En plena zona núcleo, donde la agricultura suele imponerse por la calidad de los suelos y los altos rindes, Adrián Darío Colaneri tomó una decisión que va a contramano de la lógica dominante.
Sin abandonar del todo los cultivos, decidió volver a meter vacas en su campo, convencido de que la ganadería podía aportarle algo que una agricultura que, con costos crecientes y márgenes cada vez más ajustados, había empezado a perder.
“Mi actividad principal siempre fue el asesoramiento agropecuario, agrícola y ganadero, y en paralelo fui haciendo producción propia en campos arrendados, básicamente agricultura”, cuenta Colaneri, productor de la zona de Junín, Lincoln y alrededores.
Ingeniero agrónomo de formación, durante más de 30 años trabajó en un semillero de forrajeras, lo que marcó a fuego su perfil técnico y su mirada productiva. “Mi pilar básico de formación fue el pasto”, resume.
La ganadería no era algo nuevo para él. A comienzos de los 2000 había tenido algunas experiencias, aunque sin involucrarse de lleno en la gestión. El punto de inflexión llegó entre 2014 y 2015, cuando empezó a hacer números más finos. “La agricultura en campos alquilados, con los costos elevados, el problema de las malezas, el clima errático y los precios internacionales estancados, nos dejó una sensación de sabor amargo en cuanto a la rentabilidad”, explicó.
Córdoba se convirtió en la primera provincia del país en implementar desde el sector público un seguro multirriesgo agrícola de gran escala, orientado a proteger a los productores frente a eventos climáticos extremos. La experiencia, que se desarrolla como prueba piloto, alcanza a más de 500.000 hectáreas de soja y maíz y marca un punto de inflexión en la forma de abordar la gestión del riesgo agropecuario en la Argentina.
La iniciativa surge de un trabajo conjunto entre el gobierno provincial y especialistas de empresas que forman parte de la Asociación de Aseguradores del Interior de la República Argentina (Adira), entidad que desde hace años impulsa esquemas de articulación público-privada para ampliar el alcance de las coberturas disponibles. Luego de distintas instancias de diálogo entre múltiples gobiernos y las empresas líderes del sector asegurador, agrupadas en la asociación, se da este gran proyecto que busca ser replicado en otras provincias del país.
El nuevo seguro multirriesgo implementado por el gobierno de Córdoba cubre daños directos por granizo, viento o heladas, pero además incorpora coberturas frente a sequía e inundación, dos riesgos considerados sistémicos por su impacto territorial y económico, que hoy no cuentan con soluciones comerciales en el país. La cobertura, que se activa cuando el rendimiento obtenido por productor y cultivo se ubica por debajo de un umbral definido para cada zona, garantiza un piso que permite afrontar los costos básicos de producción como mínimo.
Alcanzan los dedos de una mano para contar los kilómetros que separan el centro geográfico de la Ciudad de Buenos Aires, con su vértigo, sus luces y sus sonidos interminables, hasta encontrarse con un tractor, un lote de maíz, o insumos como fitosanitarios o fertilizantes listos para ser usados.
El aire de campo en plena tierra porteña está enmarcado entre las avenidas San Martín, Beiró y Constituyentes, incluso hasta el Ferrocarril General Urquiza tiene una estación -Pedro Arata- en el inmenso predio de la Universidad de Buenos Aires en el que están radicadas las facultades de Ciencias Veterinarias, por un lado, y la de Agronomía (FAUBA), por el otro.
A principios del siglo pasado se habían construido los principales pabellones que hoy son las habituales paredes y pasillos para los alumnos de la UBA que estudian carreras de grados como Agronomía, Ciencias Ambientales, Economía y Administración Agrarias, Gestión de Agroalimentos, Planificación y Diseño del Paisaje o el profesorado en Ciencias Ambientales.
“Las clases para la carrera de Agronomía empezaron en septiembre de 1904, pero 40 años después empezó a verse una preocupación muy grande por el impacto de la agricultura sobre el suelo. Eran tiempos en los que únicamente se utilizaba labranza, lógicamente. Aquí se empezó a investigar justamente el impacto sobre la estructura física de esos suelos”, explicó Adriana Rodríguez en una extensa charla con Infocampo, en el predio universitario, en el marco de la serie de entrevistas pensadas para abordar el déficit de agrónomos que constituye otro aspecto a abordar en el agro argentino.