El Índice de Costos del Transporte (ICT), elaborado por la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (FADEEAC), registró en junio una suba de 2,56%. El aumento representa una aceleración frente al 0,8% de mayo y se ubica por debajo del pico de abril (3,8%), el mayor en los últimos nueve meses.
Con este resultado, el índice acumula una variación del 14% entre enero y junio de 2025, y una suba interanual del 32,8%. En comparación, cerró 2024 con un alza del 84,9% y alcanzó en 2023 el mayor nivel de las últimas tres décadas, con una suba acumulada del 248%.
El ICT releva mensualmente 11 rubros que inciden de forma directa en los costos operativos del transporte de cargas en todo el país. El estudio cuenta con auditoría técnica de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y se utiliza como referencia en la determinación de tarifas del sector.
Según el Departamento de Estudios Económicos y Costos de FADEEAC, el incremento de junio refleja el impacto combinado de los rubros Combustible, Personal, Reparaciones y Gastos Generales. “El contexto económico, atravesado por la devaluación del tipo de cambio en abril y mayores costos de financiamiento, sumó presión sobre insumos clave para el sector”, puntualizan.
El disco no alcanza: una práctica que parecía ganar adeptos en el campo argentino –la labranza ocasional como estrategia para reducir la presión de malezas en lotes con siembra directa prolongada– acaba de ser puesta bajo la lupa por la ciencia.
Un reciente estudio conducido por investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y la Universidad de Clemson (EE.UU.), realizado en un lote de Carlos Casares con más de 20 años de siembra directa continua, demostró que esta intervención no genera el efecto deseado.
El trabajo, liderado por los especialistas Fernando Oreja y Elba de la Fuente, evaluó qué ocurre al interrumpir la siembra directa con un pase de rastra. La conclusión fue clara: las malezas persisten, incluso las más difíciles de erradicar.
La labranza provocó una redistribución vertical de las semillas en el perfil del suelo, desplazándolas de la capa superficial hacia niveles más profundos.
El consumo de carne vacuna se encuentra en una tendencia decreciente. De acuerdo al último informe de CICCRA (Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina), el consumo por habitante de carne vacuna se ubicó en mayo en un nivel de 49,5 kilos/año, el cual se ubicó 0,5% por encima del registro correspondiente a mayo del año pasado. Sin embargo, continúa en niveles mínimos.
El productor y consultor ganadero Víctor Tonelli confirmó que, si bien hubo una leve mejora, el consumo de carne vacuna en Argentina sigue siendo uno de los más bajos de la historia. “Este semestre cerró con un promedio de 49 kilos por habitante por año, contra 44 del año pasado, pero seguimos lejos de los 82 kilos que se consumían seis décadas atrás”, explicó.
Tonelli fue claro al destacar que el cambio cultural y el precio empujaron esta transformación. “Hoy se consume más carne en total, pero menos carne vacuna. Entre pollo y cerdo, pasamos de 12 a 65 kilos por habitante por año. Eso explica el desplazamiento del vacuno, que además es más caro y menos eficiente de producir”, señaló en diálogo con Rivadavia AM 630.
Por Agustín Torroba.
Hace unas semanas, el pasado 28 de mayo, se realizó el Congreso anual de Maizar, con el lema “Por más valor”. Este importante espacio de reflexión e intercambio resulta una buena oportunidad para poner en la mesa de debate los potenciales usos del maíz en la Argentina y el mundo.
De esos usos potenciales, uno de los principales en el futuro pasa por el inimaginable mundo de los aviones. Ocurre que la aviación internacional civil enfrenta el urgente desafío de descarbonizar sus operaciones, con el objetivo de alcanzar la meta de emisiones netas cero de dióxido de carbono (CO₂) para el año 2050, en línea con los compromisos firmados en el Acuerdo de París. Para avanzar en esta dirección, el sector ha planteado una serie de medidas basadas en nuevas tecnologías, mejoras en la eficiencia de las aeronaves y logísticas.
Sin embargo, la gran apuesta de la aviación internacional civil para reducir sus emisiones pasa por los Combustibles Sostenibles de Aviación (SAF, por sus siglas en inglés). El progreso en el desarrollo tecnológico permite que, con el almidón del maíz, la caña de azúcar o los aceites que se extraen de la soja, se produzca una molécula casi idéntica al combustible convencional derivado del petróleo y admitida para su uso en todas las aeronaves.
En 1972, Roque Luis Cassini (76) se recibió de abogado y comenzó a ejercer la profesión en una oficina de 10 metros cuadrados. Con esfuerzo, sacrificio y mucho trabajo, durante años, creció hasta tener un estudio de 45 abogados y 100 personas.
Con las utilidades generadas y crédito bancario fue comprando campos y hoy gerencia 8500 hectáreas en el oeste de Buenos Aires, en las que produce 16.000 toneladas de granos y 1,850 millones kilos de carne.
Actualmente, Cassini es el dueño de La Cassina, un campo de 5400 hectáreas en el partido de Guaminí, cercano a la laguna de Cochicó. Es la zona donde anteriormente se hacía invernada de novillos y que fue transformada en agrícola gracias a la soja y a la siembra directa. Actualmente desarrolla un planteo mixto combinando la agricultura con la cabaña y la recría e invernada de terneros.
En la zona los suelos son arenosos profundos, aptos para agricultura, reciben un promedio de 930 mm de lluvia anual distribuidos en forma pareja durante primavera, verano y otoño. El campo madre, La Cassina, tiene 5400 hectáreas, pero el productor gerencia otras fracciones, con las que suma 8500 hectáreas entre propias y arrendadas.
