La semana del cónclave entre Trump y Xi pasó con muchas expectativas y nulos anuncios. Pese a eso, y en la espera de que el lunes la Casa Blanca comunique algún logro en materia de comercio agrícola, la soja y el maíz cerraron la semana con saldo positivo para sus precios. El avance de la cosecha y malas cifras sobre las exportaciones semanales de Estados Unidos limitaron las subas. El trigo cerró el segmento con valores en baja por la persistente especulación de los fondos de inversión con el restablecimiento de comercio por el Mar Negro. En el mercado argentino hubo precios sostenidos para la soja y el maíz, y bajas para el trigo.
Pese a que ya pasó el pico de la cosecha, el movimiento de camiones con granos hacia los distintos puertos del país es intenso y este mes supera al de igual período del año pasado. En lo que va de septiembre llegaron 114.728 camiones a puertos, fábricas y molinos, 7963 más que los 106.765 de igual período de 2025. Es un aumento del 7,5%, según datos de Williams Entregas. El gran salto fue del maíz, cuyos arribos crecieron un 88,6% en un año, de 25.491 a 48.071 vehículos.
Ese alto nivel de actividad tiene varias explicaciones. La campaña 2025/26 dejó una cosecha récord y, en particular, una producción histórica de maíz. Por el clima, la recolección de ese cereal terminó más tarde de lo habitual y parte de las entregas pasó hacia estos meses. A eso se suman una demanda activa, precios que favorecen las ventas y un buen ritmo de embarques. En el Gran Rosario también influye el nivel del Paraná, que permite que los buques carguen más toneladas.
Fernando Turín, de Agroentregas, explicó que la enorme cantidad de granos que dejó la campaña alargó el período de entregas. De hecho, el movimiento actual se parece al que otros años se observaba bastante antes. “La campaña se ha estirado por el gran volumen que hubo de esta cosecha. Estamos teniendo valores de otros años de julio o principios de agosto, que es cuando empezaba a terminarse la cosecha. Y venimos con estos valores desde todos estos meses”, señaló.
La campaña 2025/26 alcanzó una producción récord de 157,1 millones de toneladas, sobre una superficie de 36,9 millones de hectáreas, según la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. El maíz también marcó un máximo histórico, con 64 millones de toneladas. Ese mayor volumen se observa en los ingresos. En apenas 25 días de septiembre arribaron 48.071 camiones con maíz, frente a 25.491 en igual período de 2025, una suba del 88,6%. “Hasta el momento se ha entregado más que la soja, inclusive. Recién ahora la soja está ahí equiparándolo”, explicó Turín.
Los trigos de la campaña 2026/2027 evolucionan bien en general, pero no están exentos de algunos problemas. En el norte de Buenos Aires, el consultor Julio Lieutier cuenta que se habían implantado bien y desarrollaban satisfactoriamente, pero la seguidilla de heladas de hace 10 días quemó la hoja bandera en emergencia en los lotes más tempranos y amarilleó las demás. Por ahora no se puede conocer cuál será el efecto final de ese fenómeno climático, pero el rinde potencial de los cultivos dependerá de lo que ocurra durante octubre: si sigue nublado y con lloviznas, el coeficiente fototérmico tomará valores inapropiados y se sumará al efecto de las heladas para comprometer en alguna medida el rendimiento.
Si es luminoso y fresco, por el contrario, se pueden esperar rindes cercanos a los de tendencia. En materia de enfermedades, durante el invierno hubo mucha mancha amarilla sobre el filo del umbral de control y en estos días se están aplicando carboxamidas para su control apuntando también a cubrir eventuales ataques de roya. En el sur de Santa Fe los trigos también vienen embalados, aunque con la humedad justa por pocas lluvias en agosto y principios de septiembre.
Los cultivos sufrieron ataques de roya y oídio. La segunda produce un polvillo blanco -el micelio- que cubre las hojas basales y resta área foliar para la fotosíntesis. En el sur de Buenos Aires los cultivos también evolucionan de manera normal, pero hubo una reducción de la superficie sembrada por excesos de lluvias en implantación.
“Hubo productores trigueros que no pudieron entrar a los lotes en la fecha óptima por falta de piso”, observa Alejandro Vejrup, gerente de la cooperativa Alfa de Tres Arroyos. Por estos problemas climáticos se ve mucha diversidad en el desarrollo de los trigos, y hay quienes piensan en una reducción del área de cosecha fina de un dígito en la zona.
El Índice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (Iaca), elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario, registró en agosto un incremento mensual desestacionalizado del 1,1% y alcanzó un nuevo máximo histórico. En la comparación interanual, subió 19%.
Durante el mes, cinco de las doce series que integran el índice registraron variaciones mensuales positivas. El principal aporte provino del avance de las labores agrícolas, que aumentó 2% respecto de julio y también alcanzó un nuevo máximo histórico. La producción láctea creció 0,6% y la faena porcina 0,2%, mientras que se estiman incrementos del 1,7% en la producción de bioetanol y del 1% en biodiésel.
