La agricultura argentina ha vivido una profunda transformación en las últimas décadas. La adopción de la siembra directa, junto con la incorporación de cultivos tolerantes a herbicidas como el glifosato, marcó un antes y un después en la protección vegetal, ya que permitió optimizar el control de malezas, reducir los laboreos y preservar el suelo. Desde entonces, el perfil y la intensidad de uso de herbicidas también se han modificado con los años y redefinieron el manejo agronómico nacional. En ese contexto, Federico Elorza, Coordinador de Gestión Sustentable de CASAFE, explicó que “los fitosanitarios siempre fueron una herramienta esencial, pero…