CÓRDOBA.- Experta en agronegocios, Paola Carreño se especializa en “conectar” el potencial de la producción ganadera argentina con mercados globales exigentes, “generando valor a través de la estrategia, la exportación y la sustentabilidad”. Trabaja con diferentes empresas y asociaciones del sector cárnico premium con una estrategia particular: “ir desde la demanda hacia atrás”. A partir de esos diagnósticos buscan diferenciarse por calidad, trazabilidad, responsabilidad social y percepción del consumidor.
Magíster en Agronegocios, fue directora de esa carrera en la Universidad Siglo 21, decidió dedicarse a productores o grupos con “potencial real de exportación” y, a partir de esa base, explica: “Tenemos en cuenta la demanda y, desde ese punto, vamos hacia atrás. Organizamos qué producir para cada nicho de venta. Un frigorífico puede clasificar en la mesa de desposte, pero en el campo -aplicando una mayor inteligencia productiva- también se puede segregar con el animal vivo y conseguir consistencia en las operaciones”.
En diálogo con LA NACION reconoce que trabaja con empresas que tienen “un perfil diferente, son permeables a la propuesta, son ejecutivos que miran el mercado. Tiene que haber inteligencia comercial, se trata de unir las partes de una manera inversa, en donde el primer eslabón es el cliente”.
Ya hemos publicado otras notas del economista Germán Linzer, quien trabaja desde hace más de 20 años de INTA, donde fue desde becario hasta coordinador nacional, sobre la crisis actual que vive el organismo a partir de la decisión -nada consensuada- del gobierno de Javier Milei de intervenir por decreto su sistema histórico de gestión. Para algunos lo que vendrá ahora se trata de una “transformación”. Para la inmensa mayoría, en cambio, será simplemente un “ajuste” a partir del sometimiento del organismo tecnológico al gobierno de turno.
Linzer, que además se desempeña como profesor del Seminario de Ciencia, Tecnología e Innovación en el Agro de la Maestría en Estudios Rurales de FLACSO, escribió esta nueva columna, donde propone otro enfoque -u muy polémico- de la discusión sobre el INTA. La compartimos con nuestros lectores esperanzado de que AAPRESID responde con sus propias razones:
El INTA que conocíamos hasta el momento era una referencia internacional por su vínculo constitutivo entre la investigación y la extensión, por su alcance territorial y por su autarquía. Esta autarquía obligaba a la institución a trabajar “por objetivos” y le daba cierta independencia respecto a los vaivenes de los gobiernos de turno.
En contraposición a esto, lo que fueron sus fortalezas históricas ahora se habrían transformado repentinamente en defectos.
Cristian Trevolazavala es un promotor del cambio transformador en las empresas. En 2017, se hizo cargo de un campo de 400 hectáreas en Tandil y hoy gerencia 3500 hectáreas cuando se suman las alquiladas, en las que desarrolla una combinación de agricultura y ganadería de precisión. Tiene todos los campos ambientados, a lo que agrega mapas de rindes, mapeos con drones y escáneres de suelos.
Con eso logra mejores prescripciones de fertilización o siembra variables que permiten lograr mayor eficiencia en el uso de los insumos utilizados. Para la gestión de la maquinaria propia utiliza una plataforma que permite, por ejemplo, obtener la trazabilidad de las labores de la pulverizadora en los cultivos.
La ganadería es de ciclo completo, con módulos de cría y recría certificados con Ovis 21, que promueven la ganadería regenerativa y el manejo holístico. En la selección de las vacas utiliza semen de toros genotipados y la “cabeza” del destete tiene un destino especial con un consignatario local que creó un grupo de productores con cupo para exportar animales de 450 kilos con marca propia.
La "pandemia" de incertidumbre comercial global generada por la Casa Blanca con su cruzada arancelaria fue la principal responsable de la caída general de los precios de los granos en Chicago durante la semana. A esto se agregaron las buenas condiciones ambientales para los cultivos de soja y de maíz en el Medio Oeste y el progreso de la cosecha estadounidense de trigo de invierno. En el mercado argentino hubo mayoría de bajas para el valor de los granos expresados en dólares.
