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CHICAGO NOCTURNO (marzo para soja, aceite, harina, maíz y trigo, en progreso):

SUBE US$ 0,55 la HARINA

BAJAN US$ 2,20 la SOJA, US$ 10,36 el ACEITE, US$ 0,69 el MAÍZ, US$ 1,47 el TRIGO Chicago y US$ 2,02 el TRIGO Kansas

SOJA

Con el gobierno estadounidense cerrado parcialmente por la falta de un acuerdo total en el Congreso sobre el paquete de financiamiento, que debería ser votado y aprobado entre hoy y mañana –no hay garantías de que eso ocurra–, la soja se cotiza en baja en el segmento nocturno de Chicago. Influyen en la caída el descenso del valor del petróleo, que ronda el 5% y que afecta en modo particular al aceite, y el avance de la cosecha récord en Brasil, donde hoy el real opera en baja respecto del dólar y desandando, aunque muy parciamente, la firmeza que viene registrando en lo que va de 2026.

MAÍZ

El maíz se negocia con leves bajas en Chicago como respuesta del mercado a la importante caída del petróleo que afecta a las materias primas utilizadas en la elaboración de biocombustibles y que acentúa la falta de certezas en cuanto al uso del E-15 durante todo el año en Estados Unidos. El límite a la caída lo ponen el acelerado ritmo de las exportaciones estadounidenses y la necesidad de humedad que persiste en zonas productoras de la Argentina.

TRIGO

Con valores en baja opera el trigo en las plazas estadounidenses, donde se advierte una toma de ganancias de los inversores tras la segunda semana alcista consecutiva cerrada el viernes. La previsión de ventas más fluidas desde Rusia, donde el impuesto a las exportaciones del cereal permanecerá en cero por cuarta semana seguida desde el miércoles, y el ruido geopolítico que viene generando la Casa Blanca influyen en la acción de los especuladores.

INDICADORES

Petróleo WTI

-5,15%

Índice Dólar

+0,09%

Euro/Dólar

+0,14%

Dow J. Futuros

-0,16%

Nikkei

-1,23%

EURO Stoxx 50

+0,14%

DAX (Alemania)

+0,64%

FTSE (Inglaterra)

+0,30%

Granar Research


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Por Roberto Bisang y Eduardo Trigo.

Habitualmente nos asombramos —y con justa indignación reaccionamos— cuando vemos una fábrica trabajando a media máquina. El bajo uso de la capacidad instalada industrial nos remite a la falta de empleo y de horizontes de progreso, y reclamamos políticas públicas.

Acodados en la tranquera cabe una pregunta incómoda: ¿cuál es el uso de la capacidad instalada del campo? Si el campo se convirtió en una fábrica a cielo abierto, apliquemos el mismo razonamiento y focalicemos las acciones público-privadas en seguirle el ritmo a una naturaleza que “no para de fotosintetizar”.

De tanto en tanto se renueva la idea de que producimos por debajo de nuestras posibilidades. Con la tecnología disponible, las actuales capacidades empresariales y las regulaciones vigentes, una mirada al espejo externo —rendimientos de los principales cultivos según el USDA— muestra una brecha de productividad relevante.

La contracara interna tampoco es alentadora: hay fuertes diferencias entre promedios y pisos de rendimiento en todas las actividades. La “maquinaria biológica” opera a distintas velocidades. Algo similar ocurre puertas adentro de la agroindustria: la molienda aceitera presenta cerca de 40% de capacidad ociosa, y situaciones comparables se observan en frigoríficos y lácteos.

MENDOZA.- En las puertas de la vendimia 2026, la industria vitivinícola argentina vive momentos de tensión y expectativas, en medio de una crisis global en el consumo, que viene con caídas sostenidas, por encima del 3,5% en 2025. Así, los principales referentes del sector, en toda su cadena, entienden el contexto actual como una amenaza, pero también como una oportunidad, en el mediano y largo plazo.

Así, los ojos se posan en la necesidad de adaptarse a los cambios que corren, vinculados a hábitos saludables y moderados, pero también, en la importancia de rever las condiciones de la producción primaria y de seguir ofreciendo un producto de alta calidad, más allá de la forma en que se lo consuma.

Hay voces disidentes y visiones cruzadas, cuando el foco se pone en los argumentos de los bodegueros, los viñateros o los obreros de las fincas, pero en el fondo, la mayoría coincide en que la actividad puede volver a crecer, más allá de las vicisitudes o cambios, algunos forzados, que puedan darse en el camino. También, levantan las manos para que el Gobierno les preste mayor atención.

