Por Jorge Castro.
El acuerdo entre la Argentina y China para exportar harina de soja al mercado de la República Popular se alcanzó en 2019, pero recién ahora –y por mediación de Bunge, una de las 4 grandes transnacionales de los alimentos con sede en EE.UU. pero con origen en la Argentina– un grupo de importadores con sede en Shanghái compraron 30.000 toneladas del producto, con proyección a multiplicar las compras por 3 o por 4 en los próximos 5 años.
Acá, en esta decisión crucial para el sector agroindustrial argentino, hay 3 factores en juego de importancia igualmente fundamental: a) el gobierno de Javier Milei ha tenido un enorme acierto estratégico al considerar prioritaria la cuestión fiscal, y de esa manera ha logrado terminar con la inflación como el aspecto central de la crisis macroeconómica de un país mega e híper inflacionario como es la Argentina, y en ese camino se ha convertido en el principal aliado de EE.UU. en América Latina, y quizás del mundo; b) en el hecho de que China es la 2da economía del sistema global, y acaba de sellar en Ginebra un acuerdo de cooperación con EE.UU.; y c) Bunge, ahora norteamericana, fue creada en la Argentina de 1880 por inmigrantes europeos; y se convirtió de inmediato en uno de los principales protagonistas del extraordinario boom exportador desatado por el agro argentino entonces.
¿Sembrar temprano o apostar por fechas tardías? La elección no es sencilla, y está condicionada por múltiples factores ambientales, productivos y tecnológicos. El asesor técnico especializado en maíz, Pablo Talano, explicó las razones detrás de cada alternativa y sus implicancias en el rendimiento y la estabilidad del cultivo.
La principal virtud de las siembras tempranas de maíz —aquellas que se realizan en septiembre u octubre en gran parte de la región pampeana— radica en su capacidad para sincronizar el período crítico del cultivo (floración y llenado de grano) con el momento del año en que se registran los mayores niveles de radiación solar: fines de diciembre.
"Los maíces tempranos florecen cuando la radiación es máxima, alrededor de Navidad. Si en ese momento hay buena humedad, el rendimiento potencial es sin dudas el más alto", señala Talano. Esta combinación de luz, temperatura y disponibilidad hídrica permite maximizar la fotosíntesis y, por ende, la producción individual por planta.
Sin embargo, esta estrategia también implica riesgos. Los maíces tempranos están más expuestos a las condiciones de estrés hídrico en plena floración, lo que puede afectar fuertemente el rinde en años secos o con lluvias mal distribuidas. Además, los perfiles de humedad del suelo deben estar bien cargados desde el arranque, lo que no siempre ocurre al final del invierno.
La campaña de maíz 2024/25 todavía no terminó, quedan lotes por cosechar en muchas zonas, pero el presidente de Maizar, Federico Zerboni, ya traza un balance positivo en un año que comenzó con grandes incertidumbres y que, gracias al clima, cerrará con una producción cercana a los 50 millones de toneladas y con buenas perspectivas para la próxima siembra.
“El balance es bastante positivo. Más que todo a partir de febrero el desarrollo fue enorme, el otoño fue inmejorable, húmedo y sin frío, lo que permitió que los maíces tardíos llenaran bien el grano”, explicó Zerboni.
A pesar de una fuerte baja de precios internacionales, los buenos rendimientos compensaron parcialmente la baja rentabilidad y en zonas clave de la Pampa Húmeda y Córdoba se obtuvieron buenos resultados.
Carlos Pouiller, analista del mercado de granos y socio fundador de la consultora AZGroup, advierte que, aunque no hubo mayores problemas con la chicharrita dalbulus maidis -la gran amenaza previa que preocupaba a los productores-, sí hubo algunos problemas climáticos importantes en algunas zonas como el norte del país, donde el maíz y otros cultivos sufrieron la falta de humedad, dando rendimientos muy bajos.
Desde 2002, cuando el esquema actual de retenciones a las exportaciones agropecuarias llegó para quedarse (al menos por ahora), el rechazo entre los productores ha sido generalizado y con diferentes grados de intensidad.
El más contundente fue en 2008, cuando el Gobierno nacional intentó -aprovechando que el precio de la soja estaba en ese momento en su valor más alto de la historia- colocar un sistema de retenciones móviles que hubieran llevado la alícuota del grano a más del 50%.
La protesta social bajo la forma de piquetes fue el método al que los productores apelaron para contrarrestar la decisión oficial.
La puja llegó luego al Congreso nacional, donde en julio de ese año la tentativa del Poder Ejecutivo quedó sin efecto.
Desde ese momento y hasta ahora, el malestar contra el impuesto ha variado en función de las alícuotas vigentes, los precios de los granos y la rentabilidad del negocio agrícola. A tal punto que en algún momento, como sucedió en septiembre de 2018 luego de la devaluación en el gobierno de Mauricio Macri, se llegó a convalidar su existencia como una forma de contribuir a paliar la crisis social que vivía al país.
Por Ignacio Iriarte.
Todos los años del período 2016/2024, la faena del segundo semestre ha sido más alta que la de los primeros seis meses.
En los últimos cinco años, en promedio, la matanza de julio-diciembre resultó un 10% superior a la del período enero-junio previo; el año pasado, la faena del segundo semestre superó en un 12% a la de la primera parte del año.
Si tenemos en cuenta lo faenado en el primer semestre de este año, y la estacionalidad de la oferta prevista para la segunda parte del año, 2025 cerraría con una faena de 13,9 millones de cabezas. Sería prácticamente el mismo volumen que el año pasado.