En sentido contrario, la actividad molinera registró caídas en sus cuatro componentes, desde el 0,8% en soja hasta el 2,5% en cebada. También retrocedieron la faena bovina (-1,2%), la aviar (-0,1%) y el valor de las exportaciones agroindustriales (-0,2%).
En términos interanuales, seis de las doce series se ubicaron por encima de agosto de 2025. Por su incidencia en el índice, el crecimiento estuvo explicado principalmente por la producción primaria de granos. El Iaca - Cultivos registró una suba interanual del 33%, en el marco de una campaña 2025/26 récord, caracterizada por una producción histórica de trigo y maíz, la mayor cosecha de girasol del siglo y el mayor volumen de soja desde la campaña 2018/19.
Durante agosto, la actividad primaria estuvo impulsada por el avance de la cosecha de maíz, que progresó 15 puntos porcentuales y alcanzó el 97% del área estimada a nivel nacional, luego de los retrasos observados en los meses previos. A su vez, comenzó la siembra de girasol de la campaña 2026/27, con un avance mensual de 15 puntos porcentuales, mientras que se dio por finalizada la siembra de la cosecha fina.
El presidente de Coninagro, Lucas Magnano, habló en el marco de los 70 años de la institución remarcando que el esfuerzo cooperativo y asociativismo ha hecho que los productores sigan sobreviviendo, a pesar del rojo (situación crítica) que tienen muchas producciones.
Según la visión, el esfuerzo del sector agropecuario cooperativizado lleva muchas décadas con varios contextos económicos y el actual está indicando que un principio de salida y solución podría resolverse a través de la apertura a los mercados mediante un trabajo de tratados de libre comercio con los bloques consolidados y los que se vienen formalizando.
El panorama más allá de los granos y otras 3 producciones está atravesado por una fuerte presión impositiva y una agenda de reclamos que sigue siendo la misma, porque no se ha encontrado una solución.
Coninagro remarcó que hay muchas realidades dispares por encima de las apreciaciones que indican que al campo le va bien. Entonces, en esta diversidad hay producciones que generan muchas divisas, expulsando a gran parte de los productores y economías regionales. “No se están percibiendo las mejoras de la macro economía y la ausencia de infraestructura y créditos sigue siendo una constante que vulneran al interior productivo”, explicó Mario Raiteri, secretario de la institución.
Otro aspecto reclamado por los dirigentes de esta gremial del agro, pasó por profundizar el valor agregado y la reducción de los costos y servicios que afectan a las producciones y alimentos en el mercado interno.
Tuvimos un avance fenomenal con la media sanción de la ley de biocombustibles. Pero también con un regusto amargo, por los comentarios en las redes cuestionando no ya la ley, sino el mismísimo concepto de la bioenergía. Sabíamos que el tema goza de la sonora oposición de sectores conservadores, y por supuesto de los que pueden ver afectados sus intereses. Pero me llamó la atención que muchos “del palo” le salieron al cruce.
Algunos plantearon el debate remanido “food vs fuel” (alimento vs energía). En la web de Clarín Rural publicamos un excelente artículo de Agustín Torroba, experto del IICA, que echa suficiente luz sobre este punto. Así que remito a esta nota, que encabeza las que integran este newsletter, y paso al punto siguiente: la negación del cambio climático. Esta actitud descalifica cualquier intento por reducir las emisiones, con lo que desaparecería el fundamento de la bioenergía.
Quiero ser enfático. El cambio climático existe. La discusión científica central está saldada: la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera pasó de unas 280 partes por millón antes de la Revolución Industrial a más de 420, y ese incremento altera el balance energético del planeta. Se puede debatir qué políticas aplicar, con qué velocidad y quién debe afrontar los costos. Lo que ya no resulta razonable es negar el fenómeno. No podemos convertirnos en terraplanistas del clima.
El agro aparece inevitablemente involucrado. Como todo proceso industrial (industria es la transformación de los recursos naturales) la agricultura emite CO2, así como la ganadería emite metano. La FAO atribuye a los sistemas agroalimentarios cerca del 30% de las emisiones mundiales, aunque esa cifra incluye también agroindustria, transporte, refrigeración, envases, comercialización y desperdicio. Lo que ocurre dentro de la tranquera representa aproximadamente la mitad, o sea un 15% del total.
Cada vez que en la Argentina hay cambios estructurales de ciclos económicos se corre el riesgo de que sectores importantes de una determinada actividad queden afuera de ella. Depende de cómo se observe ese escenario, algunos dirán que se trata de la clásica imposibilidad de adaptarse a los cambios y otros argumentarán que consiste en la cristalización de modelos basados en reglas injustas.
“Un año difícil”: preocupa el nivel de actividad de un importante indicador de la salud del campo
Cualquiera de las opciones que se elija, en el caso del agro las evidencias comienzan a demostrar que una realidad es la de quienes orientan su producción al mercado externo y otra, diferente, la de las que dependen fundamentalmente del mercado interno.
