la UE.
De prosperar este proyecto y sea adoptado este año, todas las exportaciones de biodiesel de soja desde Argentina, Brasil y los Estados Unidos quedarán fuera de mercado europeo, representando para el país un daño comercial de 350 millones de dólares anuales, así como el cierre de la industria en Argentina dado que es el único mercado de exportación.
Por Jorge Castro.
Brasil logró un nuevo récord en la cosecha de granos con 346,1 millones de toneladas en 2025; y esto significa que entre 2023 y 2025 la producción de cereales, leguminosas y oleaginosas llegó a 955,23 millones de toneladas, superando en 199,95 millones de toneladas el total producido entre 2019 y 2022 (IBGE).
Esto es el resultado directo del fenomenal éxito del “agrobusiness” brasileño – de altísimo nivel de productividad y extraordinaria capacidad de innovación -, imposibles de lograr sin la intervención decisiva del laboratorio de renombre internacional que es EMBRAPA (Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuaria).
El boom granario brasileño está centrado en 3 productos esenciales: soja, maíz, y arroz; y entre los 3 representan 92,7% de la producción y ocupan 87,9% del total del área sembrada.
La soja sola, como producto individual, alcanzará a 166,1 millones de toneladas, nuevo récord histórico, arrastrado por un alza de +14,6% respecto a 2024.
El rasgo característico de la producción de soja brasileña es que más del 80% de sus exportaciones se dirigen a un solo mercado, que es China.
La industria aceitera es un sector fundamental de la economía argentina y un pilar clave para el agregado valor de la cadena agroindustrial. En perspectiva histórica, hacia la década de 1960/1970 el nivel de procesamiento anual rondaba los 2 millones de toneladas anuales y era una industria más bien ligada al crush de girasol.
Con la introducción de la soja, hacia finales de la década de 1970 el cultivo comienza a ganar protagonismo y ya en 1984 la soja comienza a tomar el liderazgo en materia de volumen de industrialización y a ser el motor de la inversión en infraestructura industrial a gran escala para crecer en capacidad de procesamiento de oleaginosas en el país.
Tal como se puede observar en el siguiente gráfico, el procesamiento anual de oleaginosas muestra un crecimiento exponencial entre mediados de la década de 1970 hasta 2011.
Si bien se parte de un nivel bajo, en la década de 1980 el crush se incrementa un 222% hasta alcanzar los 10,8 millones de toneladas en 1990, guarismo que se duplica (↑109%) en los siguientes 10 años al alcanzar un procesamiento de 22,36 millones de toneladas hacia el año 2000. En la década del 2000, a su vez, se logra un crecimiento de 78% hasta 39,89 Millones de toneladas, para alcanzar en 2011 un total de 41,25 mllones de toneladas.
Con una campaña de granos gruesos que comenzó a complicarse por la escasez de precipitaciones en el mes que termina hoy, tras un muy buen comienzo por las condiciones para la siembra, la agenda para impulsar la mejora de la competitividad es prioritaria.
Es un trabajo de largo plazo y de paciencia, pero el ruralismo ya empezó a mover las fichas. El presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, puso énfasis el fin de semana pasado en la Exposición Rural de Neuquén en dos temas claves: financiamiento e infraestructura.
“Es imposible pensar un país con más niveles de producción si no atendemos la situación de la infraestructura; preocupa el atraso que estamos teniendo en rutas, caminos rurales, ferrocarriles, puertos, energía y conectividad digital”, dijo Pino. “Estamos muy pobres en eso”, enfatizó.
¿Se trata de un reclamo? Sí y no. Porque para el presidente de la SRA, “empieza otro tipo de conversaciones”, es decir, proponer, dialogar, convencer y abrir puertas para que las cosas sucedan.