El mercado internacional de granos y subproductos experimentó un incremento importante en su volatilidad tras el inicio de la pandemia por COVID-19. Siguiendo el Banco Mundial (2025), los precios mínimos se registraron a comienzos de 2020 debido a una menor demanda, con máximos históricos en 2022 ante interrupciones en las cadenas de suministros, una fuerte demanda postpandemia y tensiones geopolíticas.
En 2023-24 las materias primas agrícolas registraron un sendero bajista, mientras que en lo que va de 2025 la tendencia es dispar según los productos considerados.
Al hacer foco en el complejo soja en lo que va de 2025 en el Mercado de Chicago (CBOT), el poroto de soja se mantiene estable y lateralizando entre USD 370 y 395/t, el aceite de soja subió poco más de 30% hasta USD 1.176/t y la harina de soja cayó 10% hasta USD 283/t aproximadamente.
En general, se trata de un mercado atravesado por la política arancelaria de Estados Unidos que incluye a China y, en consecuencia, con un alto potencial de que la demanda de poroto de soja estadounidense se vea afectada si no se logra un acuerdo estable con el gigante asiático. A su vez, una política de biocombustibles que se profundiza en Estados Unidos y el mundo, con consecuentes presiones de demanda en el aceite de soja que afectan al alza los precios. Eso último, intensificado recientemente por las subidas en el petróleo tras las tensiones geopolíticas entre Irán e Israel.
“Hay un contexto general para la campaña agrícola 2025/26 caracterizado por una caída de los precios esperados en dólares. Simultáneamente, se verifica un aumento en los costos de labores y fletes en los tres cultivos principales de la zona núcleo -maíz, trigo y soja-, que se extiende a casi todos los costos de estructura”, adelanta el consultor Julio Lieutier.
Esto determina que los márgenes brutos de la campaña 2025/26 sean un 20% más bajos, en promedio, que los esperados cuando se iniciaba el ciclo 2024/25. Lieutier trabaja en el norte de Buenos Aires con empresas que tienen un flete a puerto de 200 kilómetros. Obviamente, la situación empeora en campos más alejados del destino de los granos.
“Para 200km al puerto, con las tarifas actuales, el flete representa el 31% del costo total”, calcula Lieutier y agrega que “estos costos, más los del fertilizante, los de estructura y las tasas de interés positivas, complican la agricultura 2025/26 y tornan negativos los resultados en campos arrendados de menor potencial”. Obviamente, estos números pueden variar con el avance del almanaque, pero son luces amarillo-anaranjadas en el semáforo de la campaña agrícola.
Pese a esta situación de menores precios y mayores costos, Lieutier aconseja no modificar sustancialmente la rotación programada en cada empresa, que siempre juega como un seguro contra imprevistos climáticos y vaivenes de los mercados, al tiempo que amortigua la variabilidad de rendimientos. Específicamente, en el maíz 2025/26, está recomendando revisar los costos, aunque sabiendo que no hay mucho por achicar. “Se puede ajustar un poco la tecnología de fertilización y las negociaciones con los contratistas de labores y fleteros, aunque ellos también tienen su propia realidad complicada”, alerta.
Sequías, plagas, rindes por debajo de lo esperado y precios bajos: esa combinación estresó la cadena de pagos en el norte argentino y sembró dudas sobre cómo se va a financiar la nueva campaña agrícola. Así lo advirtieron distribuidores de insumos, quienes señalaron que la situación es compleja, ralentiza las operaciones y condiciona la planificación de siembra.
“El norte viene golpeado: un año por la seca, el otro por la chicharrita. Esto generó un estrés en la cadena de pagos y un gran interrogante: cómo se encarará la próxima campaña, en un contexto donde el crédito bancario es acotado y caro”, advirtió Diego Napolitano, presidente de la Cámara Empresaria de Distribuidores de Agroquímicos, Semillas y Afines Bonaerense (Cedasaba), que integra la Federación de Distribuidores de Insumos Agropecuarios.
Según explicó existen grandes productores que logran abastecerse desde distintos puntos del país, pero también muchos productores locales que dependen de las agronomías de la zona, que vienen “muy golpeadas” desde hace dos campañas.