Podrá decirse que es un trazo demasiado grueso para separar ambos destinos, pero hay indicios de que esto está ocurriendo. Eso puede pasar dentro de las diferentes cadenas como en sectores completos de un determinado rubro.
Un ejemplo de los problemas que tienen quienes destinan su producción al mercado interno lo da el reciente informe de Coninagro sobre las economías regionales, que toma la forma de un semáforo con actividades en rojo, que tienen déficit; amarillo, con señales de alarma, y rojo, en crisis.
En un encuentro con la prensa especializada, con motivo de celebrarse el 70° aniversario de la entidad, los cooperativistas fueron más allá del informe del semáforo y explicaron la situación de los distintos sectores.
La ganadería regenerativa acaba de sumar un componente que puede cambiar la ecuación económica de los establecimientos: los productores comenzaron a cobrar por los créditos de carbono generados a partir del manejo que realizan en sus campos.
El hecho se produjo dentro del programa Sara (Programa de Ganadería Regenerativa Sudamericana), impulsado por Ruuts y por Anthesis, junto con Ovis 21 y la red de nodos, entre ellos Sinergia Regenera, el nodo referente en Córdoba.
La iniciativa alcanzó la primera emisión de créditos de carbono verificados (VCU) por Verra bajo la metodología VM0042 y se convirtió, según sus impulsores, en el primer programa de ganadería regenerativa a escala de Sudamérica en trasladar ingresos concretos por carbono a los productores que generan esos créditos.
En su primer ciclo de comercialización, Sara vendió, cobró y distribuyó U$S 1,2 millones provenientes de la comercialización de créditos de carbono. El programa ya cuenta con 209.244 créditos verificados y estima que, en esta primera etapa, el valor promedio generado para el productor fue de U$S 27 por hectárea.
Detrás de esos números, hay productores que llevan años modificando la forma de manejar sus establecimientos. El carbono aparece, entonces, no como el punto de partida del cambio, sino como una consecuencia económica de un proceso que comenzó en el suelo, en el pastoreo y en la planificación de cada campo.
La producción argentina de carne de cerdo mantiene una tendencia de crecimiento durante 2026. En los primeros ocho meses del año se produjeron poco más de 592.000 toneladas, un volumen que representa un incremento del 12,4% respecto del mismo período de 2025.
Los datos fueron informados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación a partir de información del sistema SIF-SIGICA y del análisis realizado por la Dirección de Porcinos, Aves y Animales de Granja.
El crecimiento se registra en un contexto de expansión de la actividad, con inversiones destinadas a ampliar la capacidad instalada de las granjas y aumentar la cantidad de madres en producción.
Durante agosto, la producción alcanzó las 76.600 toneladas de carne porcina, contribuyendo al incremento acumulado del año.
La evolución de la actividad está vinculada, entre otros factores, con la ampliación de establecimientos productivos y el crecimiento del stock de madres. A esto se suma el fortalecimiento de los programas sanitarios, entre ellos el nuevo Plan Nacional de Control y Erradicación de la Enfermedad de Aujeszky.
La mejora en los indicadores productivos refleja, de este modo, un proceso de expansión que involucra tanto inversiones en infraestructura como medidas destinadas a sostener las condiciones sanitarias de los rodeos.
Una tonelada de carne vacuna vale 40% más que una tonelada de camioneta, el “auto” que más se produce en nuestro país y la estrella exportadora de la industria automotriz argentina.
El dato fue puesto de relieve por Amadeo Derito, presidente de la Asociación Argentina de Angus, durante el acto de apertura de la exposición que la raza desarrolló esta semana en el predio de Cañuelas, y que contamos en la web y en la nota central de este sábado en Clarín Rural.
El dirigente ganadero, que décadas atrás llegó a la producción agropecuaria casi de casualidad, con un perfil profesional de ingeniero industrial, ejemplificar que “exportar una pick-up de 2 toneladas vale US$30.000 y exportar una tonelada de carne vacuna para la Cuota Hilton vale US$$22.000, es decir, un 40% más.
En ese sentido, el dirigente no sólo hizo hincapié en el valor de la industria ganadera como potenciador del ingreso de divisas al país, sino también puso el foco en el impacto que tiene la cadena de la carne en las distintas regiones argentinas y en su capacidad para crear empleo y actividad económica.
Remarcó que “la cadena de la carne genera, en todos sus eslabones, mano de obra y, en consecuencia, beneficios en todas las comunidades donde se desarrolla, cubriendo la extensa geografía de nuestra nación”.
Y sostuvo que la amplia cadena de ganados y carnes, desde las cabañas hasta los frigoríficos, está preparada para crecer y aprovechar las oportunidades que ofrece el escenario internacional, como lo muestra esta Semana Angus de Primavera. Tenemos una ganadería pujante, lista para crecer en producción y calidad, para aprovechar la oportunidad que nos brinda el mundo. Tenemos la marca, tenemos el producto: Carne Angus Argentina”.