Hoy, los sobrestocks vínicos, la falta de diversificación de la producción y las deudas de las bodegas son una preocupación para muchos actores del sistema, aún con los pronósticos de una cosecha menor a la del año anterior, en el orden del 8%, motivada también por las inclemencias climáticas.

La Argentina cosechó el año pasado entre 48 y 49 millones de toneladas de soja. Un escalón más abajo, pero apenas, se ubicó el volumen récord de fertilizantes que fue importado por Brasil en 2025. Los números son abrumadores.

“Las importaciones brasileñas de fertilizantes alcanzaron los 45,5 millones de toneladas el año pasado, superando los 44,28 millones de toneladas registrados en 2024 y estableciendo un nuevo récord histórico”, según informó el Boletín Logístico publicado por la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab).

Desde la mirada de ese organismo público, “este sólido desempeño refuerza las perspectivas positivas para la agricultura nacional, ya que indica una mayor disposición de los productores a ampliar la superficie sembrada de granos y aumentar la productividad promedio de sus cultivos”. Como sea, la dependencia de Brasil a los fertilizantes de origen importados es absoluta.

Según el registro oficial, Mato Grosso, Paraná y São Paulo lideraron el consumo de fertilizantes en el país, lo que confirma el liderazgo de estos estados en la producción agrícola brasileña.

Sumando los ingresos en los puertos de Paranaguá (PR), Santos (SP) y el Arco Norte, el volumen importado en 2025 fue de 45,50 millones de toneladas, en comparación con los 44,28 millones de toneladas de 2024, lo que representa un aumento de 1,22 millones de toneladas o 2,68%.

El Índice Compuesto Coincidente de Actividad Económica de Argentina (ICA-ARG) registró en diciembre una variación mensual del 0,01%, un dato que interrumpió una secuencia de caídas y marcó un leve punto de inflexión al cierre de 2025.

De acuerdo con el informe elaborado por las Bolsas de Comercio de Rosario y Santa Fe, “la tasa de cambio mensual del último mes interrumpe una seguidilla de variaciones negativas que configuran un pico provisorio en febrero 2025”. Ese máximo de producción, alcanzado a comienzos del año pasado, se mantuvo como referencia en un contexto de debilitamiento que se extendió entre marzo y noviembre.

Aun con ese recorrido, el nivel promedio del ICA-ARG durante todo 2025 se ubicó un 4,0% por encima del promedio de 2024. El documento aclaró que el resultado anual positivo convivió con desempeños sectoriales dispares, donde el aporte del sector agrícola fue clave para compensar los números de otras variables.

El informe señaló que el dato levemente positivo de diciembre “se apuntala particularmente en el desempeño del sector agrícola", que compensa la caída de importaciones, patentamientos de vehículos y otros sectores. En ese sentido, el avance mensual de las labores agrícolas mostró un incremento del 3,3% en diciembre, el tercero consecutivo.

La empresa santafesina Bioceres supo ser uno de los casos más exitosos del agro argentino. De hecho, llegó a rozar la valuación de un unicornio y fue durante años la gran apuesta local en biotecnología para el campo. Hoy, su acción en Wall Street cotiza por debajo de USD 1 y la compañía atraviesa una reconfiguración profunda de su negocio, en un contexto local —y global— que no le resulta ajeno.

Bioceres Crop Solutions (BIOX), que cotiza en el Nasdaq, llegó a valer USD 6,55 por acción a comienzos de febrero de 2025. Un año después, sus papeles rondan los USD 0,84, lo que implica una caída cercana al 90%. Esto la convierte en una penny stock —empresas con acciones por menos de USD 1— y la expone al riesgo de desliste del mercado estadounidense.

En paralelo a su derrumbe bursátil, el holding mostró fisuras en su estructura local. A comienzos de 2026, Bioceres S.A., la sociedad argentina fundada en Rosario en 2001 y origen de Biox, se presentó en convocatoria de acreedores por una deuda impaga cercana a los USD 39 millones.

El proceso se activó luego de que la compañía incumpliera el pago de pagarés bursátiles por más de USD 5 millones, en un escenario de fuerte deterioro de sus flujos de fondos y activos financieros. Si bien hoy Biox y Bioceres SA no tienen operaciones conjuntas, la segunda fue controlante de la primera hasta la reestructuración societaria del grupo a mediados del año pasado.

Aunque no hay datos oficiales, se estima que en Argentina hay sembradas entre 3 y 3,5 millones de hectáreas de alfalfa, lo que posiciona a nuestro país como el segundo productor a nivel mundial, solo por detrás de Estados Unidos.

Es considerada la “reina” de las forrajeras, ya que es la principal pastura que se utiliza para alimentar a animales destinados a algún tipo de producción ganadera.