“Ahí está el quid de la cuestión: no se sabe con precisión cuánto dinero se debe o cuánto se ha retrasado en los pagos. Lo que sí está claro es que el norte representa mucho para varias empresas: aproximadamente entre el 20% y el 35% de su facturación depende de esa región”, advirtió. Y remarcó que el desafío de encarar un nuevo ciclo productivo se agrava por los costos más altos en la región, especialmente los vinculados al flete.
Una nueva configuración de dos velocidades se está generando en el agro argentino. Acaso no deseada, la realidad muestra a la ganadería y a la producción láctea con mejores perspectivas de negocio que la agricultura. Por supuesto, en términos promedio.
No parece ser casual que tanto en la ganadería como en la lechería se perciba esta visión porque el Gobierno le quitó buena parte de la presión impositiva y de las desregulaciones de los mercados a estas dos actividades. En la agricultura, en cambio, la gestión Milei fue mucho más conservadora. La presión tributaria sigue estando en niveles elevados y amenaza con dejar fuera de carrera a cultivos como la soja en las zonas donde los márgenes de la próxima campaña ya muestran cifras negativas.
Este escenario ganadero tendrá su correlato a partir del jueves próximo, cuando abra sus puertas la Exposición Rural de Palermo. Con la genética de excelencia, el pulso de la tradicional muestra marcará, nuevamente, las oportunidades que tiene el país para desarrollarse a partir de la ganadería.
En un reciente encuentro con la prensa especializada de productores ganaderos que tienen a cargo feedlots se explicaba que los desafíos más importantes pasan por continuar abasteciendo el mercado interno y profundizar la salida exportadora.
Si bien pasó la sequía y el sector pecuario salió de tantas presiones por algunas medidas inmediatas del nuevo gobierno, el consumo de carne vacuna sigue bajando e inicia este segundo semestre del año con guarismos cercanos para el mercado interno a los 44 kilos por habitante por año.
Al dato hay que sumarle que el stock ganadero de nuestro país caerá por tercer año consecutivo y la producción de terneras estará por el orden de los 14,5 millones, con una faena de 13,7 millones de cabezas. Es decir; es probable que se rompa con el equilibrio para sostener el rodeo y se disparen una serie de consecuencias.
Este análisis forma parte de la Mesa de Ganados y Carnes, que viene reclamando por una reforma laboral, otra en el impuesto a las ganancias y determinadas medidas que están en agenda pero que no se concretan. Por ahora, los actores del segmento siguen afirmando que hay una tensión muy grande en todas las cadenas porque el mercado interno está muy deprimido y los mercados externos -que están empezando a repuntar- nos dejan en una situación vulnerable frente a Brasil y Uruguay por una política impositiva y de costos muy diferentes.
“La realidad es que los productores siguen surfeando en una ola que no les permitir decidirse a invertir porque no saben sobre la durabilidad de las políticas”, remarcó Dardo Chiesa desde la Mesa Nacional de las Carnes, agregando que Argentina necesita producir más para abandonar el estancamiento de los 3 millones de toneladas que generamos -como crecimiento- desde la década del 80.
Productores de la Regional Aapresid Montecristo, que entienden la innovación como una herramienta al servicio del producto, conjugan agronomía y tecnología para dar respuestas concretas a los desafíos del campo, con visión empresarial y un compromiso claro con la sustentabilidad.
Marcos Flesia es ingeniero agrónomo, magíster en ciencia de datos y fundador de Rinde Plus, de una empresa que no solo aplica, sino que desarrolla inteligencia artificial para el Agro. Su foco está en un punto clave del negocio agrícola: originar granos. Para eso, creó plataformas que integran clima, suelo y manejo agronómico, y permiten anticiparse a los rendimientos futuros.
“Creemos que el rendimiento no es magia, hay que construirlo”, resume Flesia. La empresa trabaja con programación propia, toma muestras a campo y les agrega trazabilidad. Esa base alimenta modelos predictivos que ayudan a tomar decisiones comerciales con menor incertidumbre.
Lo que más le preocupa es la falta de datos disponibles a tiempo. “Muchos productores borran la información de sus monitores, cuando en realidad eso es oro”, advierte. Esa información, que ya está en las máquinas, puede ser clave para anticipar problemas o entender mejor lo que pasó en el lote.