Según un relevamiento técnico, el 70% de las rutas está deteriorada por falta de mantenimiento; la mayor parte de la red vial argentina es “una trampa mortal”, dado que afecta directamente “la seguridad de los viajeros y la logística productiva”.
Están también en ese lote las rutas 35 y la 8, que son aledañas a la ciudad de Río Cuarto.
“El abandono del mantenimiento preventivo disparó la siniestralidad: las víctimas fatales aumentaron un 14% interanual, alcanzando las 4.369 muertes”, agrega el informe realizado.
En el informe, se consigna que transitar por algunas de ellas es como “jugar a la ruleta rusa” y se agrega que los parches que se colocan “duran menos de seis meses” por el tránsito pesado de la cosecha.
En ese sentido, cabe recordar que la 158, que une San Francisco con Río Cuarto, es la ruta del Mercosur.
En otros casos, el abandono es “total”, describe el trabajo, con baches tipo “cráter” que obligan a circular por la banquina.
“Nadie se salva solo. La salida es colectiva. Es con cooperación, con escucha, con acuerdos. Es entendiendo que cuando al campo le va bien, a la Argentina le va mejor”. Esa fue una de las primeras frases del discurso de Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), en la inauguración de la 83° Expo Rural de Neuquén.
La exposición, que recorrió desde los principales desafíos de la agroindustria hasta los logros alcanzados en el último tiempo y el impacto que podría tener el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, dejó definiciones cuánto menos polémicas a la luz del discurso oficial y, en particular, el del presidente de la Nación, Javier Milei, con el que Pino mantiene una muy buena relación.
“Cuando hay objetivos compartidos y voluntad de construir, los resultados llegan”, afirmó el titular de la entidad, al reivindicar el diálogo institucional y el trabajo conjunto entre el sector público y el privado. La referencia, atribuida al papa Francisco, apareció en un tramo de su discurso dedicado a la necesidad de consensos básicos para el desarrollo productivo y territorial del país.
“Desde la Sociedad Rural Argentina creemos firmemente en el diálogo institucional y en el trabajo articulado con las autoridades nacionales, provinciales y locales”, agregó Pino.
El planteo, que tuvo lugar en el acto que se llevó a cabo este domingo en la ciudad de Junín de los Andes, marcó una diferencia sutil pero clara respecto del discurso dominante del oficialismo, que pone el foco en el esfuerzo individual y en la reducción del rol del Estado.
La constante suba del precio de los alimentos está resultando ser un factor clave para que varias naciones asiáticas “suavicen” sus históricas posiciones en rechazo de la adopción de cultivos transgénicos, según dice un informe publicado en el sitio estadounidense WorldGrain.
El uso de organismos genéticamente modificados (OGM), por ejemplo, ha sido objeto de un intenso debate en India durante los últimos meses. En julio de 2025, los avicultores indios solicitaron al gobierno que considerara la apertura del mercado a las importaciones estadounidenses de productos transgénicos para impulsar la rentabilidad de la industria.
Ricky Thaper, secretario adjunto de la Federación Avícola de India, dijo que el aumento vertiginoso de los costos de los alimentos y el poder adquisitivo relativamente bajo de los consumidores han comenzado a socavar la rentabilidad de los avicultores, y esta tendencia promete empeorar en los próximos años. De allí que se piense en abaratar las raciones vía transgénicos.
Uday Singh Bayas, presidente de Poultry India y de la Asociación India de Fabricantes de Equipos Avícolas, consideró que “la propuesta de permitir las importaciones de soja y maíz transgénicos busca aliviar la escasez de ingredientes para piensos en India, reducir los costos y fortalecer la seguridad alimentaria, especialmente cuando se reduce la oferta nacional”. Y agregó: “Los promotores argumentan que las importaciones de transgénicos podrían ofrecer un alivio de costos, estabilidad en el rendimiento y competitividad global, ya que muchos países ya dependen de piensos transgénicos”.
En 2025, por segundo año consecutivo, se registró una recuperación gradual de los pesos medios de faena de vacunos en al Argentina, a la vez que se produjo un mayor ingreso a los frigoríficos de animales más jóvenes, tanto machos como hembras. Un informe del mercado ganadero Rosgan explica lo que parece ser una contradicción: crece la participación de los feedlot.