Puede atribuirse ese aumento estacional de la oferta a partir de julio a la gran cantidad de terneros y terneras que se destetan en otoño, y con –o sin– una recría corta va a los feedlots y son engordados para salir en gran volumen en agosto-noviembre.
En el año 1994, el campo argentino venía con nula rentabilidad en las producciones lechera, ganadera y de granos. Muchos productores aún arrastraban las heridas de la crisis económica previa con la hiperinflación del gobierno de Alfonsín.
Ante un panorama desolador y la imperiosa necesidad de subsistir, un grupo de productores de localidades del departamento Las Colonias (San Jerónimo Norte, Santa María Norte, San Jerónimo del Sauce, San Carlos Norte, Las Tunas y Humboldt), concibió una idea innovadora: trabajar de forma asociada.
El objetivo era claro: compartir maquinaria de gran porte e incorporar tecnologías que, individualmente, les resultaban inalcanzables, facilitando así el trabajo de la tierra.
Tras intensas reuniones e intercambio de ideas, en junio de 1994 se materializó el acta constitutiva de la Agrupación de Colaboración Colonias Unidas. Un nombre que, desde el inicio, reflejó la unión de productores de diferentes localidades, y el espíritu de cooperación que los impulsaba. La convicción era que, como toda tormenta, la crisis pasaría.
Mientras las expectativas por un cambio en la posición del Gobierno respecto a las retenciones se van apagando entre los productores, el cordobés Andrés Costamagna, director de Sociedad Rural Argentina (SRA), levanta la voz y lejos de resignarse insiste en que “los derechos de exportación deben eliminarse definitivamente mañana mismo, y eso es lo que intentamos que el Gobierno entienda”.
En diálogo con Tranquera Abierta, el dirigente ruralista destaca que “el Gobierno prefirió aferrarse a su palabra de que el 30 de junio se terminaba la baja, en cumplir con ese plazo y no en escuchar lo que le repetimos insistentemente sobre la conveniencia de al menos sostener esa rebaja”. Costamagna agregó además que seguramente detrás de la ratificación del Gobierno haya existido presión del Fondo Monetario Internacional para no resignar ingresos.
“Es muy injusto que vuelvan, sobre todo para el momento que atraviesan los productores, especialmente aquellos que no lograron todavía cosechar el maíz y están en desventaja. Eso genera ruido y dificultades”, indicó el dirigente de SRA.
La corta semana de La Independencia de Estados Unidos fue positiva para el valor de los granos en Chicago, con mejoras generales que tuvieron entre sus fundamentos la acción compradora de los grandes fondos de inversión, pero que para la soja respondieron a la firmeza del aceite, a la previsión de menores lluvias en zonas del Medio Oeste y al aumento de las retenciones en la Argentina. Algo de todo eso también favoreció al maíz que, sin embargo, debe sobrellevar los augurios de una cosecha récord en EE.UU. y la entrada de la safrinha en el circuito comercial. El trigo fue apuntalado por la falta de humedad para los cultivos de primavera, pero sigue bajo la presión del avance de la cosecha de invierno. En la Argentina la soja concentró el impacto negativo por la suba de retenciones.
A Javier Milei, es evidente, le faltan muchas cosas por aprender, especialmente en el arte de la diplomacia. Quedó claro hoy cuando, en la cumbre de presidentes del Mercosur, bregó porque ese bloque comercial sea cada vez más libre y no ponga obstáculos al comercio. Debería alguien de la Cancillería haberle advertido que a Itamaraty, la Cancillería brasileña, no se le escapa nada. Y así fue porque al rato el presidente de Brasil, Lula Da Silva, retrucó pidiendo la liberalización entonces del mercado de azúcar dentro del Mercosur.
Nada más y nada menos. Seguramente Milei no tenga demasiada idea de que desde que nació el Mercosur, la Argentina aplica una excepción del arancel 0 al sector azucarero, porque de lo contrario el monstruo azucarero que habita en Brasil, principal productor y exportador mundial de ese cultivo, arrasaría en un santiamén con los cañaverales de Tucumán, Jujuy y Salta.
“El Mercosur, actualmente, tiene obstáculos que superar, como la inclusión de los sectores automotriz y azucarero en nuestra unión aduanera. Posponer esta tarea significa sacrificar el potencial estratégico del bloque en la producción de vehículos eléctricos y biocombustibles”, expresó el mandatario brasileño frente a los jefes de Estado de los países miembros, en clara respuesta a las palabras de Milei. ¿Querías libertad? ¿Empecemos por casa? Sería la traducción de la jugada de Lula.
Cada dos meses, el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral elabora su índice de confianza Ag Barometer Austral: se trata de una medición elaborada en base a una encuesta a más de 400 productores argentinos y que sirve para tener un termómetro de cómo está su ánimo inversor.
La última edición, correspondiente a mayo-junio, no trae buenas noticias para un Gobierno que cree tener en el campo a uno de sus principales aliados: la mayoría de los indicadores que se consideran en este relevamiento se deterioraron, producto fundamentalmente de la “falta de reglas de juego claras”, según resumió Carlos Steiger, director del Ag Barometer Austral.
Entre otros aspectos, lógicamente la no continuidad de la rebaja de retenciones es uno de los tantos que ha hecho mella en la confianza del productor y, por ende, en su opinión sobre si es o no un buen momento para invertir.
En concreto, el índice de confianza Ag Barometer Austral registró una caída del 5% respecto de marzo, pasando de 137 a 130 puntos.