Y ese rol argentino como productor, también se ha consolidado como exportador: en el marco del Especial Forrajes de Infocampo, un análisis sobre el comercio exterior de alfalfa en 2025 revela datos realmente sorprendentes sobre la evolución que viene teniendo en los últimos años.

En base a la información oficial del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), se observa que las tres partidas relacionadas con alfalfa –semillas para siembra; harina y pellets; y plantas, raíces y productos forrajeros– totalizaron en 2025 exportaciones por 167.318 toneladas, por un valor de 64,4 millones de dólares.

Esto implica un incremento del 9,4% en volumen y del 23,3% en facturación con respecto a las 152.830 toneladas y los 52,2 millones de dólares de 2024, respectivamente.

Pero lo sustancial es la curva de crecimiento histórica: hace una década, por ejemplo, las toneladas rondaban entre 25.000 y 50.000, y era un negocio que no superaba los 10 millones de dólares anuales.

Si bien el potencial agrícola argentino sigue por debajo de su nivel óptimo debido a impuestos distorsivos e intervenciones cambiarias, el año pasado el agro registró una buena noticia, lo que no es poco considerando la cantidad de sectores que la están pasando mal.

En el año 2025 se procesaron en el Argentina 42,6 millones de toneladas de soja, 4,63 millones de girasol y 380.000 toneladas del resto de oleaginosas. En el caso de la soja, el volumen registrado en 2025 es el segundo más alto de la historia; sólo por detrás de los 44,4 millones de toneladas del año 2016.

“La particularidad del 2025 es que se obtuvo un buen nivel de procesamiento de soja acompañado de un gran salto en la molienda de girasol, ya que el volumen industrializado de este último fue el más alto desde el año 2000”, destaca un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.

La industrialización del resto de las oleaginosas, por su parte, marcó un volumen relativamente bajo, aunque aún 47% por encima del año 2024 y 27% arriba del promedio de los últimos cinco años gracias principalmente al buen desempeño del maní.

Si se compara el nivel de procesamiento con la estimación de capacidad instalada activa, se puede observar que, con una molienda de 47,6 millones de toneladas de oleaginosas en 2025, se arriba a una capacidad ociosa de la industria estimada en torno al 28,2%, lo cual sería un mínimo desde el año 2011.

Las enfermedades de fin de ciclo vuelven a ganar protagonismo en soja y refuerzan un principio que el sistema productivo conoce bien: la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz de manejo sanitario.

La actual campaña se desarrolla en un contexto particularmente desafiante. La alta variabilidad climática, la aparición temprana de patógenos, las diferencias genéticas entre cultivares y la creciente presión de resistencia a fungicidas configuran un escenario complejo para el cultivo. El “subibaja” climático —con sequía y altas temperaturas durante etapas reproductivas, seguido por el regreso de las lluvias— dejó a muchos lotes bajo estrés, generando condiciones ideales para el avance de enfermedades.

Frente a este panorama, desde la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid refuerzan un mensaje clave: la sanidad no se resuelve con una aplicación puntual, sino con una estrategia integral que se define antes de que aparezcan los síntomas.

La primera barrera del sistema sanitario está en la calidad fisiológica y sanitaria de la semilla, junto con un adecuado manejo de rotaciones. Secuencias como soja–soja incrementan la carga inicial de inóculo y favorecen la aparición de enfermedades de fin de ciclo (EFC), además de patógenos de raíz y tallo. Por eso, conocer el historial del lote resulta fundamental para interpretar correctamente el riesgo sanitario.

La edición 2026 de Gulfood, realizada en Emiratos Árabes Unidos, cerró este 30 de enero con un balance más que positivo para la carne vacuna argentina, que volvió a posicionarse como uno de los productos más demandados del mercado internacional.

La muestra, considerada la feria de alimentación más importante del mundo árabe, fue la primera gran cita del calendario anual para el sector cárnico nacional.

El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) participó junto a un grupo de empresas exportadoras, en un contexto de creciente competencia global pero con resultados que superaron las expectativas iniciales.

“Fue una feria con gran concurrencia y superó nuestras expectativas”, aseguró Georges Breitschmitt, presidente del IPCVA.

Según explicó, además de los compradores provenientes de la región del Golfo, las empresas argentinas recibieron clientes de Europa, el norte de África y China, con operaciones concretadas a buenos precios.

Breitschmitt remarcó que el escenario internacional es cada vez más competitivo y que en Gulfood se evidenció una presencia muy activa de otros institutos de promoción de carne a nivel mundial, como el INAC de Uruguay, el MLA de Australia, el ABIEC de Brasil, además de organismos de Estados Unidos, Irlanda, Reino Unido, Canadá y España, todos con esquemas de funcionamiento similares al del IPCVA.

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