Entre enero y diciembre de 2025, la producción total de carne alcanzó 3,14 millones de toneladas de res con hueso. Sobre un total de 13,6 millones de cabezas faenadas, el peso promedio por res superó entonces los 231 kilos, lo que representa 3 kilos más que en 2024 y 5 kilos más que en 2023.
Pero al mismo tiempo, se observó un incremento en la faena de animales de dos dientes dentro de las categorías jóvenes, tanto en vaquillonas como en novillos y novillitos. En los últimos dos años, su partición aumento entre 1 y 2 puntos porcentuales, con una recuperación de entre 3 y 4 kilos promedio en el peso de res.
Según la mirada del Rosgan, “estos resultados reflejan un cambio alentador en los sistemas de producción, impulsado en gran medida por el rol creciente de los procesos de recría”, con una mayor participación de los granos en las dietas de los animales.
José Fernando Solé (45) es ingeniero agrónomo y administrador de la empresa Buen Árbol SA, un establecimiento de 1700 hectáreas ubicado en el partido de General Alvear, provincia de Buenos Aires. El campo surge de una división familiar realizada en 2005 y hoy es propiedad de Catalina Estrugamou.
De la superficie total, aproximadamente 700 hectáreas presentan alguna aptitud agrícola y se arriendan a contratistas, mientras que en las 1000 restantes se desarrolla un planteo ganadero de cría, recría y engorde. La empresa es integrante del CREA Vallimanca.
“El establecimiento está ubicado en el extremo este del partido, cercano a Saladillo, con una precipitación media anual de 1000 mm y suelos de clases IV y VI, más aptos para la ganadería que para la agricultura. A pesar de estas limitaciones, el sistema ganadero alcanza una producción de 300 kilos de carne por hectárea, que triplica los 100 kilos habituales en campos vecinos”, compara Solé.
Un puntal central del planteo es una alimentación de calidad. “Actualmente, no existe superficie de campo natural; se han implantado pasturas adaptadas a cada ambiente del campo. En los bajos salinos predomina el agropiro; en los dulces, festuca con trébol blanco y lotus, y en los mejores sectores, mezclas de alfalfa, festuca, trébol blanco y cebadilla. Esta combinación de varias especies es un resguardo ante excesos hídricos que pueden ocasionar la pérdida de la alfalfa.
En plena zona núcleo, donde la agricultura suele imponerse por la calidad de los suelos y los altos rindes, Adrián Darío Colaneri tomó una decisión que va a contramano de la lógica dominante.
Sin abandonar del todo los cultivos, decidió volver a meter vacas en su campo, convencido de que la ganadería podía aportarle algo que una agricultura que, con costos crecientes y márgenes cada vez más ajustados, había empezado a perder.
“Mi actividad principal siempre fue el asesoramiento agropecuario, agrícola y ganadero, y en paralelo fui haciendo producción propia en campos arrendados, básicamente agricultura”, cuenta Colaneri, productor de la zona de Junín, Lincoln y alrededores.
Ingeniero agrónomo de formación, durante más de 30 años trabajó en un semillero de forrajeras, lo que marcó a fuego su perfil técnico y su mirada productiva. “Mi pilar básico de formación fue el pasto”, resume.
La ganadería no era algo nuevo para él. A comienzos de los 2000 había tenido algunas experiencias, aunque sin involucrarse de lleno en la gestión. El punto de inflexión llegó entre 2014 y 2015, cuando empezó a hacer números más finos. “La agricultura en campos alquilados, con los costos elevados, el problema de las malezas, el clima errático y los precios internacionales estancados, nos dejó una sensación de sabor amargo en cuanto a la rentabilidad”, explicó.
Córdoba se convirtió en la primera provincia del país en implementar desde el sector público un seguro multirriesgo agrícola de gran escala, orientado a proteger a los productores frente a eventos climáticos extremos. La experiencia, que se desarrolla como prueba piloto, alcanza a más de 500.000 hectáreas de soja y maíz y marca un punto de inflexión en la forma de abordar la gestión del riesgo agropecuario en la Argentina.
La iniciativa surge de un trabajo conjunto entre el gobierno provincial y especialistas de empresas que forman parte de la Asociación de Aseguradores del Interior de la República Argentina (Adira), entidad que desde hace años impulsa esquemas de articulación público-privada para ampliar el alcance de las coberturas disponibles. Luego de distintas instancias de diálogo entre múltiples gobiernos y las empresas líderes del sector asegurador, agrupadas en la asociación, se da este gran proyecto que busca ser replicado en otras provincias del país.