Mientras las expectativas por un cambio en la posición del Gobierno respecto a las retenciones se van apagando entre los productores, el cordobés Andrés Costamagna, director de Sociedad Rural Argentina (SRA), levanta la voz y lejos de resignarse insiste en que “los derechos de exportación deben eliminarse definitivamente mañana mismo, y eso es lo que intentamos que el Gobierno entienda”.
En diálogo con Tranquera Abierta, el dirigente ruralista destaca que “el Gobierno prefirió aferrarse a su palabra de que el 30 de junio se terminaba la baja, en cumplir con ese plazo y no en escuchar lo que le repetimos insistentemente sobre la conveniencia de al menos sostener esa rebaja”. Costamagna agregó además que seguramente detrás de la ratificación del Gobierno haya existido presión del Fondo Monetario Internacional para no resignar ingresos.
“Es muy injusto que vuelvan, sobre todo para el momento que atraviesan los productores, especialmente aquellos que no lograron todavía cosechar el maíz y están en desventaja. Eso genera ruido y dificultades”, indicó el dirigente de SRA.
Cada acción genera su reacción. Finalmente, el Gobierno dispuso no postergar la reducción de los Derechos de Exportación (DEX) a los granos gruesos y derivados (soja, maíz, girasol y sorgo) que había decidido en enero pasado y llegaban a su fin el lunes pasado.
No por anunciada, la medida no dejó de provocar malestar a la producción. La Federación Agraria Argentina (FAA) esta semana resolvió realizar asambleas para evaluar la situación. En la reunión que mantuvo la conducción de los federados, se expresó el “malestar y gran preocupación frente a la asfixiante presión impositiva, la ausencia de políticas agropecuarias virtuosas que promuevan la producción de los pequeños y medianos chacareros, y la poca o nula rentabilidad que existe en el sector”. En estos encuentros se comenzarán a definir medidas de acción gremial tendientes al congreso de la entidad en septiembre próximo.
Otro dato que se suma al malestar que provocó la decisión del Gobierno estuvo contenido en el resultado de la última medición del Ag Barometer, la encuesta de opinión sobre las condiciones presentes y las expectativas futuras del Centro de Agronegocios de la Universidad Austral. “En mayo-junio 2025, el Ag Barometer Austral registró una caída del 5%, descendiendo de 137 a 130 puntos. La baja se explica principalmente por el deterioro del Índice de Condiciones Presentes, que pasó de 100 a 94, ingresando en terreno negativo, especialmente por el retroceso en las Expectativas de Inversión, que cayeron de 82 a 75”, sostuvo el informe y añadió: “También se observó un descenso en el Índice de Expectativas Futuras, que pasó de 163 a 151, arrastrado por la pérdida de optimismo sobre el desempeño del sector agropecuario en los próximos 12 meses”.
Desde 2002, cuando el esquema actual de retenciones a las exportaciones agropecuarias llegó para quedarse (al menos por ahora), el rechazo entre los productores ha sido generalizado y con diferentes grados de intensidad.
El más contundente fue en 2008, cuando el Gobierno nacional intentó -aprovechando que el precio de la soja estaba en ese momento en su valor más alto de la historia- colocar un sistema de retenciones móviles que hubieran llevado la alícuota del grano a más del 50%.
La protesta social bajo la forma de piquetes fue el método al que los productores apelaron para contrarrestar la decisión oficial.
La puja llegó luego al Congreso nacional, donde en julio de ese año la tentativa del Poder Ejecutivo quedó sin efecto.
Desde ese momento y hasta ahora, el malestar contra el impuesto ha variado en función de las alícuotas vigentes, los precios de los granos y la rentabilidad del negocio agrícola. A tal punto que en algún momento, como sucedió en septiembre de 2018 luego de la devaluación en el gobierno de Mauricio Macri, se llegó a convalidar su existencia como una forma de contribuir a paliar la crisis social que vivía al país.
La corta semana de La Independencia de Estados Unidos fue positiva para el valor de los granos en Chicago, con mejoras generales que tuvieron entre sus fundamentos la acción compradora de los grandes fondos de inversión, pero que para la soja respondieron a la firmeza del aceite, a la previsión de menores lluvias en zonas del Medio Oeste y al aumento de las retenciones en la Argentina. Algo de todo eso también favoreció al maíz que, sin embargo, debe sobrellevar los augurios de una cosecha récord en EE.UU. y la entrada de la safrinha en el circuito comercial. El trigo fue apuntalado por la falta de humedad para los cultivos de primavera, pero sigue bajo la presión del avance de la cosecha de invierno. En la Argentina la soja concentró el impacto negativo por la suba de retenciones.
La campaña de maíz 2024/25 todavía no terminó, quedan lotes por cosechar en muchas zonas, pero el presidente de Maizar, Federico Zerboni, ya traza un balance positivo en un año que comenzó con grandes incertidumbres y que, gracias al clima, cerrará con una producción cercana a los 50 millones de toneladas y con buenas perspectivas para la próxima siembra.
“El balance es bastante positivo. Más que todo a partir de febrero el desarrollo fue enorme, el otoño fue inmejorable, húmedo y sin frío, lo que permitió que los maíces tardíos llenaran bien el grano”, explicó Zerboni.
A pesar de una fuerte baja de precios internacionales, los buenos rendimientos compensaron parcialmente la baja rentabilidad y en zonas clave de la Pampa Húmeda y Córdoba se obtuvieron buenos resultados.
Carlos Pouiller, analista del mercado de granos y socio fundador de la consultora AZGroup, advierte que, aunque no hubo mayores problemas con la chicharrita dalbulus maidis -la gran amenaza previa que preocupaba a los productores-, sí hubo algunos problemas climáticos importantes en algunas zonas como el norte del país, donde el maíz y otros cultivos sufrieron la falta de humedad, dando rendimientos muy bajos.