El nuevo seguro multirriesgo implementado por el gobierno de Córdoba cubre daños directos por granizo, viento o heladas, pero además incorpora coberturas frente a sequía e inundación, dos riesgos considerados sistémicos por su impacto territorial y económico, que hoy no cuentan con soluciones comerciales en el país. La cobertura, que se activa cuando el rendimiento obtenido por productor y cultivo se ubica por debajo de un umbral definido para cada zona, garantiza un piso que permite afrontar los costos básicos de producción como mínimo.
Alcanzan los dedos de una mano para contar los kilómetros que separan el centro geográfico de la Ciudad de Buenos Aires, con su vértigo, sus luces y sus sonidos interminables, hasta encontrarse con un tractor, un lote de maíz, o insumos como fitosanitarios o fertilizantes listos para ser usados.
El aire de campo en plena tierra porteña está enmarcado entre las avenidas San Martín, Beiró y Constituyentes, incluso hasta el Ferrocarril General Urquiza tiene una estación -Pedro Arata- en el inmenso predio de la Universidad de Buenos Aires en el que están radicadas las facultades de Ciencias Veterinarias, por un lado, y la de Agronomía (FAUBA), por el otro.
A principios del siglo pasado se habían construido los principales pabellones que hoy son las habituales paredes y pasillos para los alumnos de la UBA que estudian carreras de grados como Agronomía, Ciencias Ambientales, Economía y Administración Agrarias, Gestión de Agroalimentos, Planificación y Diseño del Paisaje o el profesorado en Ciencias Ambientales.
“Las clases para la carrera de Agronomía empezaron en septiembre de 1904, pero 40 años después empezó a verse una preocupación muy grande por el impacto de la agricultura sobre el suelo. Eran tiempos en los que únicamente se utilizaba labranza, lógicamente. Aquí se empezó a investigar justamente el impacto sobre la estructura física de esos suelos”, explicó Adriana Rodríguez en una extensa charla con Infocampo, en el predio universitario, en el marco de la serie de entrevistas pensadas para abordar el déficit de agrónomos que constituye otro aspecto a abordar en el agro argentino.
El balance de la semana fue positivo para los precios de los granos en Chicago, pero con matices. Por caso, luego de caer casi un 5% en el segmento anterior, el maíz recuperó un 1,4% de su valor por el excelente ritmo de las exportaciones estadounidenses. Malas noticias para el etanol limitaron la recuperación del forrajero. La soja logró mejoras que arañaron el 1%, pero las exportaciones de EE.UU. siguen muy demoradas en la comparación interanual y la cosecha brasileña ya está en marcha. Para el trigo las subas superaron el 2% y tuvieron como uno de sus fundamentos la devaluación del dólar contra el euro, que apuntaló la competitividad de las ventas estadounidenses. El la semana de Davos, el ruido geopolítico siguió alterando el normal desarrollo de los negocios. Con la atención más puesta en el clima que en los precios, en el mercado argentino se ratificó la debilidad de los precios de la soja.
El puerto de Rosario fue el principal motor del crecimiento del sistema portuario santafesino durante 2025. Según datos oficiales del Ministerio de Desarrollo Productivo de Santa Fe, la terminal rosarina manipuló 3.570.924 toneladas, lo que representó un incremento interanual del 63,1%, en un año que marcó récords históricos para la operatoria portuaria provincial.
El desempeño del puerto refuerza su rol estratégico dentro de la hidrovía Paraná–Paraguay, tanto para las exportaciones agroindustriales como para el tráfico de contenedores, en un contexto de recuperación de la actividad y búsqueda de mayor competitividad logística desde el interior del país.
Durante 2025, por el puerto de Rosario se movilizaron 85.175 TEU y operaron más de 240 buques, con un fuerte impulso del comercio exterior contenerizado. El dato más destacado se registró en diciembre, cuando la Terminal Puerto Rosario alcanzó un récord mensual de 10.491 TEU, lo que implicó un crecimiento interanual del 109%.
En el mismo mes, el movimiento total fue de 159.074 toneladas, mientras que en el segmento de agrograneles, Servicios Portuarios S.A. embarcó 309.291 toneladas, muy por encima de las 64.312 toneladas registradas en diciembre de 2024.